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Vicente Aresti: historia, acusación y descargos

Vicente Aresti López, socio de Empresas Tucapel. Multado con US$ 1,6 millón por la SVS.

Este lunes Vicente Aresti López dará el puntapié a una de las batallas más duras de su vida. Su abogado, Jorge Schenke, presentará un recurso de reposición que, en 100 páginas, pretende explicar por qué su cliente no utilizó información privilegiada.

Por  Ximena Pérez Villamil
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El viernes pasado, Vicente Aresti López (61) almorzó en su restorán favorito, el Gernika de El Bosque, con sus amigos de colegio Germán Margozzini y Alvaro Cristi y su cuñado Alan Halley Harris.

No pronunció una palabra acerca de la acusación de uso de información privilegiada que le formuló la Superintendencia de Valores y Seguros por la compra de acciones de D&S en mayo de 2007.

"Nos acordamos de anécdotas del colegio, se acercó otro amigo a la mesa. Yo lo noté bien", sostiene el abogado Germán Margozzini, compañero desde tercero a sexto básico en el Verbo Divino, donde Aresti cursó toda su enseñanza.

"Vicho, como le decimos, es una persona súper reservada", agrega Margozzini, quien siguió siendo íntimo amigo, pese a que en séptimo básico se cambió al San Ignacio.

Aresti mostró la misma actitud durante el verano. No le comentó a nadie, fuera de su círculo familiar más íntimo, que el 22 de enero la SVS lo había notificado -por carta certificada- del cargo de uso de información privilegiada. A él, a su yerno Alejandro Irarrázabal -casado con su hija Macarena y gerente general de la Arrocera Tucapel- y a su sobrino Eugenio Eben Aresti, hijo de su hermana Begoña.

El abogado Jorge Schenke, del estudio Jara del Fávero, experto en derecho civil, que ha llevado "los pocos juicios" que han tenido Aresti y sus empresas "en materia comercial", no recuerda si ese mismo 22 o al día siguiente recibió a los tres notificados en su oficina de El Golf 99.

"Fue la primera vez que formalmente nos juntamos a conversar sobre esto. Vicente Aresti estaba sorprendido, no podía creer lo que estaba pasando, que los tres se vieran involucrados en este asunto. Él había asumido que con los antecedentes entregados (a la SVS), el 27 de septiembre, no le iban a formular cargos", afirma Schenke, socio del bufete ligado por décadas a la familia Aresti, ya que Humberto del Fávero, abogado fundador que murió, era hijo del dueño original de la Arrocera Tucapel.

El tema pasó a ser prioridad: el verano se llenó de constantes reuniones entre los tres miembros de la familia y su defensor para preparar los descargos, que se presentaron a mediados de febrero. Schenke debió olvidarse de sus vacaciones en Las Brisas de Santo Domingo.

En estos encuentros los tres fueron explicando cómo tomaron la decisión de comprar títulosde D&S. Acción que, según la SVS, Aresti acometió usando información privilegiada entregada por Hans Eben, director de Tucapel y negociador de D&S en la fallida fusión con Falabella. La misma que le habría traspasado a su yerno y a su sobrino.

Las razones de Aresti

"Me cuentan que Alejandro Irarrázabal ya había comprado acciones de D&S en enero de 2007", dice Schenke. Esto último no aparece en el expediente de la SVS, "pero yo acredité que Irarrázabal adquirió un alto monto de acciones con recursos propios en enero". Cuando quiso venderlas en marzo, agrega el abogado, "la propia corredora LarrainVial, en abril, le recomendó insistentemente que no lo hiciera".

Otro punto que Schenke aclaró en los descargos es que la capacidad de crédito de los tres "era varias veces superior a la línea de crédito que la SVS dice que ocuparon en un 100%". En el expediente de la investigación consta que el patrimonio de Vicente Aresti asciende a $ 8.123 millones y que él compró acciones por un total de $  2.396 millones. Mientras, el de Eugenio Eben era de $ 553 millones y adquirió un monto de $ 49 millones en papeles de D&S, a través de su mujer, Carolina Fell. El de Irarrázabal fue valorado en $ 850 millones y su inversión alcanzó a $ 472 millones en títulos de D&S.

"Nosotros llevamos como testigo al gerente de la banca privada de Corpbanca que acreditó que tenían una capacidad de crédito muy superior. También acreditamos que si bien es cierto que los montos invertidos eran altos, el riesgo era muy bajo. Estaba acotado a un 10% del valor de la acción según los estudios. Cuando se rechaza la fusión de D&S y Falabella, la acción, que pasa por su peor momento, baja 10%".

Schenke agrega que Aresti conservó el 52,7% de las acciones que compró, "porque él hace una inversión a largo plazo y sólo da una orden de compra a Corpbanca el día 11 de mayo (la SVS asegura que las adquisiciones se hicieron entre el 11 y el 16 de mayo) y la corredora lo materializa en los días posteriores".

¿La razón? La alta demanda por papeles de D&S: "Entre el 10 y 11 de mayo se transaron $105 mil millones cuando lo normal, si lo ves hoy, eran $1.500 millones o $ 2.000 millones". Por eso, la orden fue materializada en varias tandas.

Pese a los descargos, el 17 de julio la SVS resolvió sancionar a ocho personas. De ellas, Aresti recibió la multa más alta: US$ 1,6 millones, cuyo 25%, como estipula la ley, fue depositado en un cheque ante la Tesorería el pasado 5 de agosto; a Irarrázabal lo sancionaron con US$ 350 mil y a Eben Aresti con US$ 45 mil.

