|
Al destacado escritor y periodista norteamericano Mark Twain se le atribuye la frase "la historia no se repite, pero suele rimar". Quizás con ello quería referirse a la tendencia que tenemos los seres humanos de tratar de buscar en el presente semejanzas con lo ocurrido en el pasado, de manera de hacernos más fácil predecir el futuro.
La reciente escalada inflacionaria global, ocasionada por las alzas en el precio del petróleo y los combustibles, ha llevado a muchos analistas financieros y medios de comunicación a comparar la actual situación con el panorama económico de los años 70.
A primera vista, las coincidencias con los acontecimientos de aquella década son sorprendentes. Una revisión de las portadas de la conocida revista norteamericana Time -que acompañan esta columna- durante los años 70 permite identificar cuáles eran los temas que les quitaban el sueño a los lectores: "Inflación Global", "Crisis del Petróleo", "Debilidad del Dólar", "Recesión en EE.UU.", "Crisis en Medio Oriente", entre otros. A pesar de ser ejemplares de hace casi 30 años, son materias vigentes hoy.
¿Volvimos a los 70?
Si bien la respuesta evidente es que mucho ha cambiado desde entonces, por cierto se "siente" como si volviéramos a estar en la era de Watergate y la música disco. En esa década, el barril de petróleo comenzó bajo los US$ 5 y terminó por encima de los US$ 35, un aumento de más de siete veces. En los últimos diez años, el precio del petróleo pasó desde menos de US$ 18 por barril a los actuales US$ 142, un alza de casi 8 veces. En el caso del precio de los alimentos, el fenómeno es similar, pero con alzas menos pronunciadas. También es muy parecida la trayectoria de debilidad del dólar: en los 70 contra el yen y el marco alemán; ahora contra el euro y las monedas de los países exportadores de commodities, como Canadá y Australia.
También hay varias coincidencias en el panorama geopolítico. A nivel global, la situación de Medio Oriente sigue siendo crítica, con la mayoría de los actores repitiéndose: Irán, Israel, el Líbano, los palestinos. EE.UU. también sigue envuelto en una guerra que parece no saber cómo terminar: Vietnam entonces, ahora Irak. Al igual que en los 70 la situación económica será determinante para definir quién será el futuro ocupante del Salón Oval en Washington. Probablemente los norteamericanos dejen en casa sus preferencias ideológicas y salgan a votar con su billetera en las elecciones presidenciales de fines de año entre McCain y Obama.
El foco en el crecimiento también estaba puesto en Asia. Sin embargo, los países que capturaban la atención cambiaron. Durante los 70, el referente de negocios y tecnología fue Japón; ahora los ojos se posan en China e India y en el impacto que su crecimiento provoca sobre las economías globales.
La innovación tecnológica entre ambos períodos también presenta similitudes. Durante los 70 por primera vez la computación llegó a los consumidores, a través de los PC y los videojuegos. Ahora son los teléfonos móviles inteligentes y los computadores portátiles bajo US$ 100 los que buscan llevar a la tecnología donde nunca antes había llegado. En los 70 los Voyager salían a explorar el espacio exterior; ahora seguimos con interés la exploración más cercana del Phoenix en nuestro planeta vecino, Marte.
La crisis del petróleo en ambos períodos acarreó -y acarreará- importantes cambios en la tecnología automotriz. El alza en el precio de los combustibles durante los setenta motivó el diseño y fabricación de vehículos más livianos y eficientes en el uso de gasolina o diésel. Ello permitió un importante avance en participación de mercado de los autos japoneses, quienes con el uso de robots inteligentes y técnicas de control de calidad lograron avances impresionantes en la producción masiva. Ahora los cambios tecnológicos en la industria vienen dados por el uso de alternativas de combustibles, como los motores híbridos o completamente eléctricos, así como las celdas de combustibles que utilizan hidrógeno.
Rima pero no se repite
Afortunadamente, no todo es igual que en los 70. Si así fuera, el panorama no sería nada de auspicioso. De hecho, asombra la resiliencia que ha demostrado la economía global a los shocks en los precios de materias primas, partiendo por el petróleo. Hubiese sido imposible imaginar tan sólo unos pocos años atrás que al actual precio del crudo el mundo no hubiese entrado en una profunda recesión económica. Si bien el panorama no es del todo claro -y que pueden venir peores noticias-, hasta el momento todo indica que la capacidad de aguante ha sido mayor a la esperada.
Les tengo que confesar que suelo ser escéptico con aquellos argumentos que comienzan con un "esta vez las cosas son diferentes". Sin embargo, es esperable que las cosas no sean exactamente igual a como fueron durante los setenta. Afortunadamente, parece que las diferencias juegan a nuestro favor.
Por un lado, las economías desarrolladas -que hoy crecen menos y están más expuestas a riesgos recesivos- son mucho menos dependientes del petróleo y los alimentos. En 1973 EE.UU. necesitaba 1,5 barriles de crudo para producir US$ 1.000 de PIB; hoy tan sólo requiere medio barril. La incidencia de los alimentos en el ingreso de los hogares cayó desde 24% en aquellos años a algo más del 10% actualmente, principalmente porque las familias ahora disfrutan de mayores ingresos. Se han transformado desde economías industriales a economías de servicios, basadas en el capital humano. Hoy son mucho más relevantes para la marcha de la economía americana, al menos desde el punto de generación de producto, empresas como Microsoft o Google, que General Motors o US Steel. Afortunadamente, porque si no estaríamos en graves problemas (aún podemos estarlo si la crisis bancaria que empezó con los subprime vuelve a generar la sensación de pánico que vivimos en marzo pasado).
Por otro lado, la tan vilipendiada globalización está mostrando sus atributos. Gracias a la mayor apertura en el movimiento de bienes y capitales, ya no se observan los graves problemas de la década de los 70, como aumentos en presiones salariales y un significativo traspaso de los mayores costos de insumos a los consumidores. La globalización del mercado laboral (con las actividades más intensivas en mano de obra no calificada relocalizándose a los países de menores costos laborales) así como la mayor competencia han hecho más difícil que los altos precios de combustibles puedan ser transmitidos al consumidor. A fuerza de ser más eficientes, y de sacar a los que no lo son del mercado, las empresas han debido enfocar sus esfuerzos en ser más productivas y redoblar sus esfuerzos en rebajar costos.
Finalmente, desde el punto de vista de generación de crecimiento, el mundo de fines de los 2000 es mucho más equilibrado de lo que lo era hace más de tres décadas. Los países emergentes son ahora suficientemente relevantes para que el mayor crecimiento que han experimentado estos años pueda sustituir el menor dinamismo de los desarrollados. Si bien muchas de estas naciones crecían a altas tasas también durante los setenta, su impacto en la economía global aún no se hacía sentir de manera relevante.
|