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Si había una luz prendida a las 4:00 a.m. en el Instituto de Economía del Massachusetts Institute of Technology (MIT), esa tenía que ser la de la oficina de Ricardo Caballero. Su costumbre de no dejar pasar las buenas ideas, fuera la hora que fuera, lo hacía estar matiné, vermut y noche en la universidad. "Eso era hace algunos años. Aún trabajo bastante, pero principalmente en mi casa. Es cierto que me cuesta desconectarme", reconoce desde Boston.
Caballero asumirá en septiembre como director del Departamento de Economía del prestigioso Massachusetts Institute of Technology (MIT), cuna de varios nobeles de Economía, como Bob Solow, Franco Modigliani y Paul Samuelson, "quien todavía viene a los almuerzos de profesores y nos deslumbra con una mente maravillosa", cuenta Caballero. Este cargo no hace más que confirmar el sitial que hoy tiene: se le considera el economista chileno que más lejos ha llegado en la academia a nivel mundial.
La próxima semana llegará invitado a Santiago a un seminario organizado por Security, La Tercera y Qué Pasa, el jueves 7 de agosto en CasaPiedra. Ahí dará su visión sobre la contingencia. Además se quedará hasta mediados de mes como profesor de "Tópicos de macroeconomía internacional" en el doctorado de Economía de la UC, que dirige José Miguel Sánchez.
Fue precisamente a Sánchez a quien se le ocurrió la idea de traerlo. Primero convenció a Enrique Cueto -gerente general de LAN y ex compañero suyo y de Caballero en la UC- para que la aerolínea auspiciara los pasajes. El grupo Security, en tanto, se lo peleó para el seminario.
Su frustrado ingreso al mundo de los negocios
Este puntarenense ingresó a estudiar Ingeniería Comercial a la Universidad Católica a fines de los '70 con la idea de seguir Administración, pero de pronto se dio cuenta de que no eran los negocios, sino el método científico lo que más le gustaba.
"Fue mi primer encuentro, bastante tangencial, con preguntas sin respuesta inmediata, pero con esperanza de investigar y posiblemente algún día resolver", recuerda.
Ingresó a un magíster en Economía y fue entonces donde comenzó todo. Particularmente después de la tesis "Short Run Macroeconomic Model of the Chilean Economy: Specification and Estimation" (un modelo aplicado de macroeconomía chilena), dirigida por Vittorio Corbo, quien se convertiría en uno de sus más cercanos. "Es el estudiante más brillante que he tenido. Muy trabajador y creativo", cuenta el ex presidente del Banco Central.
Ex compañeros recuerdan las apasionadas discusiones entre maestro y discípulo, sobre todo cuando este último rebatía sus teorías y corregía a Corbo delante de toda la clase.
El profesor ya lo había fichado como ayudante de investigación en la UC y Caballero compartía oficina con Sánchez, también ayudante, en "unos gallineros de San Joaquín, donde ahora está Astrofísica", recuerda su compañero.
A fines de 1982, Caballero fue contactado por el entonces poderosísimo grupo Cruzat-Larraín para trabajar en su departamento de Estudios, con Juan Andrés Fontaine. Sin embargo, no alcanzó ni a pisar la oficina: el grupo fue intervenido antes de su primer día de trabajo. "Cuando me fui de la Católica para tomar unas pequeñas vacaciones antes de comenzar en Cruzat-Larraín, Vittorio Corbo me gritaba desde una ventana del segundo piso que yo volvería a la Universidad... estaba en lo correcto", recuerda Caballero.
Fue precisamente Corbo el "culpable" de que le tomara el gusto a la academia y que, luego del magíster, postulara a una beca de doctorado en el MIT. "Creo que yo lo convencí de que se fuera a estudiar allí", corrobora Corbo.
La llegada a EE.UU.
Tras ser aceptado en MIT, Caballero partió a Boston. Era 1984 y en Chile la crisis de la deuda estaba en su apogeo.
"Llegamos, literalmente, recién casados con mi mujer. Inicialmente no tuvimos suerte en la lotería del housing y tuvimos que arrendar un departamento afuera del MIT. Los primeros que vimos a precios razonables, eran en barrios de miedo. Cambiamos rápido de idea y optamos por vivir en un departamento horrible, pero en un área muy bonita de Beacon Hill. Estaba entre un subterráneo y un primer piso, y veíamos pasar continuamente las piernas de los turistas", cuenta el propio Caballero.
No era el único chileno en esas condiciones. "Las becas eran muy modestas. Más de la mitad se iba en puro arriendo. De hecho, oficialmente varios de nosotros estábamos, literalmente, bajo la línea de la pobreza. Vivíamos bien apretados", recuerda Salvador Valdés, quien había aterrizado un año antes en las mismas condiciones que Caballero.
