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La sorpresiva influencia del consejero más joven del Central


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En sólo medio año, Sebastián Claro ha jugado un rol más importante del que se pensaba cuando recién fue nominado como consejero del Banco Central. Con 35 años, dio vuelta las críticas iniciales respecto de su juventud para el cargo y ha impuesto su estilo al interior del instituto emisor.

Por  Antonieta De la Fuente y Constanza Hola
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La tarde del jueves 13 de marzo, Sebastián Claro Edwards (35) sorprendió a sus pares del Banco Central. El más joven de los consejeros de la entidad fue el único en promover un alza en las tasas de interés. Estimó que el aumento de la inflación, sumado a las inciertas condiciones de la economía mundial, justificaban un encarecimiento en el precio del dinero.

Era la primera vez, desde que ingresó al Consejo del Banco Central a fines de 2007, que su voto no se sumaba al de la mayoría. El presidente de la institución, José de Gregorio, el vicepresidente Jorge Desormeaux y los consejeros Manuel Marfán y Enrique Marshall oyeron su argumentación de que había que subir los tipos en 0,25% ese día. Pero finalmente,  y tras un largo debate general, el Consejo decidió mantenerlos en 6,25%.

En la sala donde se efectuó la reunión también estaban el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, y varios funcionarios de alto nivel del instituto emisor. La cita se efectuó en medio de un escenario económico preocupante: el IPC anualizado llegaba a  8,1%, el más alto en casi doce años. "Un consejero indicó que si este aumento de la compensación era el reflejo de un incremento significativo de las expectativas inflacionarias, ello podía tener efectos muy negativos sobre la evolución de la inflación, requiriendo de dosis más fuertes de ajuste monetario", registra la minuta de la reunión de política monetaria de marzo.

La inflación ha sido un tema por el que se ha caracterizado el estilo Claro, dicen en el Central. Fue él -revelan- quien resucitó dentro de la entidad la vieja discusión sobre dinero y costo de la vida, lo que refleja muy bien el fuerte perfil teórico que todos asignan a este economista de la Universidad Católica.

Su estilo no ha pasado inadvertido, así como tampoco que su oficina, ubicada en el segundo piso del edificio neoclásico que alberga al instituto emisor, sea la que antes ocupó De Gregorio. Sebastián Claro debutó en la entidad fijando reuniones con los gerentes de las distintas divisiones para entender el funcionamiento de la institución y rechazó el nuevo auto fiscal que le correspondía. Dijo que prefería el suyo. "Llegó haciendo muchas preguntas y se ha dedicado a estudiar a fondo cómo opera el Banco Central y cómo se observan las diferentes variables", cuenta uno de los profesionales que compartió sus primeros días.

En lo que respecta a su personal de confianza, también quiso marcar la diferencia: llamó a concurso interno para elegir secretaria y asesor. La primera, Pilar Bermúdez, trabajó con Rodrigo Valdés hasta octubre pasado, cuando éste abandonó el Central; y el segundo, Fabián Gredig, llegó desde la gerencia de Investigación Económica.

En lo que sí siguió las pautas de los demás consejeros fue en la rutina de llegar temprano y almorzar en el casino del organismo. Muchas veces, a las siete de la mañana ya está instalado, siguiendo una práctica que tenía desde su época de docente en la Universidad Católica, cuando se levantaba incluso antes de las seis, iba a dejar a sus hijos -tiene cinco- al colegio y después partía al campus San Joaquín a dictar clases.

A no pocos profesionales del Central les llamó la atención que una de las primeras cosas que Claro preguntó apenas llegó a su puesto actual fue qué iglesia había cerca. Desde ese día, cada vez que puede se escapa a la iglesia de las Agustinas, en calle Moneda, a misa cuando alcanza o, si no, simplemente a rezar.

El delfín de Rosende

La llegada de este economista -doctorado en Economía de la UCLA y fanático de los deportes- al Consejo del Banco Central el pasado 6 de diciembre, no dejó indiferente a nadie en el mundo económico.

Lo primero que llamó la atención fue su juventud. Sus 35 años eran un contraste grande con los demás integrantes del Consejo, todos mayores de 48. "Nosotros en principio no fuimos muy partidarios de su nombramiento, porque para la mayoría de los senadores su nombre resultaba bastante nuevo y desconocido", cuenta José García Ruminot, senador RN miembro de la comisión de Hacienda. Sin embargo, sus detractores iniciales olvidaban que este "niño" no era el primer sub 40 en entrar al Consejo del Central. Miguel Kast y Sergio de la Cuadra fueron algunos de los que, incluso, llegaron a ser presidentes de la entidad en la época del gobierno militar.

