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Lagos fue más allá de lo que le correspondía a su investidura

El miércoles 28 de mayo pasado un nuevo informe sobre la contaminación del río Cruces -esta vez de la Universidad de Chile- eximió de responsabilidades en la muerte de los cisnes a la empresa Celco. A raíz de esto, Alejandro Pérez, el ex gerente general de dicha compañía y mano derecha de Anacleto Angelini, rememora con lujo de detalles los días vividos durante uno de los conflictos medioambientales más bullados en el país. ¿Cuánto influyó el entonces presidente Lagos en su salida? ¿Cómo vivió Angelini la crisis? ¿Por qué Pérez decidió renunciar?

Por  Ximena Pérez Villamil
Fotos  Simón Pais
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El miércoles 28 de mayo pasado, Alejandro Pérez Rodríguez salió de su casa a las 7:30. Alcanzó a hojear el diario y vio un título que le llamó la atención. Llegó puntual a la reunión en su oficina de la Universidad San Sebastián, de la que es socio y presidente de la Junta Directiva. Tan pronto terminó, tomó el diario y buscó la noticia: era el resultado del informe de la Universidad de Chile, encargado por Conaf, que concluía -en su segundo avance- que la muerte de los cisnes en el humedal del río Cruces no había sido provocada por la planta Valdivia de Celco.

Prosiguió la lectura: "La baja temperatura -tres eventos en que el termómetro bajó de cero grados-, el bajo caudal del río Cruces y sus contribuyentes, y el posterior aumento del caudal fueron los causantes de la desaparición del luchecillo con que se alimentan los cisnes".

Llamó a Teresa Marchant, su mujer, para contarle. Y dice que evocó por largo rato la imagen de quien fuera su jefe y amigo, Anacleto Angelini, fallecido el 28 de agosto del año pasado.

-Usted que renunció después de 15 años en la gerencia general de Celco. ¿Qué sintió al conocer ese informe que exculpa a la empresa?
-En primer lugar, pena, porque a don Anacleto no le alcanzó la vida para ver este resultado y él de verdad sufrió mucho con lo que pasó. En segundo lugar, alegría por el grupo, porque es una demostración de que sus proyectos los ha enfrentado en forma responsable. Y por las personas que participaron en la construcción de la planta de celulosa de Valdivia -la más grande de Chile y una de las mayores del mundo- porque fue un esfuerzo grande. Fue injustamente tratada y siento que este informe pone una nota de justicia y de cordura.

-¿Es cierto que renunció varias veces y Anacleto Angelini no aceptó?
-Cuando el tema empezó a ponerse complicado, en marzo de 2005, yo le manifesté a don Anacleto: "Creo que este es un tema que se ha personalizado en mí y en usted. Y usted no puede estar involucrado en esto, incluso en el peor de los escenarios si aquí se hubiese cometido un error, es mío, no suyo. La manera de despersonalizarlo es que yo me vaya". Me dijo "de ninguna manera, olvídelo". De hecho, él se negó hasta el último momento a que yo me fuera de la empresa. Pero la última vez, yo no fui a manifestarle que tal vez era mejor que yo renunciara: fui a plantearle a don Anacleto que no estaba dispuesto a seguir, porque yo sentía que le estaba causando un daño al grupo, a la empresa y a él.

-Dicen que en esa reunión privada Angelini lloró al aceptar su renuncia.
-Sí, don Anacleto era una persona de relaciones humanas bien profundas y yo diría que muy sentimental.

La intervención de Lagos

Alejandro Pérez -59, ingeniero civil de la U. de Chile, con un master en economía en Chicago- conoció a "don Cleto", como suele llamarlo, cuando éste lo entrevistó para asumir la gerencia general de Soprole en 1985. Al cargo llegó por Fernando Léniz, entonces presidente de Anagra, la productora de aceites y semillas de propiedad de Angelini que compró Soprole. Curiosamente, dos años antes, los ex controladores de Soprole, Juan Luis Undurraga (43%) y Julio Covarrubias (37%) habían llamado a Pérez para ocupar el puesto. Él no aceptó debido a la mala relación entre los socios.

-¿Cuando renunció tenía la certeza de su defensa: que la planta no era la causante de las muertes de los cisnes?
-Las certezas no existen en la vida. Yo tenia el convencimiento de que no teníamos responsabilidad.

-¿Hubo alguna petición del gobierno exigiendo su salida?
-Varias. Partió con una intervención directa del ex presidente (Ricardo) Lagos haciéndole ver a don Anacleto la gravedad de lo que estaba pasando con los cisnes. Fue en el verano (de 2005), porque don Anacleto iba camino a su casa en Santo Domingo. Le dijo que éste era un tema que, a lo menos, debía significar la salida del gerente.

