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Llegamos tarde a La Paz. Una imprevista nevazón retrasó el vuelo LAN en cerca de cinco horas y no pudimos aterrizar en el aeropuerto de El Alto sino hasta las 4 p.m. Inmediatamente partimos a una entrevista con el ministro de Relaciones Exteriores, David Choquehuanca. Movidos por la formalidad chilena, terminamos en una calle del centro de la ciudad improvisando un cambio de atuendos que consideraba corbata y chaqueta para la importante reunión.
Puntualmente, el canciller apareció en la sala, con parka y bototos, demostrándonos, ya con la vestimenta, que algo diferente y fuera de nuestros tradicionales cánones está ocurriendo en Bolivia. Sus predicciones sobre el referéndum fueron de las más acertadas de todos los actores políticos con los que tuvimos la oportunidad de conversar: Evo Morales triunfaría con más del 60% de los votos y se consolidaría el poder del MAS, nos dijo. Además, Choquehuanca se explayó sobre el proceso político, la importancia que la comunidad internacional se hiciera presente y la necesidad de seguir adelante con las transformaciones que su presidente está llevando a cabo.
La clase proletaria y Evo
Una de las cosas que más nos llamaron la atención en el proceso electoral fue el profundo significado que tenía para los electores concurrir a votar. El domingo recorrimos una gran variedad de localidades: desde la rural Huatajata, pasando por el mítico El Alto -segunda ciudad de Bolivia después de La Paz-, hasta recintos de votación en el centro y el sector sur de la capital, este último el enclave donde residen los sectores más acomodados.
En Bolivia se suspende el transporte público y privado el día de elecciones. Las calles estaban vacías. En nuestro recorrido, que partió a las 8 a.m., encontramos a miles de personas recorriendo largos trayectos a pie con el único propósito de sufragar. Más del 83% de los ciudadanos y ciudadanas con derecho a voto salieron a las calles a expresar su preferencia en el primer referéndum revocatorio de la historia boliviana (el segundo de América Latina, después de Venezuela). Para los indígenas pobres, se trataba de un voto simbólico de apoyo al primer presidente indígena de la historia del país. "El Evo es como nosotros", nos comentó un elector en el patio de una escuela rural. "La clase proletaria está con el Evo", nos dijo un campesino en Huatajata.
Imprevisto voto rural
Para los sectores de oposición, desde antes del referéndum, se reconocía la posibilidad de que Evo Morales obtuviera la ratificación de su mandato.
Ellos apostaban a que el mandatario alcanzaría 50% a 53% de los votos y que en los departamentos se produciría una ratificación de los prefectos de oposición. Los tres departamentos estratégicos, que concentran el mayor porcentaje de votantes, son La Paz, Santa Cruz y Cochabamba. De ellos dependía el futuro del país. Las encuestas preliminares -la mayoría de las cuales sólo consideraban las ciudades principales- mostraban, efectivamente, un nivel de apoyo a Evo de 52% a 55%. La muerte de dos obreros pocos días antes del referéndum, algunos hechos de violencia aislados y las diferencias entre el gobierno y el movimiento sindical por una reforma sobre pensiones, hacían pensar que Evo Morales no podría obtener un triunfo avasallador.
Sin embargo, ya a las 18 horas del domingo 10 los principales canales de televisión comenzaban a reconocer el triunfo de El Jefazo, como le llaman a Evo, con cifras superiores al 60%. Gran parte de las encuestas no había considerado un factor crítico: el voto rural. Incluso en el Departamento de Santa Cruz, donde el actual presidente obtuvo el menor porcentaje de apoyo (40%), la desagregación de cifras mostraba que los campesinos de dicho departamento lo apoyaban con más del 58%.
Pese a todos los conflictos políticos previos y al verdadero impasse constitucional, la ciudadanía sigue confiando en la figura de Morales, que en algunos departamentos (equivalentes a nuestras regiones) alcanzó el 80% de los sufragios.
A medida que el conteo de votos avanzaba esta semana, Morales seguía sumando y bordeando casi el 67% de apoyo a nivel nacional.
Empate catastrófico
Más de algún analista ha definido la situación de Bolivia como la de un verdadero "empate catastrófico" por el fuerte apoyo al gobierno, a nivel nacional, y a la oposición, a nivel departamental. El nuevo escenario consolidó a 5 departamentos en aquella posición (Santa Cruz, Tarija, Beni, Pando -las cuatro de la "medialuna"- y Chuquisaca, donde se encuentra Sucre, la capital constitucional de Bolivia).
Lo más paradójico es que fue el ex presidente Jorge Quiroga, en una rueda de prensa en diciembre de 2007 y para sorpresa de sus propios seguidores, quien propuso la idea del referéndum. Tal vez pensando que Morales se negaría a concurrir a una consulta como ésa, gatilló algo que podría haberse convertido en un efecto boomerang para la oposición. Finalmente, Morales y el MAS no dudaron en aceptar el desafío, que concluyó con la confirmación de su mandato y la reafirmación de su liderazgo. A favor de Quiroga está el hecho de que los departamentos de oriente pudieron confirmar, a su vez, a los prefectos (equivalentes a nuestros intendentes).
