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Déjà Vu: No existe homogeneidad de la raza

Columna que forma parte del libro Crónicas Reunidas de las Ediciones Universidad Diego Portales, que Revista Qué Pasa está publicando cada semana.

Por  Joaquín Edwards Bello
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21 de julio de 1923

La palabra roto es clásica española; se encuentra en El Quijote. Los raídos soldados que hicieron la conquista de Chile se llamaron rotos a sí mismos, y de ellos pasó el mote a la plebe que prohijaron. En todas las expediciones, detrás de los soldados, lo mismo en Chile que en otros países americanos donde hubo conquista, seguían las indias con su numerosa y chillona prole. Cada soldado tenía de dos a diez indias que cuidaban de su persona; les remendaban la ropa, vendaban las heridas y ayudaban a labrar la tierra. La palabra roto, además de andrajoso, significa "licencioso, desbaratado", de costumbres condenables.

El pueblo creció desarrapado, duro, sufrido, intemperante, agresivo; participaba de los defectos y cualidades de esos soldados y de los indios, pero prevalecían el carácter y las semblanzas de estos últimos, por su gran fuerza de resistencia y absorción.

La clase alta de Chile tenía y tiene hasta hoy día un gran orgullo por la pureza de su sangre europea. A pesar de todas las declamaciones epopéyicas y el enaltecimiento lírico del heroísmo de los indígenas, los chilenos se enorgullecen de su origen europeo, y si pueden probar su alta alcurnia lo hacen con gran placer. Existe una marcada afición por los libros de heráldica española; se publican infinidad de obras sobre orígenes de apellidos ibéricos. Aun entre gente humilde se advierte el deseo de parecer originarios de Europa, siempre que esto sea posible. Cuando el tipo del autóctono está muy marcado, entonces aparentan desprecio por la casta superior. El bajo pueblo se siente aplastado e inferior; comprende su diferencia, su género diverso que está marcado por el color más oscuro, los miembros gruesos y cortos y cierta fealdad que el autor de Raza chilena alabó, no sabemos con qué fin. Él dice: "El chileno no es buenmozo", queriendo decir probablemente otra cosa: que es fuerte y que no tiene bonitas facciones. Buenmozo en castellano quiere decir "alto, fuerte, grande", todo menos de cara bonita. El pueblo de origen indio siente fuertemente el prestigio y la superioridad de la gente blanca y rubia. Yo conozco casos en que han empleado la palabra distinguido como sinónimo de rubio (...)

La clase alta chilena ha sido y continúa siendo hasta ahora completamente diferente en todo sentido de la inmensa mayoría que forma la clase baja. Durante mucho tiempo la alimentación de ambas clases fue totalmente distinta; el bajo pueblo en los campos no come hasta ahora más que porotos y galletas. En pocos países existe como en Chile imperial en los tranvías; esta imperial a cinco cobres estuvo destinada a la casta inferior. En Valparaíso las castas viven totalmente separadas: la inferior en los cerros laterales al cerro Inglés; la casta superior en el plan o planta baja de la ciudad. La clase alta, formada de diversos elementos europeos, es homogénea en sí, considerada aisladamente, lo mismo que la clase baja es homogénea, pero ambas juntas constituyen el pueblo chileno heterogéneo. Esas dos clases se diferencian radicalmente en el físico, la vestimenta y hasta en la manera de pensar.

La pequeñísima cantidad de comerciantes extranjeros escogidos, no inmigrantes, que viene a Chile cada año, ingresa en la casta directora de pura raza europea, contribuyendo a acentuar el fenómeno de la heterogeneidad. En cambio, en la Argentina, la inmigración desarrapada, de inmensa escala, se une a la clase inferior, al pueblo, produciendo la homogeneidad o democracia, patente en las grandes ciudades argentinas. Es indudable que en las regiones de El Plata, a pesar de estar formadas por los elementos más diversos de Europa, existe más homogeneidad que en Chile; existe la homogeneidad de la democracia, de la igualdad en las posibilidades de progreso individual como en Estados Unidos (...)

Yo creo que la frase "homogeneidad de la raza" se emplea en Chile inconscientemente. Es una costumbre, porque de otra manera no se explica. Es una palabra musical; expresa otra cosa que halaga al oído: optimismo, patriotismo, buen clima, fruta sabrosa. Todo menos igualdad o raza de un mismo género.

