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Edward Marram les hace clases a los alumnos del MBA que ingresaron en mayo pasado al college. Con 88 años de historia, Babson se ganó el prestigio de ser una casa de estudios cuya misión es enseñar a emprender.
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No era un secreto. Antes -desde su fundación en 1919 y hasta principios de los 80-, ésta era una escuela asociada casi exclusivamente a los hijos de dueños de empresas familiares. De hecho, hasta aquí llegaban los herederos de las grandes fortunas latinoamericanas, que eran una quinta parte del todo el alumnado. En Babson, por ejemplo, se graduó en 1968 el venezolano Gustavo Cisneros, quien tomaría las riendas del negocio creado por su padre. Por este campus pasaron también varios miembros de la familia de Lorenzo Mendoza, propietario de Polar -el mayor conglomerado industrial venezolano-, y Álvaro Noboa, el ex candidato presidencial ecuatoriano dueño de Bonita, una de las principales productoras de plátanos a nivel mundial. Los chilenos no se quedaron atrás. Andrónico Luksic Craig ingresó a la clase del 76 y Ricardo Massú, el dueño del 0,1% del BBVA de España, lo había hecho dos años antes.
Las cosas en Babson College, sin embargo, han cambiado y hoy -con un rango de estudiantes más amplio que antaño- es una universidad que marca pauta a nivel mundial en la enseñanza del emprendimiento: su MBA lleva 15 años liderando el ranking que elabora la revista "US News & World Report". Y si hay alguien que sabe bien de estas transformaciones, ése es Les Charm, antiguo estudiante de esta escuela, empresario y actualmente uno de sus académicos.
Charm ingresó a Babson en 1964 para estudiar Administración de Empresas, básicamente porque su padre tenía un negocio. Egresó a los 20 años y se instaló en la oficina familiar. Luego, se inscribió en la Harvard Business School para realizar un MBA, donde estuvo tres años. Tras graduarse, en 1970, Charm formó su propia firma: Young & Charm, especializada en realizar consultorías a nuevos emprendimientos. Habrían de pasar muchos años, hasta que en 1985 decidió que era hora de hacerle un homenaje a su progenitor. Su primera idea fue crear un premio, pero tras conversar con los académicos de Babson y ver que allí se sistematizaba cada vez más la enseñanza del emprendimiento, comenzó a enseñar. No se ha detenido en 23 años.
Todo en 141 hectáreas
Fundada por el empresario Roger W. Babson, la Escuela de Negocios contaba desde sus inicios con un plan de estudios que mezclaba clases dictadas por académicos y otras por empresarios que entregaban una visión real de los negocios. Aunque los alumnos estudiaban casos y visitaban compañías para ver de cerca la realidad, la universidad no pasaba entonces de ser una más de las cerca de 70 que existen en el Gran Boston. En esta zona se congrega desde siempre la elite intelectual del país, en torno a instituciones como Harvard -la primera universidad que se fundó en EE.UU.- o el Massachussetts Institute of Technology (MIT).
Si bien desde hacía un tiempo que el Babson College estaba buscando sistematizar la enseñanza del emprendimiento, recién en 1982 se dieron los primeros pasos "que llevaron a la institución a convertirse en un college realmente importante", señala Charm. Diez años después, dieron un tranco más allá y cambiaron la tradicional malla curricular en la escuela de pregrado: se dejan de lado los cursos tradicionales como finanzas y marketing, y en su lugar los aspirantes a Bachelor of Science -el único grado que se entrega- deben pasar los cinco módulos que rastrean el ciclo de vida de una empresa o negocio: desde su creación hasta su venta. Sólo si es necesario, a los alumnos se les refuerzan materias puntuales. Pero el esfuerzo está en entender cómo se inventa y se vende una empresa.
Distante a 25 minutos en auto de Boston, al interior de las 141 hectáreas de Babson conviven tres centros de estudios: uno para pregrado, otro para postgrado y un tercero para la educación de ejecutivos. Durante el año académico 2007-2008, las primeras dos instituciones registraron 3.400 estudiantes, provenientes de 75 países. Mientras en el pregrado el 24% de los estudiantes es de origen internacional, en el MBA la cifra sube al 50%. De Chile, asisten en promedio cuatro alumnos por año.
Los estudiantes conviven aquí sin que su rutina académica se vea alterada por la presión de sus apellidos o porque algunos estudiantes deben usar guardaespaldas cuando están en sus países de origen. "Cuando tienes alumnos de familias reconocidas, acá simplemente son un estudiante más. No hay medidas especiales de seguridad ni un trato diferente", señala Walter Esquivel, que enseña aquí el curso de Empresas Familiares. Pasear por Babson Park, el barrio universitario, es especialmente agradable en primavera, ya que es la época en que los prados de la escuela -con sus árboles centenarios, su cuidado jardín y muchísimas ardillas por todas partes- contrastan con el rojo de los ladrillos de las construcciones típicamente bostonianas. Y entre tanto verde, está bien plantado un vástago del mismo árbol donde en 1665 Isaac Newton vio caer la manzana que lo llevó a la formulación de la ley de la gravedad, en Inglaterra.