Este lunes 18 de agosto, el abogado Jorge Schenke presentará los recursos de reclamación, por separado, de los tres sancionados, ante el tribunal de primera instancia que salga sorteado. Cada escrito contiene 100 páginas.

Historia familiar

Vicente Aresti Astica, padre de Aresti López, patriarca y creador del holding familiar que vende US$ 175 millones anuales, estaba en Miami cuando se conocieron las sanciones de la SVS que afectaban a su hijo. Ahí posee un departamento y cada vez que viaja visita a su nieto, Javier Aresti Rodríguez, ingeniero comercial de la Universidad Gabriela Mistral quien, desde hace tres años, trabaja en el banco de inversión UBS.

A sus 90 años, Aresti Astica sigue siendo el dueño de las acciones de la Arrocera Tucapel, que posee el 50% del mercado; de Nutripo, dueña de Master Dog y Master Cat; y de la Viña Aresti, con 400 hectáreas plantadas en Molina, que maneja su yerno Eugenio Eben Oyanedel, hermano de Hans.

Quienes lo conocen lo describen como un hombre de carácter fuerte, que se ha preocupado de mantener en su familia el control de sus compañías. Todos los años invita a su vasta descendencia, incluidos 16 bisnietos, a un viaje a diferentes destinos: República Dominicana, México, Estados Unidos. Su hijo mayor, Vicente, tiene siete hijos; Begoña (59), cuatro; y Ana María (56), tres.

El patriarca nació sin fortuna. Su padre tenía una zapatería -que conserva su hermano Francisco "Paco" Aresti Astica- llamada La Imperial y que posee un local en la calle Estado.

El inicio de su exitosa carrera empresarial se remonta a una productora de almidón que fundó junto a un primo vasco, de profesión químico. Era un artículo de alto consumo por las textiles, ya que servía de apresto para las camisas, manteles y servilletas. La materia prima -las puntas y los granos partidos de arroz- lo ligaron a lo que sería su principal negocio: Arrocera Tucapel, una de sus proveedoras y cuyo dueño, Humberto del Fávero, era amigo de Aresti Astica. Por una coyuntura, él entró con un tercio de la propiedad. En 1976 pasó a controlar el 100%.

La empresa no era la mayor del mercado y competía con Zaror, Miraflores, JB, Loncomilla, Inapar y La Selecta. En 1993, Aresti Astica hizo la jugada que lo encumbró a la cima: se adjudicó en un remate la quebrada planta arrocera de Indus, que tenía el 28% del mercado con sus marcas Los Chinos y Banquete. Compitió mano a mano con Moisés Rozental -el abuelo de Sebastián, el futbolista-, socio de Comercial Chacao; y con José Borda, propietario de la Molinera San Cristóbal.

Cinco años después, su hijo Vicente Aresti López adquirió La Selecta, dueña de la marca del mismo nombre, al agricultor César Clavel.

"Los Aresti querían seguir creciendo y tenían un gerente de apellido alemán que me ofreció comprar. Luego Vicente Aresti López me llamó e hicimos el negocio en un restorán de El Bosque", dice Clavel.

El hombre de los campos

Los Aresti López son conocidos por su bajo perfil. Tanto así que para muchos es más famosa la casa en el Lago Vichuquén que el rostro de su dueño. Lo mismo sucede con su avioneta Pipper que, sin ser de gran lujo, siempre es mencionada por los cercanos a la familia.

"En la época del colegio, con la plata de las mesadas, arrendábamos un avión y salíamos a volar", recuerda su compañero Álvaro Cristi, quien sostiene que, recién en 1980, su amigo Vicente se compró una avioneta.

"Yo estoy muy dolido con lo que ha pasado, porque él es un hombre que comulga con la verdad. Sigue teniendo los mismos amigos y es de los que, en momentos difíciles, sabe ayudar. No debiera contarlo, pero a un amigo cuya mujer tenía cáncer le dijo todo corre por cuenta mía", agrega Cristi, quien lo describe como tranquilo, de buen carácter y ordenado.

En la época colegial, Aresti era conocido por los campos de su familia: El Naranjal, en San Vicente de Tagua-Tagua, de 400 hectáreas donde tenían lechería; la Hacienda Almahue, en Pichidegua, de 500 hectáreas de arroz; Micaela, en Molina, plantado con viñas; y Bellavista, de Molina hacia la cordillera, de 3 mil hectáreas, y dedicado a la engorda de animales.
"Ibamos a veranear a sus fundos y siempre nos tenían caballos ensillados. Vicho corría rodeo, participaba en torneos y le iba bastante bien", sostiene Cristi.

La familia vivía en una casa estilo inglés en la calle Gertrudis Echenique, la que aún está en pie y que sigue siendo habitada por Vicente padre y su mujer, Nena López.

Germán Margozzini recuerda que "a los 15 años viajamos a Estados Unidos invitados por don Vicente. Cuando estábamos en la universidad -Vicente hijo en Ingeniería Comercial de la Universidad de Chile y yo en derecho- recorrimos en auto Argentina y Brasil".

En medio de lo que parecía ser una vida plena y feliz, la familia sufrió un gran golpe: la expropiación de todos sus campos durante la Unidad Popular. Lo único que conservaron fue la casa donde viven Eugenio Eben y Begoña Aresti, frente a la estación de tren de Molina.

"Vicente hijo es muy emprendedor, fue comprando tierras e inició la plantación de frutales", agrega Cristi. Son 850 hectáreas plantadas de manzanas, kiwis y arándanos, que exportan a través de Tucfrut, su propia empresa.