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Así es la Kennedy School

Esta escuela de Harvard es un paradigma para muchas de las universidades nacionales. El ingeniero comercial chileno Juan Carlos Jobet estudió ahí entre el 2005 y el 2008. Aquí cuenta cómo es la Kennedy puertas adentro y qué la hace ser un epicentro neuronal del planeta.

Por  Juan Carlos Jobet, MBA y MPA de Harvard.
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Sentarse un par de horas en el fórum del Kennedy School es probablemente la mejor manera de entender a esta escuela. Cafetería y comedor, lugar de estudios y reuniones sociales, espacio de debates políticos y presentaciones de líderes mundiales, el fórum es el centro neurálgico de la Escuela de Gobierno de Harvard. Por ahí circulan cada día sus profesores y estudiantes, que en la clase del año 2008 provenían de todos los países imaginables y estudiaban alguno de sus ocho programas.

La variedad de actividades para las que se usa ese espacio lleno de desniveles y escaleras, es un reflejo fiel de la diversidad de la escuela. En mis años de estudiante, compartí clases con el ex primer ministro de Tanzania, con una bailarina que decidió fomentar la cultura desde fuera del escenario, con una libanesa de apenas 24 años que quiere terminar con las divisiones sectarias de su país, con banqueros y consultores, alcaldes en ejercicio, políticos natos, emprendedores sociales, economistas, deportistas, periodistas y publicistas.

Tan diversos como los alumnos, son los profesores y los programas que se imparten. La escuela ofrece cuatro másteres. El máster en Políticas Públicas (MPP, 2 años), tiene un primer año común con cursos de métodos analíticos, administración y liderazgo, y un segundo año flexible. El máster en Administración Pública (MPA, 2 años) es un programa más flexible para alumnos con un poco más de experiencia que quieren especializarse en un área o explorar distintos temas. El master en Administración Pública mid-career (MC/MPA, 1 año), está dirigido a profesionales que, en general, tienen entre 40 y 50 años y quieren dar un giro a su carrera o profundizar algún área específica. Por último, el máster en Administración Pública-Desarrollo Internacional (MPA/ID, 2 años) está centrado en economía y busca preparar alumnos con una base teórica sólida, pero con un entrenamiento práctico en implementación de políticas.

La Kennedy ofrece además programas conjuntos con varias escuelas de negocios, y con las escuelas de Leyes, Medicina y Teología de Harvard. Y cuatro programas de doctorado: Políticas Públicas, Economía Política y Gobierno, Políticas de Salud y Política Social.

Sus profesores están organizados en diez áreas: defensa, economía y negocios, relaciones internacionales, leyes y regulaciones, liderazgo y servicio público, ONGs, ciencia y medioambiente, política social, gobiernos locales y gobierno y política americana.

Pese a que la escuela es un lugar interdisciplinario, los economistas tienen mucho poder. Entre los pesos pesados están Jeffrey Liebman (mano derecha de Obama), Richard Zeckhauser -que tiene algo de genio loco y que juega poker y bridge con Bill Gates y Warren Buffett-, Dani Rodrick, George Borjas, Jeffrey Frankel y Ricardo Hausmann, ex ministro de Hacienda de Venezuela y ex economista jefe del BID. También está el chileno Daniel Hojman.

Además de los economistas, otras estrellas son Heifetz, psiquiatra y músico, que combina las lecciones de psicoanálisis y jazz para enseñar liderazgo. David Gergen, comentarista de la CNN y ex asesor de cinco presidentes de EEUU, que enseña el tejemaneje de la política americana y empuja a sus alumnos a entrar directo a la política, sin escalas ("porque es ahí donde se les necesita¨, dice). Hehir, sacerdote jesuita, enseña ética de la guerra y es una voz muy respetada en la política exterior americana. Allison, ex decano, es experto en terrorismo nuclear. Nye, que acuñó la expresion soft power, enseña relaciones internacionales. Mandell negociación, Power -ex asesora de Obama- derechos humanos y genocidios,  Danziger oratoria…la lista de profesores estrella del Kennedy es larga. Muchos son académicos puros. Otros navegan de ida y de vuelta entre la universidad y el gobierno.

La escuela sirve como puente entre quienes aplican las políticas públicas y los economistas más duros. El MPA/ID fue creado por Jeffrey Sachs cuando dirigía el centro de Desarrollo Económico precisamente porque sentía que los economistas que debían implementar sus ideas no entendían el lenguaje de los problemas reales. En la Kennedy, a diferencia de otros departamentos de Economía, a los economistas se les premia por aplicar sus teorías en la realidad.

La escuela está conectada al mundo: los alumnos -en general idealistas que quieren cambiar el mundo- pasan veranos en África y en la Fed, en la campaña de McCain o la ONU, en Wall Street o empujando sus tesis de doctorado en Boston. Y está conectada al resto de Harvard. Estudiantes de las escuelas de Negocios, Educación, Leyes, Salud Pública o Teología, toman cursos electivos. Lo mismo que  los alumnos de MIT y Tufts. Y al revés también. El melting pot, como dicen los gringos, es a ratos caótico, sobre todo en las clases en que se discuten casos. Pero la diversidad de visiones y experiencias, al igual que las horas en el fórum, son una parte central del aprendizaje que ofrece la Kennedy, como la llaman con cariño muchos de sus estudiantes latinos.