Para ser admitidos, los alumnos deben cumplir requisitos claros. Los explica Walter Esquivel: "Tener una actitud y conocimiento de haber tomado un riesgo y tener una recompensa, haber realizado pequeños emprendimientos, como levantar capital para la comunidad en la que viven, o haber creado cosas pensando en el futuro". En el caso de la escuela destinada a capacitar a los CEO y altos ejecutivos de diferentes empresas, las cosas son un poco distintas: se trata de un programa -rankeado por la revista "Financial Times" en el Nº 6 a nivel mundial- que por lo general dura un par de días, en los que se enseña a desarrollar y poner en práctica métodos innovadores y estrategias emprendedoras. Para los ejecutivos que asisten a estos cursos, Babson tiene un moderno centro, el cual incluye un hotel. Pero si los servicios son contratados por una empresa en otra parte del mundo, como Hong Kong, Malasia o India, la universidad no tiene problemas en llevar a sus mejores profesores a domicilio.
Edificios nombre propio
Se estima que cerca de 50 chilenos han estudiado en Babson y que el 80% de ellos lo ha hecho en los últimos 10 años, cuando la institución ya lideraba los rankings por su apuesta al emprendimiento. Dentro de la nueva generación, se cuentan Andrónico y Davor Luksic Lederer -quienes estudiaron el pregrado y cursaron un MBA-; Franco Mellafe Angelini, sobrino de Roberto Angelini; Ari Wurmann, fundador de Franktitude -la tienda de hot dogs en Miami-; Patricio Cortés, director del Centro para el Emprendimiento y la Innovación de la Universidad del Desarrollo; y Francisco Opazo, quien fue incluido este año en la lista Who's Who Among American Universities and Colleges Award, que distingue a alumnos de diversas universidades que destacan en temas académicos, servicios a la comunidad y liderazgo en actividades extracurriculares.
Pero el chileno que más da que hablar en Babson es Andrónico Luksic Craig, quien ha financiado varios proyectos al interior del college, por lo que la universidad lo homenajeó en 1996 dándole su apellido a un edificio del campus. El Luksic Hall se encuentra a pasos de la escuela de graduados, el Olin Hall, y en su interior alberga un complejo de oficinas. Pero no es el único inmueble que aquí tiene nombre propio. Todos los edificios del campus llevan el nombre de algún emprendedor, casi siempre un ex alumno, como el Arthur M. Blank Center for Entrepreneurship, que toma su nombre del cofundador de Home Depot, o el Stephen D. Cutler Investment Management Center, en honor al presidente de Essex Ivestment Management Co.
Considerado como un "benefactor" en Babson, Luksic aporta con sumas que hacen posible que exista, por ejemplo, el Instituto Latinoamericano de Negocios (ILAB). Fundado en 1998, es el primero de los tres institutos regionales -se suman uno para Asia y otro para Europa- del William F. Glavin Center for Global Management, donde se enseña emprendimiento. Debido a sus donaciones, Luksic posee un director en Babson College: se trata de Walter Esquivel, el mismo maestro de Empresas Familiares y que además es el director ejecutivo del Glavin Center.
Los links con Chile no se acaban allí. Los estudiantes de los postgrados de la Facultad de Negocios de la Universidad del Desarrollo (UDD) pueden pasar unos días en Babson College, aprendiendo emprendimiento. De hecho, 30 estudiantes viajaron en junio al programa de Entrepreneurship. Encabezados por el director del MBA, Raúl Alée, los alumnos revisaron en seis módulos, de cuatro horas cada uno, el ciclo de vida de un negocio. Basados en empresas que estaban en diferentes etapas de su vida, los profesores desmenuzaban los casos y pedían soluciones. Y como en cualquier estudio de caso, no hubo respuestas malas; sólo salidas innovadoras para diferentes problemas.
En esa misma fecha, la UDD logró sellar tres nuevas alianzas con Babson, que se suman al programa del MBA, que tiene su currículo hermano al del college. La primera, la creación del Center of Case Research, en el que la UDD junto a Babson escribirán casos de empresas chilenas para que sean estudiados en ambas instituciones. La segunda, una pasantía estudiantil mediante la cual un alumno del MBA local podrá cursar un semestre en Babson. La tercera, el programa Joint Management Consulting Field Experience: dos estudiantes de la escuela de graduados de Babson y dos estudiantes de la UDD realizarán una consultoría para una empresa chilena que pretende llevar sus productos a Estados Unidos. Parten el 25 de agosto y terminan a fin de año con una exposición ante la empresa, en Babson College.