Dos razas homogéneas, consideradas separadamente, y en pugna una con otra; tal es la nación chilena en la actualidad. En todo se nota ese fenómeno, hasta en los edificios de las ciudades. No existe como en Europa la uniformidad en el género de construcciones, sino un brutal contraste. En el primer capítulo de El roto puse, refiriéndome a la Alameda: "La parte nueva y la vieja se diferencian entre sí de una manera cortante y simbólica, como el roto y el futre, la leva y los andrajos". A mí me parece esto con una diafanidad matinal, pero, seguramente, algunos compatriotas no lo ven de la misma manera. Yo estoy seguro que veo claramente en este asunto porque he permanecido largo tiempo fuera del país.

Ésta es otra de las cosas que algunos entienden exactamente al revés. Los escritores luchamos en Chile contra una espesa nube de incomprensión que a veces nos desorienta y asfixia. Me achacaron algunos escritores el que yo escribiese sobre asuntos populares chilenos, cuando había pasado gran parte de mi vida en el extranjero. ¡Qué cosas tan ingenuamente enrevesadas me veo obligado a enderezar! Vamos a ver: Eça de Queiroz, que vivió casi toda su vida en el extranjero, fue el analizador más profundo de la sociedad portuguesa; en Los Maias hizo con su mano maestra los más vivos cuadros de la vida lisboeta en el siglo XIX (...)

Los viajes agudizan el espíritu crítico indispensable para valorizar las observaciones guardadas pele mele en las recámaras de la memoria. Para admirar una pintura en un salón, el espectador se aleja de ella en vez de acercarse. Si estuviese tan cerca del cuadro que lo tocase con la nariz no vería nada.Tal ocurre a muchos chilenos, enteramente identificados y confundidos con los problemas nacionales. No ven nada, o mejor dicho ven un bloque confuso; sombras sin sentido (...)

Sí: ha sido necesario que yo me haya vuelto, en cierto sentido y por las correrías, un extranjero en mi propia patria para que vea este problema de la sociedad chilena dividida en castas, que fue la columna vertebral de la novela El roto. La separación de la sociedad chilena en dos castas me parece a mí tan claramente, que, al escribir esto, pienso que hago una vulgaridad. Dicen aquí que cuando pasa un regimiento llama la atención la homogeneidad de los soldados. Sí, los soldados de línea, la tropa es homogénea, pero los oficiales se diferencian notablemente de los soldados, porque, salvo excepciones, pertenecen a la clase alta. Asimismo, el brillante regimiento de cadetes militares es homogéneo en sí, pero, comparado con un regimiento de línea, resulta enteramente de otro género. Este fenómeno se me representó vivamente en la bahía de Talcahuano hace muchos años, cuando regresaba de Europa, viendo al acorazado Prat, frente al cual fondeamos. Los marineros, oscuros, lampiños, pequeños, de miembros cortos y gruesos, con los pómulos anchos y el pelo duro, hacían contraste con los oficiales, esbeltos ellos, de tipo netamente europeo.

Los extranjeros estudiosos que visitan nuestro país notan ese fenómeno. Yo he oído decir a un español que regresaba de Chile: "El bajo pueblo chileno es feo, pero la gente de la sociedad es muy bonita". Visitando un mercado, un conventillo, un velorio, un circo del Mapocho, una cárcel, puede verse la raza popular, cobriza y recia, en su máxima eclosión. En los recién nacidos de una y otra casta se ve patente la diferencia. Contemplar la sala de un cine de moda en Santiago es muy agradable por la belleza y uniformidad de las niñas ahí congregadas. Esbeltas jóvenes de gran estilo, con sus sedosas cabelleras, su tez suave y blanca, los miembros finos y torneados graciosamente, vense en verdaderas bandadas ocupando los palcos y plateas. De Arauco no tienen sino una cosa, pegada por las criadas o el ambiente: la tristeza, un no sé qué de pavería. Ahora, por lo general, esas niñas son descendientes de europeos, no sólo de distintas regiones, sino de distintos países de Europa. Leyendo cualquier párrafo de "vida social" chilena se advierte que en esa alta sociedad hay sangre de Israel, Alemania, Francia, Inglaterra y en gran número de las provincias vascongadas.