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Las cifras hablan por sí solas. En Chile hoy existen más guardias de seguridad (98.500) que operarios de la industria textil (36.100). Además, de los 27.692 zapateros y trabajadores del cuero que había en 1992, actualmente sólo quedan unos 8.000. Y en estos días también hay más gente trabajando en servicios de la entretención (105.000) que como pescadores (60.000).
Cambios como ésos se han ido acumulando en el tiempo. En los años 70, factores como el aumento del ingreso medio y la liberalización comercial marcaron un hito en el mercado laboral, donde el poder de los productos a bajo precio de Oriente golpeó fuerte a la industria local, como la textil, y a los oficios tradicionales. Una década después, el auge de los servicios y el comercio hizo que cientos de trabajadores agrícolas e industriales se trasladaran hacia esos sectores en busca de mejores oportunidades. En los 90, en tanto, el requerimiento de trabajadores cada vez más especializados generó una explosión de las carreras técnicas, tendencia que no ha desaparecido: desde el 2000, esta demanda se incrementó en un sorprendente 74%, especialmente en puestos donde mandan la informática y las telecomunicaciones. A ello se sumó, en las últimas décadas, la irrupción de la mujer en el mercado laboral, principalmente en servicios financieros.
Éstas y otras situaciones han modificado el mapa del empleo en Chile y su mercado de 6.6 millones de trabajadores. "La escolarización, feminización y rotación son las principales características del nuevo mercado laboral", señala el ex ministro del Trabajo, Ricardo Solari. A continuación, las principales tendencias de este cambio.
El comercio, nuevo mayor empleador
La gran sorpresa de las dos últimas décadas es el comercio. Entre 1986 y 2006, el número de empleados en este sector varió en un 16,7%, según datos del INE. Una característica importante de esta expansión, según la vicepresidenta de la Cámara de Comercio de Santiago, Verónica González, fue el ingreso de más jóvenes y mujeres al trabajo, a través de empleos temporales y flexibles, como los de promotores.
Actualmente, las cadenas de retail son las mayores empleadoras de Chile y donde se verifica una fuerte profesionalización en la mayoría de los cargos. "Se han creado gerencias de servicio al cliente, de abastecimiento y de compras. Antes estaban en manos del área de administración y finanzas, pero hoy se han independizado", señala Aldo Sepúlveda, director regional de Adecco. Nació así la figura del KAM (Key Account Manager), quien "palm" en mano maneja presupuestos, logística y demanda.
Con el crecimiento del retail, surgieron también demandas adicionales y, con ello, nuevos puestos. Ejemplos son el analista financiero y el previsionista de riesgos, cargos que aparecieron recién en los 90.
Casi el doble de cocineros
Siguiendo en el sector comercio, alrededor del 15% del empleo allí corresponde a hoteles y restaurantes (190.000), que en el 2006 superaron, por ejemplo, a la categoría de fabricantes de maquinaria y equipos (136.000), siendo que diez años antes ambos eran similares. Esto se explica por la mayor disposición de la gente a gastar en restaurantes y hoteles, además del auge del turismo. ¿Resultado?: los cocineros, ahora profesionales gastronómicos, pasaron de 74.620 en 1992 a 128.000 en 2006, según el Censo y la Casen.
El "invento del siglo" remece al mercado
Llamado el "invento del siglo", el computador revolucionó al mundo. Según datos del Ministerio de Educación, los matriculados en las áreas tecnológicas de universidades e institutos representaron el mayor porcentaje de alumnos de educación superior en 1990, con 67.100 matriculados. El 2006 ocurrió lo mismo, con 166.969 inscritos. Aquí destacan los analistas programadores, los administradores de redes y los ingenieros informáticos, siendo esta última carrera una de las más demandadas desde 1997 al 2000 en institutos y centros de formación técnica.
Según un estudio de Cisco, actualmente la escasez en Chile de profesionales vinculados a la conectividad y las redes asciende a un 36%, mientras que en el 2010 esta demanda excederá a la oferta en un 43%, lo que significa una carencia de 8.200 de estos profesionales.