La otra universidad chilena que tiene vínculos con Babson es la Adolfo Ibáñez. A ella se suman otros 21 centros de estudios asociados con esta escuela norteamericana, que van desde la Tsinghua University, en China, hasta la Fundación Don Cabral, en Brasil, y la London Business School. Con esta última, Babson elabora cada año el Reporte GEM del Global Entrepreneurship Monitor, que le toma el pulso a la actividad emprendedora de 41 países, Chile incluido. El diagnóstico local lo realizan la UDD y la Adolfo Ibáñez.
Las claves de un emprendedor
Independiente de la modalidad tomada para estudiar el MBA -un año, dos años o por las tardes-, la idea de Babson es que sus egresados sepan diferenciar entre una idea y una oportunidad. Eso es clave. "Todos tienen ideas, lo importante es la oportunidad", recalca Esquivel. El segundo paso es contar con el equipo adecuado y saber dónde y cómo levantar capital. Para ello, a los alumnos se les enseña a negociar. Quizás sea éste uno de los cursos más importantes aquí: tener claro que antes de sentarse a conversar, hay que saber cuáles son los pisos máximos y mínimos que se estará dispuesto a ceder. A ello se suman oratoria y manejo del lenguaje como elementos primordiales para los emprendedores.
Para que los alumnos integren estos conceptos durante el MBA -que en su versión anual tiene un costo cercano a los US$ 100 mil, sumando matrícula y mantención-, se estudian en promedio 300 casos. Las salas del Olin Hall están especialmente diseñadas para eso: cuentan con tecnología de punta para mantener cautiva a la audiencia, aunque siempre el profesor debe ser el foco de atención. Por eso, éste no se ubica detrás de una mesa, sólo tienen a su disposición un podio desde el cual se manejan las luces, el computador y el telón para las proyecciones.
En clases, los académicos se mueven por la sala anotando con tiza en un pizarrón de muro a muro, mientras los alumnos -algunos conectados a sus laptops- escuchan atentamente. Pueden estar un par de horas desmenuzando un solo caso. El pizarrón, en todo caso, es engañoso: a simple vista, la modernidad de la sala contrasta con esa pizarra negra, pero al poco rato uno se da cuenta que ésta en realidad está formada por nueve tableros que suben y bajan según los use el maestro. Así, no hay necesidad de borrar nada para tener espacio. Basta con subir o bajar los paneles.
En Babson hay dos clases de profesores: los que tienen un PhD. en alguna materia, y que se pueden encontrar en todas las universidades, y los profesores adjuntos, que son personas que dirigen empresas y que van a la facultad a enseñar. Estos últimos son poco más de 40 -de aproximadamente 250 que tiene el college- y todos enseñan emprendimiento. Ésa es, según Les Charm, la clave para que Babson sea única: "Tenemos un enorme pool de personas que quieren enseñar y que tienen una empresa. Eso hace que siempre se estén llevando charlistas. Por ejemplo, yo enseño Finanzas de Emprendimiento y para ello llevo a mis clases a inversionistas dispuestos a financiar nuevos emprendimientos y a emprendedores que andan buscando capital. Así, los estudiantes, graduados o ejecutivos tienen una idea real de lo que está pasando en ese minuto en la economía y aprenden a levantar dinero".
Varios gobiernos alrededor del mundo tienen a Babson en la mira. Por ejemplo, el gobierno suizo -en conjunto con una fundación- financia a los 20 mejores técnicos para que estén aquí una semana estudiando emprendimiento. Los suizos antes realizaban este programa con el MIT, pero ahora se declaran satisfechos en Babson. Y no es el único caso. Lo mismo hacen los gobiernos de Inglaterra, Francia, Escocia e Irlanda. "Hay que ser honestos -señala Charm-, Babson no es tan técnico como el programa del MIT, pero lo que obtiene la mayoría de los alumnos acá es simple: cómo hacer un negocio y desarrollarlo exitosamente". Este año será la tercera vez que lleguen los enviados por el gobierno británico, que tienen una particularidad respecto a los otros países: se trata de jóvenes cesantes que tienen buenas ideas de negocios.
Así, la receta de Babson es esparcir las claves del emprendimiento por todo el mundo. Y se enseña desde adentro, desde la experiencia, porque como dice Les Charm: "No es que enseñemos negocios familiares, es que todos aquí crecimos de esa forma". Mientras, afuera en el campus, los hijos de los grandes empresarios siguen estacionando sus Porsche y sus BMV en alguna de las 14 áreas de estacionamientos que tiene el college. Y los estudiantes más anónimos ni se inmutan con ello. Porque aquí todos están en lo mismo. Conociendo de primera fuente cómo iniciar un negocio o abrir oportunidades para las empresas en las que trabajan o las que de a poco se van armando en la cabeza.
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