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¡Qué bien se siente ser banquero!

El libro "Damn, it feels good to be a banker" ironiza con los excesos del exclusivo mundo de los banqueros de inversión en Wall Street. Incluye desde la ropa que usan hasta las tribus y sus comportamientos, muy similares por lo demás a los de nuestro conocido Sanhattan.

Por  Axel Christensen
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En esta columna voy a dejar de lado el análisis de las presiones inflacionarias o el impacto de la economía china post Olimpiadas. Esta vez quiero dedicarla a un aspecto tanto o más importante: cómo funciona por dentro Wall Street.
Qué mejor manera de hacerlo que de la boca (o la pluma) del caballo. Y si es a través de un delicioso tono de sátira, aún mejor. Esta semana salió a la venta el libro "Damn, it feels good to be a banker" (algo así como, "Qué bien se siente ser banquero") y después de haber revisado la versión electrónica del libro, lo recomiendo con gusto como un entretenido vistazo al día a día de uno de los personajes centrales del mercado financiero: el banquero de inversión.

Escrito bajo el seudónimo "Leveraged Sell-Out" (LSO) del joven autor Amit Chatwani (26), el libro sigue la senda de relatos en primera persona desde Wall Street, como lo hiciera el ex banquero y ahora escritor Michael Lewis con su memorable "Liar's Poker" de comienzos de los 90. Buscando una referencia local, hay cierto parecido a las recordadas columnas de Enrique Alekán, el ficticio personaje yuppie de Fuguet de fines de los 80.

El autor no es un recién aparecido en ironizar  con los excesos del mundo financiero en general. Su blog (www.leveragedsellout.com) apareció hace tres años y su tono irreverente y políticamente incorrecto le llevó a ser reconocido como el "Borat de Wall Street" por Business Week ya en el 2006.

Las tribus

El libro se centra en la elite del mundo financiero, que no es otra cosa que la extensión natural de la elite educacional de Estados Unidos. A los bancos de primera línea sólo llegan egresados de universidades de primera línea. Estos banqueros son la especie dominante, los machos Alfa. Frecuentan los más exclusivos clubes nocturnos y bares, van a las mejores fiestas, salen con las mujeres más lindas. Todo por una sencilla razón: ser un banquero.

Pero el protagonista, LSO o Logan, no es un banquero cualquiera. No se trata de banqueros comerciales, los que dan préstamos, que según el autor "se van a casa a las 18:30 a comer con sus niños" o tienen happy hours con sus clientes. Se trata del exclusivo grupo de los banqueros de inversión, "que gastan miles de dólares en una salida a comer, que usan trajes del mismo precio que un auto, que se mueven sólo con los altos directivos de las corporaciones del mayor nivel."

A pesar de no ser un banquero (fue consultor), el autor conoce bien este sub-mundo porque vive con varios de ellos en Nueva York. Conoce y distingue bien las distintas tribus (parafraseando a mi co-columnista Barros), las cuales describe con lujo de detalles. Están los analistas y asociados de finanzas corporativas, que trabajan 100 horas a la semana y dominan a la perfección la artes ocultas de las planillas Excel.  Están los que trabajan en las mesas de dinero, como operadores o vendedores, levantándose a las 6 de la mañana para dedicarse todo el día -hasta que cierra el mercado a las 4.30 pm- a vender cosas que nadie de verdad entiende pero que son suficientemente sofisticadas para que nadie se niegue a comprarles, especialmente si las vende alguien que fue al menos cinco años a una universidad de prestigio. También está la tribu del private equity, quizás la de más alto linaje, donde los pocos escogidos gozan del privilegio de la estabilidad financiera (es decir, ser indecentemente ricos) y del placer de ver sus nombres en los titulares al  estructurar las megaoperaciones de compra y venta. Finalmente está la curiosa tribu de los hedge funds, especialistas en tomar riesgos controlados: si te va bien, te haces billonario (sí, con nueve ceros) antes de los 40 y si te va mal, bueno, al menos no era plata tuya.

La combinación del libro y el blog incluye sabrosas anécdotas de este mundillo que genera el mismo morbo en el ABC1 que la farándula de futbolistas y modelos en el C2, C3 y D. En definitiva, no hay ningún intento de disimular un ambiente claramente clasista y sexista. Desde la ridiculización de los gerentes regionales de bancos, que seguramente fueron a universidades públicas, a la abierta difamación de toda mujer que ose ingresar al prestigioso mundo de las altas finanzas, las descripciones entran al más íntimo detalle.

La ropa

Por ejemplo, en un cuadro se explica gráficamente cómo la progresión en la carrera de un banquero se nota en el valor de la ropa que usa: desde menos de US$ 250 que usa el alumno en práctica-incluyendo la corbata que le pide prestado al papá-, a los más de US$ 4 mil ($ 2 millones) que gasta un analista o asociado en trajes Brooks Brothers, corbatas Hermès  y mocasines Ferragamo, hasta los más de US$ 22 mil ($11 millones) que pueden gastar los que llegan a la cima como directores ejecutivos o socios de bancos de inversión en trajes, camisas o zapatos hechos a su medida. 

Está también una columna en el blog donde se le dedica un par de párrafos a la herramienta por tradición del banquero que se precie como tal: la HP 12c.

La HP 12c representa toda la esencia del banquero de inversión: elegante, atrevida (sobre todo en su versión remozada Platinum), tratando de seguir aferrado a un mundo que ya no lo necesita. También conocida como Excel Móvil, se da el lujo de usar un idioma desconocido por el común de los mortales: así como los banqueros hablan sin arrugarse con crípticas siglas como TIR, WACC o Ebitda, las HP 12c sólo acepta comandos en notación polaca inversa, que no es otra cosa que una manera súper directa y rápida de entrar cifras en una calculadora de la misma manera que piensa y actúa un banquero químicamente puro.

No deja de ser irónico que el libro sale justo en el momento en que Wall Street se encuentra en una de las más terribles crisis en años, que ya ha cobrado la vida de un banco de inversión -Bear Stearns- que se enorgullecía de haber sobrevivido a la crisis del '29 sin despedir ningún empleado. Con los despidos proyectados a alcanzar 35.000 puestos de trabajo o el 6% del empleo en el sector financiero, pareciera que no es el momento de publicar narraciones humorísticas. Puede ser el caso de otras industrias, pero no la banca de inversión. El protagonista de la biografía ficticia no muestra una mínima señal de preocupación: "sólo es 'darwinismo' bancario; en esta industria sólo sobreviven los más fuertes.

Los paralelos

No puedo finalizar esta crónica sin antes hacer algunos paralelos con el Wall Street criollo. Si bien las realidades (y los bonos) son sideralmente distintos, les confieso que suelo ver comportamientos muy similares en Sanhattan a aquellos personajes que están descritos con lujo de detalles en el libro. Acá también existe la predilección de contratar sólo a ingenieros comerciales o civiles de las universidades de renombre o de algunas universidades privadas que se han abierto paso, incluso después de años de experiencia laboral. Para qué decir de lo importante de haber ido al colegio correcto - particular, sin número ni subvención por favor-  para llegar a las grandes ligas. Nuestro mundo financiero sigue siendo predominantemente un "Club de Toby", con escasas excepciones de mujeres capaces de soportar largas horas de trabajo (aunque menos que en Nueva York) o el estereotipo de agresividad y arrogancia de los amos del universo. Y al final del día, creo que muchos también compartimos esa sensación de calorcito en el corazón, felices de ser un banquero, analista u  operador de mesa. Sólo cumplimos con el rol que la sociedad nos pide. No tienen por qué compartir nuestro punto de vista, pero sí comprenderlo.