Se buscan técnicos y especialistas
El primer celular de la historia, creado en 1983, pesaba casi un kilo y costaba US$4.000. Impulsado por el "si llama, paga" y una guerra comercial sin precedentes, hoy este aparato es tan masivo que en Chile hay casi uno por persona: 14,6 millones de móviles. Este crecimiento se refleja también en el empleo, siendo el sector con mayor demanda el 2007, con un 13,4% del total según Trabajando.com. Esto se explica, según Juan Pablo Sweet, gerente general de esta firma, porque se "generó un cluster muy importante de telefonía móvil con internet, banda ancha y TV cable; y todo esto involucra a vendedores de celulares y áreas de servicios".
En todas esas áreas, el rey es el técnico. Con la llegada de la TV cable, por ejemplo, han surgido nuevos empleos como el de Ingeniero de soporte de TV. Con la llegada de la televisión digital, esta tendencia podría profundizarse. Según un estudio de Trabajando.com, entre 2000 y 2007 la demanda por técnicos aumentó en 74%. "Áreas que no requerían mano de obra especializada, ahora buscan mayor profesionalización", señala Sweet. Esta demanda apunta hacia todos los sectores e incluso hay trabajos tan peculiares como el de técnico en refrigeración de la madera para el sector forestal.
La especialización se ha tomado también las áreas de logística y gestión, cuenta Birgit Nevermann, gerente de Laborum Selección. Y ha creado nuevos cargos. Hace 20 años era impensado tener un analista de control de gestión o un analista de inventario, quien reemplazó al tradicional encargado de bodega.
Explosión de call centers
De 7.514 personas ocupadas en call centers en 1992, la cifra saltó hoy a 27.000. Ello debido a las mayores demandas de los usuarios, que llevó a empresas de diversos rubros a asociar sus marcas a un número telefónico de servicio gratuito.
Gran parte de los call centers chilenos atienden en un mismo lugar a varias empresas de distintos rubros, incluso extranjeras. Por eso, a los operadores se les exige aprender a controlar su acento y los chilenismos. La meta es el tono neutro.
El golpe tecnológico
En los años 60, el 16% de la fuerza laboral trabajaba en la industria. Hoy sólo es un 13,3%; es decir, 850.000 personas. La cifra se ha mantenido constante entre 1996 y el 2007, según el INE.
La liberalización y apertura de la economía chilena de mediados de los 70 hizo que algunos sectores automatizaran sus plantas, lo cual implicó eliminar o reinventar algunos puestos de trabajo para poder competir. Además, entre 1977 y 1981 las importaciones crecieron al 19% anual, mientras que la industria se expandió apenas 3,5%. Uno de los sectores más golpeados fue el textil y vestuario, cuyo declive se profundizó en los 90: mientras en 1996 empleaba a 152.600 trabajadores, hoy la nómina alcanza a 115.800, según el INE.
Entre las importaciones, los productos a bajo precio de Oriente ganaron terreno. Y provocaron remezones: a fines del 2007, Bellavista Oveja Tomé -la textil más antigua del país y primera lanera latinoamericana- debió bajar la cortina. Lo mismo pasará a fin de mes con General Motors, que cerrará su planta ensambladora de Arica. Lo explica la economista de la Universidad Alberto Hurtado, Marcela Perticara: "Al no tener mercado interno, hay ciertas actividades que no tienen escala, pues no venden al nivel que conviene tener la producción acá adentro". Y dice además que "la tendencia es a liberalizar, integrarse y globalizarse, salvo en algunos sectores críticos que todavía se protegen".
Según Andrés Concha, secretario general de la Sofofa, "la mayor oferta de empleos hoy la entrega la industria agroalimentaria -vinífera, carnes y alimentos procesados, entre otras-, que ha abierto un importante mercado exportador y cuyas proyecciones de crecimiento son alentadoras". A ellas le sigue la industria metalmecánica y metalúrgica, que es un importante proveedor de la construcción, minería, autopistas y sistemas de logística.
