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Enfoque: es la inflación, estúpido

Las elecciones de 1992 en Estados Unidos dejaron como herencia un eslogan que desde entonces ha sido repetido en contiendas en casi todos los rincones del mundo: "Es la economía, estúpido". Su autor fue el estratega electoral James Carville, asesor del entonces joven y desconocido gobernador de Arkansas, Bill Clinton, por cuyo éxito casi nadie apostaba.
Clinton sólo logró ser nominado como candidato a la Casa Blanca porque los grandes barones del Partido Demócrata consideraban imposible impedir la reelección del presidente George H. Bush, quien venía de una fulminante victoria en la Guerra del Golfo contra las tropas de Saddam Hussein. Nunca un presidente ganador de un conflicto bélico había fracasado en las urnas. Sin embargo, una recesión económica rompió ese tabú.

En el Chile post 90 la única vez que el reinado de la Concertación ha sido amenazado fue en 1999, cuando Ricardo Lagos ganó por estrecho margen en primera vuelta en medio de los fuertes coletazos de la crisis asiática. Ahora, cuando faltan menos de 18 meses para las próximas presidenciales, el fantasma económico ha vuelto a emerger, esta vez encarnado por la inflación.

El efecto en las filas de la Concertación ha sido el opuesto al que muchos habrían apostado: mitigó sus conflictos internos y sus principales dirigentes han cerrado filas con la política ortodoxa del ministro de Hacienda, quien hasta hace poco era cuestionado como el responsable de todos los males del oficialismo por su falta de generosidad para abrir la billetera fiscal.

Habrá quien diga que todavía está por verse si los dirigentes concertacionistas se mantendrán fieles a la disciplina fiscal en los numerosas pruebas que tienen por delante (la más inmediata es la negociación salarial de los empleados públicos). Como sea, la postura más pragmática que adoptó el oficialismo revela algo más importante que la confirmación del gran instinto de sobrevivencia que ha demostrado en sus casi 20 años en el poder sin perder una sola elección.

Al ordenarse para evitar que los índices inflacionarios minen sus posibilidades de obtener un nuevo mandato presidencial, la Concertación también está dando otra prueba de que la clase política chilena ha aprendido la lección de que jugar con la economía en momentos difíciles no trae dividendos. Sobre todo ad portas de una elección.