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Pese al arduo trabajo cientifico de la expedición, Büchi siempre encontraba el tiempo para salir a trotar.
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El lugar escogido fue Kenia. Específicamente el lago Turkana, ubicado al norte del país, justo en la frontera con Etiopía. Allí, Hernán Büchi y un grupo de reconocidos científicos se internaron en la sabana africana con el objetivo de profundizar en el tema que los convocaba: la antropología biológica, que se ocupa de la evolución del hombre. Por eso, durante toda una semana, en julio pasado, estuvieron en esa zona recorriendo los lugares donde han sido hallados los fósiles más importantes de la historia humana. Para Büchi, en todo caso, no era el primer viaje a África en pos de estos conocimientos: años antes ya había estado en Gombe, Tanzania, observando chimpancés primates, que según los expertos son claves para entender el área científica que ahora desvela al ex ministro de Hacienda.
Quienes conocen a Büchi, aseguran que esta nueva pasión no debería sorprender. Sus amigos cuentan que desde niño él se ha sentido atraído por la evolución humana y el comportamiento animal. Es más, sus cercanos dicen que "lo de Hernán era la ciencia y que la economía fue accidental en su vida". E incluso señalan que eligió Ingeniería Civil en Minas para estar más en contacto con la naturaleza. Se devoró todos los autores que hablaban del origen del hombre, asistió a los talleres de biología de Humberto Maturana y se suscribió a las revistas Nature y Science, las que lee hasta hoy. Además, como ahora está muy interesado en el funcionamiento del cerebro y su relación con las emociones, ha leído casi todos los textos del francés Josette LeDoux, los del neurólogo Antonio Damasio, autor de "El error de Descartes: emoción, razón y cerebro humano", y los textos del neuroendocrinólogo y primatólogo Robert Sapolsky, considerado el gurú mundial del estrés.
Por eso, cuando hace unas semanas aterrizó en África, Hernán Büchi tenía bien claro a lo que iba. El punto de partida de la expedición fue Nairobi, hasta donde llegó acompañado de algunos miembros de su famila. Allí también se encontraba su ahijada, la bióloga Isabel Behncke -hija de su mejor amigo, Rolf Behncke-, quien está radicada en Inglaterra y ha sido el contacto de Büchi con importantes científicos internacionales. El grupo lo completaban el novio de ella, el médico inglés Richard Sullivan, su hermana Sofia y algunos integrantes de la familia Leakey, considerada la dinastía científica de paleontólogos más importante del mundo. Estos últimos, además, oficiaron de anfitriones.
Investigaciones de cerca
La familia Leakey -Maeve Leakey, su hija Louise y su pareja- no sólo acompañó a Büchi y su grupo, sino que además les facilitó toda la infraestructura que tienen montada en medio de la desértica sabana africana. Porque para ellos el tema del origen humano es un asunto serio. Fue Louis Leakey, el patriarca del clan, quien en los años 60 realizó las primeras investigaciones en la zona este de África. Más aún: seis de los ocho fósiles más importantes que se han encontrado en el último tiempo fueron hallados por la familia Leakey. "Hoy es su nieta Louise Leakey la que monitorea el trabajo científico de la familia", explica Isabel Behncke.
Antes de abandonar la capital keniana, Büchi y sus acompañantes fueron al Museo de Nairobi, donde vieron la exposición con los ocho fósiles más importantes descubiertos en el planeta. "Están todos en una sala de alta seguridad y guardados en unas cajas de acero muy parecidas a las de las galletas de lata. Para ingresar hay una serie de medidas de seguridad", cuenta Isabel Behncke. "Ver esos fósiles es la prueba más patente de que somos primates parlantes, es decir, simios que hablan", agrega.