Menos peones, más peluqueros
Según cifras de la Casen, en 1996 los peones agrícolas, pesqueros y afines (385.953) era uno de los grupos con mayor concentración de empleo, pero el 2006 fueron sobrepasados por los trabajadores de servicios personales (445.000): peluqueros, banqueteros y organizadores de eventos, entre otros.
Arturo Costabal, director comercial de la exportadora Unifrutti, lo reconoció en mayo: "Hay una escasez de mano de obra, pues el retail y la minería están pagando sueldos muchos más altos y muchas veces ni siquiera es un tema de sueldo, sino que la gente prefiere trabajar en un mall que en el campo".
A nivel profesional, ocurre algo similar. Si se analizan las matrículas de la educación superior, se observa que las carreras agrícolas no crecen: se han mantenido estables desde 1996, con un promedio de 28.000 inscritos, según cifras del Mineduc.
Ejércitos de vendedoras
Durante las dos últimas décadas, la tasa de participación de la mujer en el mercado laboral chileno pasó de 29% a 39%, mientras que la del hombre se redujo de 74% a 71%, según cifras de la OIT.
Las mujeres están empleadas principalmente en el sector de servicios comunales y sociales -concentrado al 45% del total-, y en el comercio, con un 27% del total. Pero donde "reinan" es en los servicios financieros: son casi la mitad de los 52 mil trabajadores de este sector, según cifras de la Superintendencia de Bancos. Un dato curioso: la participación de las mujeres en las sucursales de bancos extranjeros supera significativamente la de los hombres, con un 61%. Y hay miles más trabajando como vendedoras de AFP, seguros, fondos mutuos o en bancos de inversión.
El sector público es también una fuente de empleo más importante para las mujeres (12.5%) que para los hombres (9.2%). El servicio doméstico también es significativo, con un 14,3%, pese a que no ha mostrado gran crecimiento la última década.
Salen sastres, modistas, zapateros
Afilaban cuchillos, arreglaban muñecas antiguas o fabricaban sombreros. Hace algunos años, todo era reparable. Se lucían los sastres, modistas y zapateros, quienes hoy casi no existen. "En general están quedando obsoletos aquellos que realizan funciones o tareas que implican esfuerzos repetitivos o rutinarios, los cuales han sido automatizados con el apoyo de tecnología", explica el presidente de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS), Eugenio Heiremans.
El ocaso humanista
Otra tendencia es el estancamiento de las carreras humanistas. Según expertos, el bajo interés por esta área llevará a nuevos cambios en el mapa del empleo. En una década más, se estima que el número de licenciados en Filosofía o Literatura habrá descendido notoriamente tras el boom de los 90.
Según datos del Mineduc, en 1996 se matricularon 20.687 alumnos en las carreras humanistas, pero el 2006 la cifra bajó a 8.179. Algunos decanos del área concuerdan con que la tendencia es que los alumnos complementen estas carreras con otras, como Pedagogía, y que a futuro sólo se impartirán en unas pocas instituciones. Otras cerrarán estas áreas, como ya ocurrió con algunas universidades.
La era del outsourcing
¿Pagar el sueldo a los empleados? Ni de eso se preocupan ahora algunas empresas. En la era del outsourcing, las compañías externalizan a su personal, sus plataformas tecnológicas, su alimentación y un sinnúmero de servicios. El fenómeno partió en los 80 "debido a cambios en la tecnología, el paso de una producción estandarizada a una más flexible y una mayor diversificación que requirió que las empresas fuesen más adaptables", explica Magdalena Echeverría, socióloga de la Dirección del Trabajo. Según mediciones que realiza esta repartición, mientras en 1998 un 20% de las empresas había subcontratado a otras empresas o a terceros, hoy lo hace el 41%.
Uno de los primeros sectores que comenzó externalizando mano de obra fue la construcción, con un 55,6% de subcontratación. En los últimos años, este sector ha crecido constantemente y con ello genera una intensa demanda de mano de obra, aunque allí señalan que hay una falta de expertos en oficios como enyesadores, pintores y eléctricos.
Debido a esto, ha habido un alza en las remuneraciones, específicamente por la alta demanda de mandos medios. En los últimos 12 meses, el número de profesionales y técnicos ocupados creció 18,3%, mientras el de obreros disminuyó en 14,7%.