Antes de noviembre pasado, a pocos les sonaba el nombre de Sebastián Claro. Donde sí era bien conocido era en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica. Porque Claro era lo más parecido al niño estrella que tenía ese centro de estudios. "Dentro de las primeras cosas que tuve que hacer en mi papel de decano recién nombrado fue el reclutamiento de jóvenes que estuvieran dispuestos a hacer un doctorado en Estados Unidos para dedicarse a la academia. Sebastián aparecía como un candidato natural y muy fuerte. Lo mandamos a estudiar nosotros afuera, lo que refleja el grado de expectativas que tenemos de sus capacidades", recuerda Francisco Rosende, decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la UC.

Hoy en el Central varios economistas reconocen en Claro una evidente influencia de Rosende, a quien califican como su "mentor" y el gran "culpable" de que haya llegado hasta allí. Al gobierno -y sobre todo al ministro de Hacienda, Andrés Velasco- no le molestaba para nada mantener en el consejo del Banco Central a Vittorio Corbo. Salvo por un detalle: su permanencia impedía que José de Gregorio se convirtiera en presidente del BC, pues era impensable que el ex timonel aceptara seguir desempeñándose como consejero, cediendo el sillón al economista DC.

Eso obligaba a buscar un sucesor que ahogara cualquier intención de variar los equilibrios políticos, deseo que algunos senadores de la Concertación habían manifestado. Esta intención podía ser aplacada, precisamente, nombrando a alguien de las filas del oficialismo a la cabeza del BC. Esa sería la moneda de cambio.

Debía actuarse con sigilo si el reemplazante no satisfacía  las exigencias establecidas. Entre ellas, ser reconocido por sus pares como macroeconomista y detentar, al menos, un doctorado en Economía. Además, la opción de confirmar a Corbo siempre estaba disponible.

Las negociaciones, por parte de la Alianza, las llevó Cristián Larroulet. Por el gobierno, en primera instancia, lo hizo el núcleo más cercano de asesores de Andrés Velasco. En los tramos finales, fue el propio ministro quien se hizo cargo del tema. Para todos, el candidato natural era Rodrigo Vergara. Tras su negativa, apareció sobre la mesa el nombre de quien era su principal promotor: Francisco Rosende. Este fue sondeado por Larroulet, sin embargo el académico se marginó por sus obligaciones laborales.

Desde el entorno de Larroulet aparecieron los "nombres clásicos": Juan Andrés Fontaine y Felipe Morandé. El primero declinó la oferta, pese a que nunca la recibió formalmente. El nombre de Morandé, en tanto, no pasó la barrera de Hacienda: estaba muy identificado con Sebastián Piñera. Desde el ministerio entonces se sondeó a Patricio Rojas, pero su cercanía con Corbo lo dejó fuera de carrera, pese a que su nombre era impulsado por el propio Velasco. Luego, se barajó a Rossana Costa y a Rafael Bergoeing. Hasta que fue el propio Rosende quien le comentó a Larroulet el nombre de Sebastián Claro.
Con la venia de la cabeza de Libertad y Desarrollo, el nombre de Claro fue presentado a los presidentes de RN y la UDI, Carlos y Hernán Larraín. Tras ser aprobado como carta de la derecha, se presentó a Hacienda. Ahí fue aceptado con relativa facilidad, básicamente por sus méritos académicos. Esto selló la irrupción de Claro, la despedida de Corbo y el arribo de José de Gregorio a su ansiada meta: la presidencia del Banco Central, algo que muchos conocedores del entorno de Velasco daban por hecho desde el principio del gobierno de Bachelet.

Finalmente, el Senado aprobó sólo con la abstención de Nelson Ávila la designación de Claro como consejero. Aunque su "cupo" es tradicionalmente considerado como de derecha en el BC, las redes de Claro son amplias. Ha participado en los talleres de coyuntura que realiza mensualmente el instituto Libertad y Desarrollo, en los cuales también han estado otros consejeros del Central. De hecho, su última aparición en este grupo fue en abril pasado, justo antes de participar como expositor en el seminario organizado por Chile 21. También entre sus amistades se encuentra Bernardita Piedrabuena, actual pareja de Nicolás Eyzaguirre, ligada al think tank Expansiva, el cual fue presidido por el ministro Velasco.

China, una obsesión

Desde sus años de colegio, Claro ya demostraba interés en las políticas públicas. Soñaba con ser senador. "Bueno loco, esperamos que cuando crezcas tengas mucho éxito en la universidad y logres cambiar la política nacional" dice la biografía que escribieron sus compañeros para el anuario 1989 del colegio Sagrados Corazones de Manquehue, del cual egresó.

Riguroso desde pequeño, en esa época mostraba esta característica en su pasión por los deportes en general y el fútbol en particular, siendo seleccionado de dicho deporte y fanático acérrimo de la Católica. Este fanatismo lo traspasó luego a su facultad. Como universitario, sus compañeros lo recuerdan aplicado, pero no "nerd". "No era como los típicos mateos encerrados en los libros, le iba espectacular en la universidad, muy por sobre el promedio, pero era un deportista lleno de amigos que no se perdía ninguna salida", recuerda Francisco Montaner, actual gerente general de Fit.