Por esa época, Vittorio Corbo había sido designado como gerente de la División de Ajustes Macroeconómicos y Crecimiento del Banco Mundial y se había trasladado a Washington. Allá y por tres veranos contrató a su pupilo como ayudante de investigación, mientras éste estudiaba su doctorado en MIT.
"No sólo trabajaba conmigo, sino que también vivía en mi casa", recuerda el ex presidente del instituto emisor, cuya señora, además, se convirtió en una gran amiga de la mujer de Caballero. Veinte años después, la historia es recíproca. Cada vez que Corbo pisa Boston se aloja en la casa de Caballero. "Vez que voy a Estados Unidos, busco una excusa para pasarlos a ver", comenta.
Nunca han perdido contacto: "Vittorio Corbo es parte de todas mis decisiones académicas importantes", asegura Caballero.
Una vez más, el tema es recíproco. Cuando el presidente Ricardo Lagos llamó a Vittorio Corbo en 2003 para reemplazar a Carlos Massad -quien renunció a la entidad luego que estallara el escándalo Corfo-Inverlink-, Caballero jugó un rol fundamental. "Fue una de las pocas personas, aparte de mi familia, a las que consulté. Y él me recomendó que lo tomara. En las pocas horas que tuve para responderle al Presidente Lagos, hablé con él varias veces", cuenta el ex presidente del instituto emisor.
-¿Le recomendaría la experiencia del Banco Central a Caballero?
"Es una decisión muy personal. Para mí fue una experiencia muy interesante. Lo que sí, espero que si mañana se lo ofrecen, me llame también", bromea Corbo.
En lo académico, su paso por el MIT no pasó inadvertido. Como alumno interactuó con Olivier Blanchard (jefe de economistas del Fondo Monetario Internacional (FMI)), Stanley Fischer (gobernador del Banco Central de Israel) y Rudi Dornbusch (ex profesor del MIT), con quien en 2002 escribió el polémico artículo "Argentina: un plan de rescate que funcione" en el que proponían que ese país renunciara a su soberanía económica y financiera para salir de la crisis.
"Él siempre fue un buen alumno, pero empezó a destacar aún más cuando tomó cursos de matemáticas y finanzas teóricas", cuenta Salvador Valdés.
En mayo de 1988, Caballero obtuvo su doctorado en Economía en el MIT y partió a la Universidad de Columbia.
Contrato vitalicio
"Ellos fueron muy generosos conmigo. Tuve varias ofertas en el camino, de lugares mejor rankeados en esa época, como Penn, Princeton y Chicago. Pero me sentía muy a gusto en Columbia", explica Caballero.
Según cuenta Salvador Valdés, fue en esa universidad donde Caballero realizó un avance bastante importante en el estudio de las inversiones, cuando investigó la heterogeneidad de inversión de las empresas, que terminó por dejar obsoleta la teoría de costos de ajustes.
El MIT no demoró mucho en tratar de recuperar a su ex alumno. "Yo estaba pasando por un periodo muy productivo. Mi nombre circulaba bastante como una de las promesas y Harvard, por otro lado, estaba tratando de atraer a Olivier Blanchard. Sospecho que Olivier pidió -como parte de su paquete para quedarse en MIT- poder contratar a otro macroeconomista", explica Caballero. Aunque se barajaron otros nombres, finalmente lo contrataron.
Columbia contraatacó otorgándole el tenure, el codiciado contrato vitalicio, medida inédita en esa época, tomando en cuenta que, en general, el beneficio se otorgaba después de pasar un mínimo de siete años y Caballero llevaba apenas cuatro.
Aunque MIT no podía responder con la misma oferta, Caballero tomó una de las decisiones más trascendentales de su carrera y partió. "Al final, el riesgo valió la pena. No sé si cumplí con lo que esperaban de mí, pero ya no me pueden echar, ya que tengo tenure", bromea.
En 1992 volvió a Boston y dos años después le estaban entregando el vitalicio. Por esa época pasaba la mayor parte del tiempo entre la investigación y las clases. Andrea Repetto, que entonces se estaba doctorando, lo recuerda como una de sus principales influencias. "Siempre estaba poniendo temas nuevos, moviendo la frontera. Uno tenía miedo de interrumpirle una buena idea, pero podía tocarle la puerta cuando lo necesitaba y sabía que podía contar con él para tomar un café y hablar tanto de las clases como de la vida", cuenta la hoy directora del Máster en Economía y Políticas Públicas de la Universidad Adolfo Ibáñez.