Pérez recuerda que hubo una segunda conversación entre Lagos y Angelini en el mismo tenor: "Le habló de que el gobierno tenía que tomar medidas drásticas".

-El presidente Lagos dijo públicamente que Celco dañaba la imagen del país. ¿Qué le hubiese respondido en ese entonces y ahora?
-Le diría que el tema ambiental es complejo y que lo que pasó en Valdivia demuestra que no es conveniente anticipar conclusiones. Él fue más allá de lo que correspondía a su investidura. El que ha sido un propulsor de que las instituciones funcionan... ahí no funcionaron.

-El 8 de junio de 2005 fue un día negro para Celco: usted renunció y la empresa cerró voluntariamente la planta de Valdivia.
-Las autoridades del gobierno nos estaban diciendo "los vamos a cerrar, pero preferimos que cierren ustedes". Fue una decisión del directorio para permitir que se hicieran mediciones en el río Cruces sin la planta funcionando. Yo vi cuando se tomaron, pero no fui parte.

-Si hubiera seguido en el cargo, ¿se habría negado a cerrarla y hubiese esperado resolver el tema en tribunales?
-Siempre pensé que éste es un tema que se manejó política y no técnicamente. Si me preguntas a mí si yo hubiese cerrado la planta, posiblemente no.

-El entonces ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, dijo después de su renuncia, "por algo salió Alejandro Pérez". ¿Influyó su opinión en su dimisión a los directorios de Copec el 30 de junio de 2005?
-No, yo pensé que mi salida de Arauco tenía que ser completa. Si era a medias iba a ser criticado. Iban a decir que seguía manejando la empresa por el lado. Uno tiene que renunciar en el momento que son los directorios, seguramente ése fue el 30 de junio. 

-¿Algunas de esas canas son producto del escándalo de la planta de Valdivia?
-Son producto de la vida. Te lo pongo de otra manera: yo me siento más joven hoy que hace tres años, porque me tocó vivir un periodo muy difícil que para cualquiera es estresante.

-¿Salió bien de Celco?¿Le hicieron una despedida o no quiso?
-Varias. Fui a cada planta. La despedida más pequeña fue la de Valdivia porque no quería que se dijese que poco menos que era un show preparado.

La reacción de Roberto

El mismo día que se conoció el informe de la U. de Chile, Pérez tenía una reunión, a las 15:30, con Roberto Angelini y José Tomás Guzmán, el abogado de confianza y actual presidente de Celco.

Conversaron extensamente del estudio y lamentaron que Anacleto Angelini no estuviese vivo para compartir la noticia.

"En lo personal, lejos lo que más me dolió fue ver sufrir a don Anacleto. Lejos. Yo soy relativamente joven, podía organizar mi vida de una manera distinta, pero igualmente entretenida y productiva. Pero don Anacleto estaba en una etapa de su vida en que era muy probable que muriera con este dolor. Si hay algo que pudiera hacer para tratar de transmitirle lo que ha pasado, lo haría. Haría todo lo que estuviera en mí para decirle mire, don Cleto, su nombre fue reivindicado" , dicePérez, sin emocionarse, en la sala de reuniones de la Inmobiliaria Andrés Bello, en la casona de Las Condes.

El es uno de los socios de esta empresa que es propietaria de los inmuebles donde funciona la U. Andrés Bello, controlada por Lauratte Int'l y a través de la cual participa como accionista de la Clínica Indisa. La misma que compró Angelini hace muchos años y en la que puso como director a su amigo, el doctor Luccini, primo de María Noseda, su mujer, y quien le prohibió fumar. Aun así, el daño estaba hecho: Angelini murió a consecuencia de un enfisema pulmonar.

"Antes de entrar (a la propiedad de Indisa) lo conversé muy en detalle con don Cleto y estaba feliz", cuenta. Angelini le vendió la clínica a los hermanos Eduardo y Alejandro Ergas y ellos a la Inmobiliaria Andrés Bello.

-¿En medio del conflicto por la planta de Valdivia, vio a Anacleto Angelini más apagado, resignado o enojado por no poder hacer algo para revertir las cosas?
-Cuando pasó esto, no volvió nunca más a su oficina (en el piso 19 de la torre de Isidora Goyenechea con El Golf). Desde que yo renuncié nunca más volvió.

-¿Iba todos los días a trabajar?
 -Sí, llegaba a las 10 ó 10:30 y se quedaba hasta las ocho de la noche. Fue tan evidente que esto le significó un dolor tremendo.

-¿Dejó de ir también a los directorios de Inversiones Angelini, la sociedad que controla Copec y a la cual usted entró como socio en 1999?

-Solamente participó cuando nosotros íbamos a su casa. A los otros, en la oficina, no iba.