Luego de Nairobi, se trasladaron a la reserva Masai Mara, al sur de Kenia. En la frontera con Tanzania. Acompañados de un guía masái, el grupo recorrió 200 kilómetros a caballo durante una semana. "Estar metido en este ecosistema te ayuda a comprender el comportamiento animal en el día a día", explica Isabel. No estuvieron exentos de riesgos, como recuerda esta bióloga: "Nos vimos en apuros cuando nos sorprendió una manada de 60 elefantes, que pueden llegar a correr hasta 40 kilómetros por hora, lo mismo que un caballo. Fue impresionante observarlos de tan cerca, sin embargo alcanzamos a sacar un par de fotos cuando el guía nos gritó que arrancáramos galopando".
Después volaron en avioneta al lago Turkana, que pese a su riqueza científica es una de las zonas más peligrosas de Kenia por los conflictos entre las tribus locales. A la orilla de este lago, la familia Leakey tiene montado un campamento permanente, que cuenta hasta con internet satelital. El trabajo para el grupo fue intenso. El día comenzaba a las 6 de la mañana, y Büchi, cuando podía, se daba tiempo para trotar. Después de desayunar recorrían en jeep las zonas donde han sido hallados muchos de los fósiles que ya habían visto en el Museo de Nairobi. Por eso, el objetivo de esta expedición era justamente observar el entorno y la vegetación del lugar en la que habitaron nuestros antepasados.
Al mediodía, y debido a las altas temperaturas, el grupo se refugiaba en el campamento. Por la tarde, ya sin calor, volvían a realizar recorridos por la zona. En la noche, llegaba la calma. Había tiempo para discutir sobre evolución del origen y evolución del ser humano. Y para descansar, claro.
La influencia de Isabel
El lado científico de Hernán Büchi no sólo se ha desarrollado en África. De hecho, una las primera salidas a terreno en esta línea fue en las islas Galápagos, hace diez años. Interesado en conocer de cerca esta zona -por su influencia en el desarrollo del pensamiento evolutivo de Darwin- llegó hasta allá con su amigo Rolf Behncke , coautor del libro "El árbol del conocimiento: las bases evolutivas de la inteligencia humana". Ambos fueron invitados por un banco ecuatoriano que financia el Instituto de Conservación de las Islas Galápagos.
Hoy, una década más tarde, es la hija de Behncke, Isabel, quien lo acompaña en varias de sus aventuras científicas. De hecho, esta bióloga de la University College London y Máster en Antropología Biológica de la Universidad de Cambridge fue quien lo entusiasmó para que diera uno de los pasos más importantes en su formación científica: ingresar a la Fundación Leakey, que es una de las tres instituciones más influyentes del mundo en antropología biológica.
Todo empezó en 1999, cuando Isabel -quien recién fue aceptada para trabajar con el japonés Takeshi Furuichi de la Universidad de Kioto, entidad que está a cargo de las investigaciones de chimpancés bonobos en el Congo- asistió a una conferencia de la Fundación Leakey sobre comportamiento animal, en Oxford. "Escuché hablar a Louise Leakey y me convenció rápidamente de que teníamos que estar con su grupo", dice. Un año después ella y Hernán Büchi ya eran parte de la institución. Hoy son los únicos miembros latinoamericanos de la fundación. Y el año pasado, el ex ministro de Hacienda fue elegido "trusty" -socio director-, por lo cual no sólo se sienta en el directorio sino que sigue de cerca todas las investigaciones.
Para el próximo año, Hernán Büchi no tiene programados viajes a África ya que quiere concentrarse en los 200 años del natalicio de Darwin. Como miembro de la Fundación Ciencia y Evolución, que dirige Álvaro Fischer, tiene agendada una serie de actividades para conmemorar el legado intelectual de este científico y su larga estadía en Chile. Para ello ya están confirmados los gurúes más importantes en estos temas, como Leda Cosmides y John Tooby, quienes acuñaron el término sicología evolucionaria. También, entre otros, vienen Richard Dawkins y el escritor inglés Ian McEwan, autor de "Expiación".
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