Por cuenta propia
Desde 1996 los trabajadores por cuenta propia variaron en un 5%. Se trata de trabajadores informales y emprendedores y una parte importante de estos entró en esta categoría tras la crisis económica de 1998. Las cifras del GEM -principal indicador mundial de emprendimiento- indican que un 13,4% de la población laboral chilena estuvo involucrada en actividades emprendedoras el 2007; o sea, un 46% más que el 2006.
El chileno cambia de pega
En el pasado quedó la antigua tradición de jubilar en una empresa. La rotación es cada vez más fuerte: lideran construcción (57,3%) y agricultura (33%) , mientras que en la industria la tasa alcanza al 24,4%, según cifras de la OIT. Los hombres duplican a las mujeres en movilidad, y los jóvenes también suelen cambiarse de empleo con facilidad.
Este fenómeno es parte de una tendencia mundial. Por ejemplo, según la Oxford Review of Economic Policy, el número de trabajadores a tiempo completo con contrato indefinido comprendía únicamente el 50% de la fuerza laboral de Gran Bretaña en 1995, y se estima que bajará a menos del 40% en las próximas décadas.
Las profesiones con mayor rotación en Chile son Sicología y Periodismo, con un promedio de 4,5 y 4,3 trabajos diferentes en sólo cinco años y la mayoría tiene como promedio más de dos empleos tras el primer año de egreso, según datos de Trabajando.com.
La fuerza del delivery
Gente con más ingresos requiere mayores comodidades y dispone de menos tiempo. Así, hoy no es posible organizar una fiesta sin un banquetero, surgen los masajes express, el negocio de la belleza irrumpe con fuerza y las entregas a domicilio se institucionalizan. Con el delivery, el trabajo de repartidor y los empleos asociados a la logística para mantener el sistema funcionando van en alza.
El sector diversión y esparcimiento ha duplicado su cantidad de trabajadores en la última década (105.000 ), superando a los empleados del sector pesca (60.000) en el 2006, siendo que antes eran similares. Según el investigador de Ingeniería Industrial de la U. de Chile, Mattia Makovec, esto se debe a una tendencia mundial paralela al desarrollo de los países: "Muy parecido al patrón de Estados Unidos y de España. Eso es bueno, porque está subiendo el nivel medio de ingresos, se demandan más servicios y sube el empleo. En Chile esa subida ha sido probablemente más fuerte porque empezó en niveles más bajos".
Lo que viene: el boom de la salud
El INE estima que para el 2020 la población mayor de 55 años representará un 23,7% del total, siendo que en 1990 alcanzaba a un 12%. Ello generará una fuerte demanda por médicos geriatras. Pero no será ésta la única novedad en el área salud: se acentuarán también las necesidades por expertos del cáncer y especialistas en obesidad y belleza -como cirujanos plásticos-, "ya que crece la preocupación de las personas por estos temas y se destina una mayor parte del ingreso a ello, en comparación a 15 años atrás", dice Pablo Wagner, economista de la Universidad del Desarrollo.
Esta tendencia se ajusta a un estudio realizado por Futuro Laboral, que concluye que las carreras que presentan mayor potencial de empleo se relacionan con el área de salud: Enfermería, Odontología y Terapia Ocupacional, entre otras. El mundo parece ir en la misma línea, según lo demuestran análisis realizados en Estados Unidos y Canadá.
Mario Varas. Adiós a los autos Made in Chile
Esa mañana de marzo, Mario Varas salió a trabajar a la planta armadora de autos de General Motors. Se demoró quince minutos caminando. Igual que en el día anterior y el día anterior a ése. Igual a como lo había hecho los últimos 42 años de su vida ariqueña.
Varas no siempre vivió en Arica. De hecho, para que pudiera llegar a esa ciudad tuvieron que ocurrir desastres. Como que la amenaza del salitre sintético llegara hasta Iquique, a clausurar la oficina Alianza donde trabajaba su padre: sin mineral que extraer, no se necesitaba un maquinista que fuera a buscarlo. Así, la familia emigró hacia Arica y Varas lo recuerda. Fue un 18 de abril. Era 1960.