Los años, la escasez de tiempo y la diferencia generacional lo han vuelto hoy más selectivo a la hora de las reuniones. "Soy bastante mañoso con mi tiempo, pero sí me interesa mucho saber qué están haciendo las nuevas generaciones", confiesa. Además, su humor irónico, algo negro, hace que no todos lo consideren el "profe buena onda" que al principio de su estadía se ganaba los premios al mejor docente del Instituto.
"Él tuvo la puerta abierta para recibirme siempre, pero es selectivo. Abre las puertas a los alumnos que tienen una combinación entre capacidad y áreas de interés que le gustan", cuenta Francisco Gallego, economista de la UC, ex alumno y ex ayudante de Caballero en MIT.
Gallego recuerda que cuando tuvo que exponer en un seminario sobre un tema que no tenía que ver con el área de Caballero, éste llegó. "Todos estaban impresionados. Se puso a comentar y a entregarme observaciones cuando no tenía por qué ir. Fue súper importante".
Cuando otro de sus alumnos chilenos, José Tessada, se casó con su compañera en MIT, la canadiense Jeanne Lafortune, Caballero les envío un mail. "Nos había comentado que estaría fuera en esa época y aun así se acordó y nos envió una nota. No es que le sobre el tiempo, pero se acordó", cuenta Tessada, quien también fue ayudante de Caballero y hoy junto a su señora son profesores de Maryland.
Varios recuerdan entre sus clases la invención de palabras para explicar sus teorías, como "Scrambling" (de scrambled eggs, huevos revueltos, un revoltijo) y "Elastification" (movimiento de la elasticidad), que los latinos entendían perfectamente, pero que los angloparlantes se desvivían por buscar en diccionarios económicos sin resultado favorable.
Su nueva rutina
Hoy su vida académica parte temprano. Trabaja en casa hasta mediodía y luego parte a la universidad, donde se queda hasta las 16:00 ó 19:00 horas, dependiendo si tiene o no seminario. "Espero que no cambie mucho mi rutina, quiero dejar las mañanas para mi investigación académica y la tarde para materias administrativas", dice. Su nuevo cargo de director le permite no hacer clases, "aunque seguiré impartiendo medio curso de doctorado, para no quedar obsoleto muy rápido", añade.
Hacer clases le gusta. Pero lo que realmente le apasiona es la investigación. "Me fascina y no existe otro lugar como Estados Unidos y el MIT en particular para hacerla. No hay nada comparable con esto en economía. Hasta Europa está a años luz", afirma y confiesa su profunda admiración por Estados Unidos y su pueblo. Sin embargo, todavía no cambia su nacionalidad chilena: "Mi señora me mata, a pesar de que le he explicado varias veces las ventajas tributarias de hacerlo".
Según Gallego, "es bien notable cómo ha seguido produciendo después de haber tenido el tenure. Es capaz, desde la práctica, de identificar mecanismos estilizados y llevarlos a la teoría".
Desde Boston, Caballero bromea con que su próxima presentación en el seminario organizado por Security será "sin ecuaciones, para que no se asusten". Pero lo cierto es que la vida de este académico está llena de fórmulas que sirven para explicar los "grandes temas" económicos del momento.
Desde que se decidió por la academia, sus esfuerzos han estado puestos en la investigación "sobre macroeconomía en el ámbito nacional y mundial. Temas como tipo de cambio, política monetaria, fiscal, crecimiento agregado y globalización", según explica Salvador Valdés. Sin olvidar, por supuesto, el tema tan de moda por este minuto: "la crisis".
"Lo que estudia es muy importante ahora", explica Francisco Gallego. Según él, es el tema de las fricciones y cómo éstas se manifiestan y comportan en los distintos ámbitos, como el laboral, financiero y la rentabilidad, lo que ocupa las pequeñas -y preciadas- neuronas de Caballero y lo que lo catapultó como futuro "chairman" del instituto más reputado de economía a nivel mundial.
Desde ese puesto, el economista abordará dos desafíos: "Uno, mantener nuestra posición líder; lo otro es fomentar la aplicación de investigación de avanzada a temas de política económica práctica".
Según Caballero, "el problema de tener el mejor Departamento de Economía del mundo es que somos 'atacados' continuamente. Tanto nuestros profesores como nuestros potenciales alumnos de doctorado son tentados con ofertas mucho más generosas que las nuestras. Hasta ahora nos hemos defendido en base a nuestro prestigio, pero es un equilibrio frágil. Estamos en una campaña para generar un stock de capital suficiente como para reducir nuestra vulnerabilidad".