Tras egresar de Ingeniería Comercial, de inmediato realizó un magíster en Macroeconomía Aplicada en la misma universidad. Dos años más tarde, y luego de un breve paso por el departamento de estudios de Enersis, Claro era enviado a realizar su doctorado a la Universidad de California. Allí pudo desarrollar la investigación en el tema que lo apasiona: comercio internacional y globalización.

"Fue un estudiante excepcional. También un asistente confiable y eficiente en una variedad de proyectos. En su trabajo de tesis, tal como en todos sus otros emprendimientos, tuvo gran independencia, claridad de ideas y un alto nivel de compromiso. Como su consejero de tesis fui su espectador-admirador, así como su crítico y su entrenador", señala Edward Leamer, profesor de economía internacional de quien Claro fue ayudante en la UCLA y quien dirigió su tesis doctoral.

Otro de los que lo recuerdan con cariño hasta hoy es Arnold Harberger, considerado el padre de los Chicago Boys, quien es profesor de la UCLA. "Tengo un muy buen recuerdo de Sebastián Claro como estudiante y estoy muy orgulloso de su servicio a Chile como profesor y en el Banco Central", asegura el académico. De hecho, en una de sus visitas a Chile en 2003, para el aniversario del convenio de postgrados entre la UC y la Universidad de Chicago, Harberger mencionó en su discurso lo contento que estaba de haber enseñado a tantas generaciones, ya que entre los oyentes se encontraba uno de sus primeros alumnos, Sergio de Castro, y uno de sus últimos, Sebastián Claro.

Fue en la universidad norteamericana donde China se convirtió en casi una obsesión para las investigaciones del hoy consejero. Gran parte de sus publicaciones tienen que ver con el gigante asiático, incluso llegó a ser consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) a través del estudio "Implicancias del surgimiento de China en la economía global para Latinoamérica y el Caribe". Hoy es considerado uno de los principales expertos sobre el tema que hay en Chile.

Precisamente, la investigación es un área que no ha dejado de lado ni siquiera en su actual rol en el Central. Antes de dejar el campus San Joaquín, le confesó a su vecino de oficina, Juan Pablo Montero, que no dejaría este ámbito de lado. Y así ha sido: desde el año pasado Claro trabaja en un proyecto con la Universidad de Toronto, hasta donde viajó hace algunas semanas para continuar su estudio.

Fuerte en el debate

Tras su paso por el doctorado en Estados Unidos, Claro comenzó su carrera docente. En la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la UC, dictaba cuatro cursos -dos en pregrado y otros dos en postgrado- sobre macroeconomía internacional. Además, era director de tesis. "Como profesor tenía cercanía con los estudiantes, aunque es muy estricto. Muchos querían tenerlo de director de tesis", cuenta Rosende. "Alentaba la participación en clases, hacía buenas preguntas, nos motivaba a seguir pensando en las materias y siempre tenía la oficina abierta por si había dudas. Podía atenderte 10 minutos o 3 horas", agrega Verónica Mies, ayudante de Claro en sus ramos de postgrado.

Y si hay una característica en que concuerdan varios de los que lo conocen es en que es difícil ganarle en una discusión. "Es súper buen discutidor en el buen sentido. Exigente, de buenos argumentos. Mateo, riguroso, da vuelta veinte veces las cosas, muy capaz", dice Gonzalo Edwards, director del Instituto de Economía de la UC y vecino de Claro en su residencia de Las Condes.

Esta fortaleza a la hora de los debates con argumentos técnicos es justamente el principal plus que quienes lo apoyaron esperan que Claro demuestre con el tiempo al interior del Consejo, especialmente ante el carácter nada dócil de su presidente. "Sebastián tiene una personalidad mucho más fuerte que la de De Gregorio. No discute sobre la base de argumentos fuerza, sino de estudios", comenta un cercano.

Estos seis meses han sido de adaptación para Claro y aunque ha debido renunciar a algunas cosas como la docencia y el tiempo libre, él tiene claro que esto es sólo por un periodo transitorio. "Es una pausa. Va a seguir haciendo clases con la camiseta muy fuerte que tiene. La ida al Banco Central es compatible con su actividad docente y le vamos a exigir que vuelva el próximo semestre", adelanta Rosende.

Por ejemplo, en vez de estar gritando el domingo pasado por "la Roja" en Bolivia, como lo hacía antaño cuando tenía tiempo y acompañaba a la selección a sus partidos a países vecinos, se encontraba en Lima en una conferencia internacional del Banco Central de Perú.

Lo que Claro no ha transado, eso sí, son sus espacios familiares. Tampoco con el deporte como su principal hobby: cada vez que puede, se escapa a El Colorado y les enseña a esquiar a sus hijos. Además, en sus vacaciones en el lago Colico no es raro ver al más joven de los consejeros del Central trotando junto a su mujer, María Inés Irarrázaval.