Mario Varas armaba autos en Arica y lo siguió haciendo después que General Motors (GM) se instalara allí en 1974. Desde entonces, camina hasta la planta por quince minutos cada mañana. En todo este tiempo, ha visto revueltas, revoluciones, reconversiones. Vio la llegada de los norteamericanos de GM y los mejores shows de Santiago que ellos traían a la ciudad. Vio los tiempos buenos, como cuando armaban camionetas Luv para México, Chile y Venezuela. Vio el respeto de sus compañeros, que de pronto empezaron a llamarlo simplemente Tío Mario.
Esa mañana de marzo pasado llegó a la planta cerca de las siete. Mario Varas venía por otro día de rutina. Una que había empezado en 1966 en los patios de tapicería donde se armaban los asientos, y que después siguió en los talleres de chasis y producción hasta su actual puesto en el Departamento de Control de Calidad. Varas pensaba que sería un día más. Pero a las nueve los llamaron al casino. Julie Deamer, la primera mujer encargada de la planta desde que GM llegara a Chile, les dio la noticia: la planta se cerraría a partir del próximo 31 de julio.
En la casa, su mujer, Carmela Álvarez, lo esperaba con la once servida. Él no se fue con rodeos. "Se acabó -dijo-. Van a cerrar la planta". Desde entonces, Varas no duerme bien. Se despierta a las tres de la mañana, sólo para ver que su mujer sigue ahí, que aún está oscuro y que él tiene 61 años. Pero cuando logra dormir y no se detiene a pensar que comparte el mismo destino de su padre, Mario siempre vuelve a lo mismo. A una mañana de 2006 cuando los gerentes de GM lo llamaron a su oficina para avisarle que lo invitaban a Santiago con su señora. Que viajaba en avión. Que iban con gastos pagados. Que querían agradecerle los 40 años que les había dado. A fines de este mes, eso no será más que un recuerdo. Y Varas aún no sabe qué se hace con eso.
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Andrés Artigas. El despegue de los analistas de sistemas
Andrés Artigas estuvo encerrado en un subterráneo por 12 horas seguidas y no se dio cuenta. Llegó a las ocho, se sentó frente a su computador y trabajó en la tarea de programación al igual que el resto de sus compañeros de Ingeniería Civil en la Católica. Pero él se demoró un poco más. La tarea se le borraba una vez tras otra, hasta que las ocho de la mañana se hicieron las ocho de la noche. Cuando terminó, salió y miró al cielo. "Gonzalo -le dijo a un amigo que lo había acompañado-, es de noche". Y tenía razón.
La sala donde Andrés había trabajado era conocida como el submarino. Ahí no llegaba luz y las ventanas daban a una pileta que rodeaba el edificio. Andrés estuvo sumergido. Pero venir de abajo, nunca fue un problema para él. Varios años antes, cuando aún vivía en Concepción, se sentaba los domingos a escuchar la épica familiar sobre cómo sus abuelos habían llegado desde España porque en la península ya no había qué comer. Después jugaba a armar cohetes y globos aerostáticos. Ya desde entonces, Andrés se había acostumbrado a mirar el cielo.
Dice que eligió Ingeniería por descarte, y en 1984 se trasladó a Santiago para ir a la universidad. Años más tarde, cuando tenía 23, probablemente Andrés tomó una de las decisiones más importantes de su vida. Quería salir con mención en Electricidad, pero cuando vio su malla reparó en que tomando un par de ramos más podía salir con otra mención más. Esa era Computación. Después de ese momento, su vida comenzó a despegar. Igual que sus juguetes de niño.
Por haber tomado esa segunda mención, a Andrés le ofrecieron un trabajo y una pequeña oficina en el Centro de Soporte Computacional de la facultad. Ese puesto derivó en otro donde diseñó un software de juegos militares para el Ejército, luego a Sodimac, Chile Tabacos y Principal Financial Group.