Respecto del segundo punto, Caballero indica que "en términos de aplicaciones, tenemos un laboratorio de pobreza (J-Pal) que está revolucionando la evaluación e implementación de programas sociales usando tecnología econométrica de punta. No me cabe duda de que en unos pocos años el Banco Mundial y otras instituciones de este tipo se moverán en esta dirección. Me gustaría extender este tipo de conexiones a otras áreas de la economía. Todo esto con perspectiva, porque al final del día nuestros profesores son principalmente investigadores puros, y es esta investigación relativamente abstracta la que determina la reputación académica".
La academia y la crisis
Caballero no se desentiende de los vaivenes y la incertidumbre de la economía mundial. Aquí cuenta cómo se vive y piensa ésta dentro de las universidades estadounidenses.
-¿Cómo se vive la crisis económica desde la academia? ¿En qué tipo de investigaciones se ponen los esfuerzos?
-Depende del área de investigación. Para gran parte de la academia la crisis no es más que un tema de conversación a la hora de almuerzo. Tiene muy poco efecto en la investigación, excepto para aquellos que están particularmente interesados en sistemas financieros y su impacto en la macroeconomía. Este es mi caso. Yo he perdido capital financiero, pero he ganado capital humano. El mundo académico de frontera tiene objetivos de más largo plazo. Crisis y eventos cotidianos proveen nueva información, pero rara vez cambian el cauce de la investigación, al menos en forma contemporánea.
-Desde la academia, ¿hubo alguna alerta previa de la recesión al punto que ha llegado hoy?
-Todo el mundo sabía que había fuentes de fragilidad importantes, y que el mercado de viviendas era particularmente peligroso, pero sin lugar a dudas la crisis financiera ha durado más de lo esperado. Por otro lado, aún no hay recesión, luego, el ajuste real ha sido menos del esperado dada la magnitud de la crisis financiera.
-Usted declaró que "el escenario catastrófico de una crisis global es poco probable". ¿Mantiene esta opinión?
-Sí. De hecho la crisis todavía está contenida principalmente en el sistema financiero. El sector real lo ha hecho bastante bien. Dicho esto, no quiero dar la impresión de que la situación no es delicada. Sí lo es, y perfectamente podemos entrar en una crisis mayor si no se estabiliza luego el sistema financiero.
-¿Cuáles son los temas más recurrentes hoy en la academia económica estadounidense?
-Hay demasiadas áreas de investigación dentro de la economía, variando desde temas muy aplicados como los mencionados anteriormente, pasando por temas puramente metodológicos, y llegando a áreas en la intersección de neurociencia, sicología y economía. Dentro de la macroeconomía y finanzas, que son las áreas que más domino, hay mucho interés en entender cómo se comportan los mercados y economías cuando la información de los agentes no es homogénea, o es sumamente imprecisa, o simplemente errada.
-¿Cómo se tratan los temas "candentes" como petróleo, commodities, inflación? ¿Hay gente trabajando en la academia para solucionar problemas futuros respecto de estos temas?
-La energía es un enorme tema en MIT, no dentro del Departamento de Economía, sino a nivel de toda la universidad. MIT está únicamente posicionado, por su énfasis y excelencia en ciencias y tecnología, para hacer una contribución realmente importante en este tema. Esta es otra área donde me gustaría ver iniciativas conjuntas entre nuestro departamento y el resto de la universidad. Dentro de los temas puramente económicos asociados a éstos, yo estoy trabajando en un modelo para explicar la interacción entre las crisis financieras, el precio del petróleo y la inflación. Presentaré algunas de las ideas principales de este trabajo en el seminario en Santiago.
-¿Cuáles son sus áreas favoritas de investigación, más allá de su cargo?
-Estoy particularmente interesado en entender cómo cambian los sistemas económicos y la respuesta de política económica óptima durante periodos de alta confusión. También estoy trabajando en entender fenómenos especulativos, como los observados en el precio del petróleo, y su impacto en los flujos de capitales a niveles globales. Finalmente, junto a Eduardo Engel, estamos estudiando los factores que determinan la velocidad de transmisión de distintos shocks a la inflación.
-Ha habido una gran discusión respecto de la creciente importancia de los economistas. Son como los filósofos en la antigüedad. ¿Qué opina al respecto?
-Quisiera que fuera cierto. A mí me parece que por ahora, al menos en países como Estados Unidos, los abogados tienen la delantera. La gente está tan asustada de los juicios, que todo se consulta con abogados. El primer libro que leí después de ser nominado como chairman de nuestro Departamento fue acerca de cómo evitar, o al menos no perder, todo tipo de juicios. No, en serio, creo que la ciencia económica, más allá de sus temas específicos, provee una forma extremadamente útil de pensar y organizar los elementos necesarios para una decisión en una gran variedad de ámbitos. Luego no me sorprende que los economistas estemos metidos en una gran variedad de temas de políticas públicas.
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