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Tras dos años en la vicepresidencia del BancoEstado, Jorge Marshall decidió decir adiós a su amplia oficina en el noveno piso del tradicional edificio ubicado en Alameda 1111. Su determinación, sin embargo, no se enmarca en la idea de alejarse del sector público. Al contrario, el presidente del hasta ahora think tank virtual Expansiva seguirá influyendo en esta esfera: desde el próximo lunes lo hará a través de la Universidad Diego Portales (UDP). Ahí dirigirá el nuevo Instituto de Políticas Públicas que ese plantel espera tener funcionando formalmente a partir de octubre próximo.
La alianza entre Expansiva y la UDP se concretó a fines de la semana pasada, pero las conversaciones comenzaron hace dos meses. "La decisión de aliarnos surgió a propósito del seminario 'El Chile que viene' que organizamos en conjunto con Expansiva y el CEP. Empezamos a conversar con Jorge la idea de emprender en conjunto un proyecto en el área de las políticas públicas y arribamos a la conclusión de que la mejor forma de hacerlo era creando un instituto en esta área", explica Carlos Peña, rector de la UDP y el otro gestor de esta iniciativa.
Con este proyecto entre manos, Marshall se trasladará el próximo lunes a una oficina en la rectoría de esa casa de estudios. Desde ahí analizará los nombres de las próximas contrataciones y la mejor forma de insertarse en el mundo académico. "Por el momento haré clases de macroeconomía. Los otros miembros del instituto también tendrán que impartir cursos, pero hay que enfocar bien la docencia y determinar si lo haremos a través de un postgrado, un pregrado o algo con una orientación multidisciplinaria". Con todo, agrega el economista, de aquí a dos años no hay planes de impartir un magíster: el quehacer se centrará en cursos pequeños, diplomados, la investigación y la discusión de políticas públicas.
La jugada de la UDP al aliarse con Expansiva y crear un instituto de políticas públicas se inserta en una tendencia relativamente nueva de las universidades chilenas de ocupar un espacio en el debate público y apropiarse de una cuota importante de influencia. Una tarea que no hace mucho radicaba en los think tanks, como el CEP, LyD, Cieplan o Chile 21.
Los planteles tradicionales como la U. de Chile y la UC también cuentan con iniciativas de este tipo. La universidad estatal tiene un instituto de Asuntos Públicos autónomo, dirigido por Leonardo Letelier. En éste se imparte la carrera de Administración Pública y dos postgrados en Gobierno y Ciencia Política. La UC, en cambio, optó por un modelo distinto que apunta a una división entre la parte teórica -radicada en la Dirección de Asuntos Públicos, encabezada por Ignacio Irarrázaval- y la parte práctica conocida como el Programa de Políticas Públicas. "Ninguna de estas ramas son unidades académicas: su rol es potenciar la docencia y la investigación en esta materia dentro de la UC"; explica Irarrázaval.
Pero, sin duda, han sido las universidades privadas las que han irrumpido. "No vale la pena engañarse. Aquí hay un juego de poder simbólico, un juego de influencia y de cómo se va a moldear el espacio público en Chile. Cada uno quiere, nosotros también, decir algo al respecto. Hay una lucha cultural por la influencia y por el peso de cada institución", asume Peña.
Lo que las une
Las plataformas para participar de este debate son distintas. La UDP, como la Universidad de Chile, optaron por el modelo de un instituto de políticas públicas. En tanto la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI) y la del Desarrollo (UDD) crearon escuelas de Gobierno. Así también lo hizo la Universidad Alberto Hurtado (UAH) en 2006 con la incorporación del hoy ministro Francisco Vidal como decano. Sin embargo, la iniciativa no prosperó y hoy los programas en esta línea se insertan dentro del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de ese plantel.
Aunque las estructuras son distintas, los métodos para lograr sus objetivos son similares: gran hincapié en la investigación y publicación internacional, cuadros de profesores de excelencia -todos con máster y ojalá la mayoría con un doctorado- que participan activamente en la docencia y preparación del alumnado, y la promoción de actividades -seminarios, charlas o simposios- que incentiven la discusión abierta y plural.
El diagnóstico que hacen sus directores sobre las razones por las que se está produciendo este fenómeno también es coincidente: reconquistar el liderazgo que alguna vez tuvieron las universidades en la producción de contenido y la formación de cuadros para la generación e implementación de políticas públicas en el país.
"A partir de los años setenta -y ése es un fenómeno que se dio globalmente con la crisis del sistema universitario- las casas de estudios optaron por dejar la política de lado. Fueron los think tanks los llamados a asimilar y transformar ideas complejas para problemas complejos en políticas públicas de manera simple. Frente a este vacío han sido los planteles privados los más rápidos en reaccionar, pues participar con estos modelos les permite ganar influencia", explica Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la UDD. Guzmán, agrega que el esquema chileno emula la experiencia estadounidense, donde la mayoría de las universidades tiene este tipo de proyectos, los cuales son ranqueados periódicamente por revistas especializadas.