"Que él se sintiera acusado de hacer las cosas mal, de causarle daño al país, le produjo un dolor tremendo. Se dio cuenta que estaba terminando su vida en el banquillo de los acusados", dice Pérez.

-Él dio una pelea contra International Paper, la mayor papelera del mundo durante 6 años, para mantener la administración de Copec. ¿Habría dado otra pelea en tribunales para compensar el daño de imagen y las pérdidas económicas de Celco por el cierre?
-No lo sé. Lo que puedo decir es que don Anacleto era una persona que cuando se sentía en una causa justa, no tenía problemas para enfrentar a quien tuviera que enfrentar.

-¿Habría presentado entonces una demanda por daños y perjuicios en contra el Estado de Chile?
-Él habría pensado muy bien que hacer. Jamás habría dado una entrevista, porque nunca la dio. Él habría dicho antes que el dinero que está en juego, me interesa que Chile no se siga dañando. Presentar una demanda contra el Estado posiblemente hubiese significado un mayor daño a Chile.

-¿Se sintió solo Angelini?
-Él era una persona fuerte. Creo que el sintió mucho apoyo de muchos empresarios, pero si me preguntas si hubo apoyo institucional, a través de la Sofofa o gremios, no lo hubo. La verdad es que era difícil que la Sofofa diera su apoyo tan directamente cuando había una campaña tan clara de las autoridades que señalaban una culpabilidad de la empresa.

-Usted integra el directorio de Inversiones Angelini y estuvo con Roberto el día que se conoció el informe. ¿Qué va a hacer el grupo?
-Roberto no es una persona que busque el conflicto, por lo tanto, me da la impresión de que su reacción va a ser tranquila. Yo creo que él está viendo de qué manera se puede mejorar la imagen negativa de la empresa. Y cómo sacar lecciones positivas para que Chile sea un mejor país a futuro. Si esperas que el grupo o Roberto salgan a dar una conferencia de prensa, no lo creo.

El conflicto según Pérez

Uno de los mayores conflictos ambientales de la historia de Chile tomó cuerpo con un estudio de la Universidad Austral. Fue el primero y el de mayor cobertura mediática.

-¿La universidad lo estaba haciendo por su cuenta y se lo entregó a la Conama o ésta se lo encargó?
-Yo creo que la Conama le solicitó un informe a la Universidad Austral, que desde hace muchos años hacía estudios puntuales sobre la población de cisnes, porque necesitaba resultados rápidos. Sin ningún concurso público, apareció la Conama contratando a la UA para hacer un estudio sobre la desaparición de los cisnes.

-La conclusión fue que el luchecillo con que se alimentaban los cisnes estaba desapareciendo por el fierro que botaba la planta y culpó a Celco.
-La UA llegó a la conclusión de que los hígados de los cisnes muertos tenían un porcentaje muy alto de fierro. Dijo que la planta arrojaba fierro en sus efluentes (salida de residuos al río Cruces) que afectaba de dos maneras: los cisnes comen luchecillo que tiene fierro depositado encima y ese fierro hace que el luchecillo se muera. Nosotros habíamos hecho estudios de laboratorio, sabíamos que estas plantas (de celulosa) no generan ningún tipo de subproducto de hierro, pero no teníamos claro qué estaba pasando y le pedimos a la Universidad Católica que analizara el informe de la UA. Si era correcto, perfecto, íbamos a reconocer que era la causa; si no, queríamos saber qué pudo haber sucedido.

Pérez encargó ese estudio que demoró dos meses y arrojó un resultado distinto: "la Católica analizó el contenido de fierro de aguas arriba y abajo de la planta y se dio cuenta de que la cantidad era exactamente igual". En simple, dice Pérez, la cuenca del río Cruces era rica en fierro, con o sin planta. "Y sobre la desaparición del luchecillo dijo yo observo que no sólo desapareció aquí (frente a la salida del efluente con los residuos de la planta), sino que en otros dos o tres ríos pequeños que alimentan el humedal. ¿Cómo puede haber desaparecido si no tiene nada que ver con la planta? Entonces sostuvo que podía haber influido el tema climático o de la capa de ozono, porque el luchecillo es muy sensible a las radiaciones".

-¿En qué minuto sintió que el asunto se le escapaba de las manos?
-Precisamente, cuando se entregó el informe de la UC y fue muy mal recibido. Nos acusaron de estar enemistando a las universidades chilenas, nos dijeron que el estudio no tenía validez porque lo habíamos pagado nosotros. Ahí me di cuenta de que no había posibilidad de conversar este tema en base a la evidencia, que no interesaba la verdad, que ya había un veredicto. Y el veredicto de la autoridad, de la prensa y de la ciudadanía era de culpabilidad.