La llamada de Cencosud lo encontró manejando de vuelta a su casa. Era 2005. Andrés tenía 38 años y, tras aceptar la oferta para ser gerente de Sistemas, tuvo 150 personas a cargo. Hoy Andrés pasa la mayor parte del día en reuniones. Puede ser con clientes o proveedores que necesiten soluciones a sus problemas. Para desconectarse, arma cohetes propulsados por aire comprimido y agua. En su oficina todos se ríen. A él poco le importa. Cuenta que una vez hizo uno con su hijo al que le pusieron una cámara. Dice que voló muy alto. Andrés miró fijo al cielo. Sólo pudo sonreír.
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Ricardo Vásquez. Call centers en alza
Hay llamadas que sacuden. Para Ricardo Vásquez (31), ésta era una de ellas. Aseguró su cintillo y le dio el vamos a su primer día laboral en Teleperformance. Recibió la llamada. Era un cliente español que pedía una extensión de consumo en su celular. Lo dejó esperando. Le sudaban las manos. Se quedó en blanco.
El teléfono llevaba 21 años sonando en su oreja. La primera fue a los diez. Hay niños que le temen a la oscuridad o a los monstruos bajo sus camas. Ricardo le temía al timbre del teléfono. Su niñez pasó así. Dominando sus miedos infantiles, estudiando en un liceo técnico-profesional y mirando cómo fabricaba muebles su padre.
Con 19 años, se vio trabajando en una oficina de cobranzas. Ahí estaba el teléfono. De lunes a viernes, Ricardo tenía que llamar a clientes morosos. Se pasó ocho años en eso. Aprendiendo a que no le temblara la voz. Pero un día la empresa prescindió de él. Luego vinieron siete meses de cesantía, el fin de sus ahorros y el inicio de las deudas. Hasta que el teléfono volvió a sonar. Y Ricardo Vásquez pudo sentir en carne propia el auge de los call centers y su promesa de cupos para operadores telefónicos.
Después de sortear entrevistas y capacitaciones donde corrigieron su forma de hablar hasta que se volviera neutra, Vásquez entró a Teleperformance. Y en su primer día allí recibió esa llamada española que lo puso tan nervioso. Necesitó quince minutos de ayuda, voluntad y suspenso para dar por terminado el servicio. Pero lo hizo. Cuando colgó el teléfono, con la labor cumplida, el reloj marcaba las cinco de la tarde.
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Mauricio Césped. Taquígrafos en extinción
"Me echaron de la universidad". Así Mauricio Césped les explicó a sus padres que ya no estudiaba Derecho. Y sólo entonces pudo llorar. Las ganas de ser abogado no venían de una tradición familiar. Su padre era trabajador en Codelco y su madre llevaba años en Correos. Lo suyo fue una obsesión personal, que empezó a cumplir cuando entró a Leyes en la Católica de Concepción. Hasta que reprobó por tercera vez Derecho Constitucional y una mañana de marzo de 1989 le comunicaron que estaba fuera.
Tuvo que sobrevivir. Trabajó como procurador, en una agencia de viajes y en la Municipalidad de Peñalolén. Pero Mauricio vivía con la idea de juntar dinero para terminar sus estudios. Hasta que un amigo que trabajaba en el Congreso le habló sobre la taquigrafía. Que demoraba dos años en aprenderse, que conocía a alguien que podía enseñarle, que había buena plata. Mauricio se entusiasmó.
Entre 1999 y 2000, aprendió la teoría y adquirió la velocidad necesaria para concursar a la Cámara de Diputados. Lo aceptaron al segundo intento y tuvo su debut taquigráfico en una comisión investigadora de Indap. Con el tiempo, llegó a presidir la Asociación de Taquígrafos de Chile, cargo que ocupa hasta hoy. Descubrió que era un gremio en extinción, con no más de 100 representantes. "El oficio no se está renovando", dice, porque nadie quiere aprender taquigrafía frente a la comodidad de grabadoras y videos.
Hoy está completando sus estudios de Derecho en una universidad privada, pues su idea es tener un título universitario para optar a ser uno de los taquígrafos del Senado, cargo que pide ese requisito. Porque, según Césped, llegar allí es un upgrade en la hoja de vida de cualquier taquígrafo.
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