La situación es compleja por cuanto en Bolivia existe lo que se ha denominado las "dos oposiciones". La primera, a nivel nacional, corresponde a la oposición político-partidista que se expresa en el Poder Democrático y Social (Podemos), que es mayoría en el Senado bajo el liderazgo -controvertido y cuestionado desde las autonomías- de Tuto Quiroga. La segunda, a nivel regional, principalmente en la zona del Oriente, se expresa en los departamentos y los comités-cívicos regionales, los que promueven un estatuto de autonomías.
Así, emergen una serie de actores políticos y sociales que tienen agendas diversas y que no necesariamente están articulados entre sí. Incluso dentro de las fuerzas que apoyan al gobierno se observan diferencias en cuanto a la mejor estrategia para avanzar en lo que el presidente Evo Morales ha denominado una "revolución democrática y cultural".
A ello se suma una agenda política que tiene su expresión concreta en la Asamblea Constituyente y que busca establecer una nueva carta fundamental para Bolivia. Los temas son altamente sensibles y controvertidos: definir el grado de autonomía que tendrán los departamentos y la "capitalidad" (la designación de Sucre como capital condujo a una guerra civil en 1899), establecer cómo se redistribuirán a nivel nacional y departamental los recursos provenientes de las fuentes energéticas de Bolivia y precisar la magnitud de las expropiaciones de tierras en lo que constituye quizás uno de los temas simbólica y económicamente más significativos para la elite que había gobernado el país por décadas. Las alternativas giran en torno a una extensión máxima de 5 mil ó 10 mil hectáreas (existen haciendas de 40 mil a 60 mil hectáreas).
¿Qué sigue?
Cerca de las 8 p.m., los canales de televisión mostraban al prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, celebrando su ratificación. Costas acusaba a Evo Morales de cobarde y de conducir un gobierno totalitario, mientras que Branco Marinkovic, líder del Comité Cívico de Santa Cruz, había acusado de "fraude masivo" en la mañana (ni él se lo creía).
En contraste, Morales, rodeado de sus ministros, optó por un mensaje conciliador, felicitando al pueblo de Bolivia. Reconoció la victoria de los prefectos de oposición, abogó por la unidad de Bolivia y convocó al país a iniciar un diálogo sobre las bases de compatibilizar la Constitución con los estatutos autonómicos (fue el primer reconocimiento oficial a estos últimos).
El miércoles pasado, el gobierno y los prefectos regionales opositores de Bolivia acordaron abrir una mesa de diálogo. Estos últimos acogieron el llamado de Morales. "Vamos con una agenda abierta, para darle a Bolivia tranquilidad, en procura de resolver esta contradicción de visiones que se ha reflejado en el referendo, a través del escenario del diálogo", dijo el prefecto de Tarija, Mario Cossío.
Esta es la primera vez que los prefectos opositores aceptan una invitación presidencial a dialogar, después de que rechazaran al menos tres llamados del mandatario en el primer semestre.
La necesidad de un acuerdo entre los actores políticos y sociales de Bolivia aparece como el principal tema de la agenda inmediata. Sin embargo, también emerge la necesidad de fortalecer instituciones que han jugado un rol clave en este proceso. De partida, la Corte Nacional Electoral se ha transformado en un referente importante para los bolivianos en la medida en que la mayoría de los conflictos han culminado y seguirán terminando en las urnas (hoy sólo cuenta con 3 de los 5 miembros titulares). Junto con ello, surge la necesidad de actualizar, modernizar y consolidar un padrón electoral que dé garantías a todos. También está la cuestión del Tribunal Constitucional, que en la actualidad cuenta con apenas uno de sus cinco miembros titulares.
El escenario que se visualiza no será fácil. Anteriores iniciativas han fracasado porque los actores no han estado dispuestos a ceder en sus posiciones. No se trata de divisiones que hayan surgido ahora sino que se arrastran por siglos. Lo que el referendo hizo fue medir las fuerzas de cada uno de los actores y, concluida esa batalla, lo que viene es un nuevo intento de buscar un punto de equilibrio entre actores sociales, políticos y regionales que podrían sentarse a la mesa de negociaciones, pero cargados de desconfianza. Más de dos tercios del pueblo boliviano, según las encuestas, se manifiesta partidario de la búsqueda de acuerdos. Hay que recordar que los acuerdos entre los partidos tradicionales (MNR, MIR y ADN) cayeron en un cierto desprestigio bajo la "democracia pactada" de los 90.
En lo inmediato el pueblo boliviano enfrentará un nuevo desafío: el referéndum para aprobar o rechazar la Constitución. Éste resulta clave por cuanto lo que está en juego es, además de los temas mencionados, la propia reelección de Evo Morales. La Constitución fue aprobada en general y en particular en condiciones muy dudosas, con la exclusión del Podemos. Tal vez ha llegado la hora de sentarse a la mesa y lograr un nuevo "pacto", como lo denominó, en un programa televisivo, el ministro de la Presidencia. Lo que es claro es que la posibilidad de una salida a este conflicto dependerá de los propios bolivianos.
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