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Las recientes sanciones de la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) por uso de información privilegiada en transacciones previas al anuncio de la fusión entre D&S y Falabella vuelven a poner en el centro de discusión uno puntos débiles del mercado de capitales chilenos. Desgraciadamente, el uso de información privilegiada sigue siendo el principal defecto que muchos extranjeros que invierten en Chile me han mencionado al momento de analizar las virtudes y vicios de nuestros mercados financieros. Y no se trata sólo de casos como el sancionado recientemente. También existen cuestionamientos al uso de información reservada por parte de intermediarios (en episodios de front running, o anticiparse para beneficio propio a transacciones que se hacen a cuenta de terceros), así como a la falta de transparencia al hacer recomendación de compra o venta de valores, sin divulgar la existencia de posiciones propias.
Si bien este tipo de sanciones no son del todo nuevas (recordemos las multas cursadas en 1996 a raíz de la toma de control del Banco de Santiago y las multas a los ex controladores del Banco de Chile en el 2003), este episodio presenta aspectos novedosos.
En primer lugar, junto al uso de información privilegiada se sanciona la falta de reserva por parte de directores y asesores con acceso a información privilegiada. Por otra parte, la SVS innova en la manera en que formula los cargos, al utilizar, en el caso de las personas que habrían transado utilizando información privilegiada, la figura de presunción respecto a lo que motivó tales transacciones. Habrá que ver si en el proceso de apelación a los tribunales de justicia las cortes también están dispuestas a tomar el mismo camino.
En todo caso, no deja de ser importante que sigue siendo muy difícil probar casos de uso de información privilegiada, justamente porque se trata de información que es de naturaleza privada y que no está bajo el escrutinio público del mercado o de las autoridades. A pesar de estas dificultades, es positivo reconocer los avances del regulador en la detección, análisis y posterior sanción de estas conductas. El merecido reconocimiento que diversos agentes del mercado han hecho a la labor realizada por la entidad supervisora que lidera Guillermo Larraín, es un importante paso adicional en el camino que ya habían iniciado los superintendentes que lo precedieron, que permitieron, entre otras cosas, contar con una capacidad de vigilancia e investigación que la SVS antes no tenía.
Si bien podemos alegrarnos de que hoy el mercado chileno ha podido avanzar en aumentar sus estándares respecto a prácticas contrarias a un adecuado funcionamiento del mercado, me temo que quizás no se pueda cantar victoria. Lamentablemente, como dice el refrán, "los malos hábitos son difíciles de matar".
Si bien ya existe una mayor sanción social respecto a aquellos que se benefician de información privilegiada obtenida de manera burda con algún familiar o amigo, aún queda una zona gris donde coexisten dos categorías de inversionistas, donde los privilegiados cuentan con las redes adecuadas que les dan acceso a información restringida al público en general, que si bien no es técnicamente privilegiada, sigue impidiendo que el mercado sea una cancha pareja para todos. Si bien ha habido avances al respecto, especialmente de empresas que han emitido afuera, aún se debe avanzar hacia una mejor difusión de información a todos los inversionistas por igual.
Más importante aún, debemos avanzar en darle un uso adecuado a la información privilegiada y mantener la debida reserva los que tenemos exposición a ella. Esto es mucho más difícil de cambiar en una sociedad donde es tentador hacer demostración pública del poder que significa tener acceso a información restringida y que me pone en una situación de superioridad. Renunciar al poder que la información conlleva, manteniendo la boca cerrada, es una tarea gigantesca pero necesaria si queremos que nuestro mercado se siga desarrollando.
Unas palabras finales respecto a la regulación que acabamos de ver en acción contundente con las sanciones de la SVS. Muchas veces solemos (y me incluyo) achacarle al exceso de regulación los males e ineficiencias del mercado de valores y otros mercados regulados. Es cierto, elaborar y hacer cumplir manuales de uso de información de interés para el mercado, por ejemplo, consume tiempo y recursos. Sin embargo, mientras existan malas prácticas como el uso de información privilegiada, me temo que estos costos no sólo son necesarios, sino deseables. El costo de un mercado donde los pequeños inversionistas o extranjeros han perdido la fe es muchísimo mayor.
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