Leonidas Montes, decano de la Escuela de Gobierno de la UAI, sostiene que las escuelas de este tipo han nacido por una necesidad de mejorar en cierto sentido el sector público y la acción entre éste y el mundo privado. "Nos interesa que la confianza entre estos dos mundos aumente y creemos que la academia o una instancia independiente donde no haya ningún sesgo partidario ayuda en esa dirección".
Carlos Peña va más allá: "Durante las tres últimas décadas la función de mediación entre el saber y la adopción de decisiones públicas la han realizado equipos de trabajo vinculados fundamentalmente a partidos políticos o a grupos de interés empresarial. Las universidades han estado aparte del proceso y de alguna manera debemos recuperar ese vínculo. Creo que el espacio público va a ganar, pues las universidades trabajamos en condiciones de mayor independencia".
Lo que las separa
Con mayor o menor énfasis, desde todas las universidades aseguran que el pluralismo es una característica básica de la actividad en este campo. Sin embargo entre unas y otras surgen algunas aprensiones sobre este punto. "Sin duda Expansiva hizo un buen negocio al aliarse con la UDP, porque le aporta una infraestructura y un cuadro académico del que carecía, pero no sé qué tanto le va servir a la universidad, ya que ante la opinión pública aparece "casándose" con una ideología de izquierda progresista", dice un académico.
"Me parece legítimo que la gente especule, pero tengo la plena confianza que los hechos van a demostrar que son simples elucubraciones. Acá no hay agendas de índole política escondidas", asegura Peña. Sin embargo admite que ser académico o miembro de una universidad no significa abdicar de la condición de ciudadano. "Lo que hay acá es un proyecto de influencia cultural y pública que espera ser muy competitivo y cuyo objetivo no es inocente, pues consiste en arrebatarles hegemonía a los grupos que hasta ahora la han tenido. Y en ese sentido hay coincidencia con la gente de Expansiva, ya que conformamos grupos liberales que, en general, premian a sus miembros en base al desempeño", agrega.
Quizás donde se hace más hincapié en el carácter académico del proyecto y su distanciamiento con las ideologías políticas es en la Universidad Adolfo Ibáñez. "Nuestro sello es la excelencia académica y buscamos tener un grupo de profesores investigadores que sean diversos y pluralistas. Si se revisa la lista de académicos, se observa que hay casi en igual proporción gente de derecha y de izquierda progresista. Lo único que nos interesa es que tengan las ideas claras en cuanto a lo que es el mercado y que sean liberales en el sentido amplio de la palabra", asegura Leonidas Montes.
Fabián Pressacco de la Alberto Hurtado sostiene que ellos están abiertos a recibir a gente de todos los sectores y que a nadie se le pregunta a qué corriente adhiere al momento de ser contratado, pero reconoce que hay cierta gente que prefiere autoexcluirse. "Nuestro énfasis no es tecnocrático ni economicista, tenemos un horizonte que trata de lograr una mejor sociedad, más justa, nos interesa un profesional competente desde el punto de vista ético. Quizás acá no veas a muchos profesores de derecha en los pasillos, pero como tampoco vas a ver a muchos de izquierda en la UDD".
El pluralismo en la Universidad del Desarrollo se da, según Guzmán, a través de las actividades y seminarios que organizan, donde invitan a gente de diversos sectores políticos según el tema a discutir. Asimismo tienen profesores que adscriben a distintas corrientes políticas. De todas formas asume el sesgo ideológico de derecha que la opinión pública le da a ese plantel. "Tienes el caso de la UDP con Expansiva que representan un liberalismo progresista. Nosotros hace bastante tiempo estamos tratando de representar el eje del libre mercado y la derecha conservadora y liberal. Tengo un directorio empresarial, porque no entendemos el desarrollo económico sin el mundo de los negocios. Los chilenos tenemos que sincerarnos: acá el problema es de aquellos que no tienen un perfil establecido porque al mundo de la influencia no le gustan las cosas poco claras", enfatiza.
Si bien en algunos círculos académicos aseguran que la alianza entre Expansiva y la UDP tiene mucho de publicidad y poco de fondo académico, Jorge Marshall apunta que su intención es llevar el mundo de la toma de decisiones -donde Expansiva tiene mucha experiencia- al mundo del saber que está en las universidades. Pero asegura que insertos en la academia, ellos también harán investigaciones, publicarán y realizarán docencia. Carlos Peña aclara que en primer término lo que buscan es ser un instituto y no una Escuela de Gobierno, por lo tanto sus dardos apuntarán más hacia la discusión de ideas que a la formación de cuadros profesionales.
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