-A usted se le criticó fuertemente por haber desatendido los intereses y quejas de las comunidades y grupos ambientalistas. ¿Qué balance hace en ese sentido?
-Yo creo que, en alguna medida, es verdad, porque estos proyectos generan un impacto en el entorno. Nosotros estuvimos preocupados de cumplir los compromisos con la autoridad ambiental, pero no fuimos todo lo proactivos que debimos haber sido en términos de integración con la comunidad. A mí, de muy buena forma, empresarios de Valdivia me dijeron "nosotros la sentimos como una empresa que se relaciona poco con el medio, aparece muy orgullosa". Cuando llega una empresa de Santiago que no los va a ver, que no les expone lo que está haciendo, que no comparte las cosas que se pueden mejorar en la región aparece, finalmente, como orgullosa.

US$ 500 millones de pérdidas

En el plano judicial, Celco enfrentó dos recursos de protección. Ambos de Acción por los Cisnes -uno por malos olores cuando la planta inició su funcionamiento y otro por aumentar sin permiso su producción- que fueron rechazados cinco a cero en la Corte Suprema.

Sin embargo, los abogados Álvaro Ortúzar y Pedro Hernán Águila renunciaron a la defensa tres días antes que Alejandro Pérez por un malentendido con un estudio atribuido al Eula-U. de Concepción.

"Se sacaron las muestras y se mandaron a analizar al Eula que entregó los resultados químicos y los abogados los adjuntaron en sus escritos diciendo que el estudio lo había hecho la U. de Concepción y la verdad es que los análisis de las muestras los había hecho la U. de Concepción", explica Pérez, quien agrega que parece un juego de palabras, pero la realidad es que Celco puso en palabras lo que la U. de Concepción había entregado en fórmulas. La universidad ratificó los resultados entregados por Celco cuando fue cuestionada públicamente.

A nivel administrativo, la Corema le aplicó ocho multas -una en mayo de 2004 y siete en marzo de 2005- por un total de 2.700 UTM ($95 millones). La Superintendencia de Servicios Sanitarios, cuatro-tres en enero de 2005 y una en diciembre de ese año- por 800 UTA ($ 338 millones). Todas están apeladas.

La demanda del Consejo de Defensa del Estado -en donde se pide una indemnización de perjuicios a Celco- y una querella criminal presentada por la ONG Acción por los cisnes por la muerte de éstos, siguen en trámite.

-¿Cuánto perdió la empresa por los 62 días que estuvo cerrada y los dos años y siete meses que operó a un 20% menos de su capacidad?
-Si uno considera el impacto comercial por el daño que se le produjo ante sus clientes y el mayor costo financiero, yo diría que el daño debe ser del orden de US$ 500 millones. La empresa tenía una cartera de clientes y tuvo que readecuarla: vendió menos en Europa y más en Asia, pero a precios menores. Su deuda en las operaciones posteriores aumentó el riesgo, por lo tanto, fue más cara. Arauco se vio enfrentada a una crítica mundial.

-¿Cuál fue el error que provocó el mayor escándalo ambiental de la historia de Chile?
-Cuando la empresa presentó su proyecto a evaluación ambiental, el efluente descargaba dos kilómetros adentro del mar por la caleta Mehuín, no en el río Cruces. Eso es cero impacto. Por razones políticas se cambio: grupos ambientalistas presionaron a los pescadores de Mehuín diciéndoles "los van a contaminar". Llegó un momento en que la autoridad en esa época le pidió al grupo cambiar la descarga al río Cruces. Y la empresa lo aceptó. Mirado con el tiempo, eso fue un error.

-¿El presidente Eduardo Frei se lo pidió a Anacleto Angelini?
-Le llegó como una petición directa a don Anacleto. No sé si fue el Presidente Frei personalmente o si lo encomendó a alguno de sus ministros.

-¿Por qué la planta de Valdivia aumentó sin permiso la producción?

-Es un tema de interpretación. Ni la ley, ni la autorización, ni el reglamento decía usted no puede producir diariamente tanto, sino que se refería al año. Nunca hasta el momento se ha producido esa cantidad (550 mil ton/año), pero la autoridad interpretó las cosas como quiso y le impuso máximos de producción diarios (durante dos años y siete meses).

-También los acusaron de tener un ducto clandestino.
-Era un ducto aprobado por la Dirección de Aguas del MOP, pero que no se había presentado a la Conama, porque nuestros técnicos interpretaron que bastaba con que lo aprobara el MOP y no la ventanilla única de la Conama. Fueron los ecologistas y dijeron "no está en la Conama, es clandestino". El ducto permitía descargar el efluente cuado había inundación en el río Cruces y hasta el momento nunca se ha dado. Imagine que una empresa como Arauco va a hacer algo clandestino.

-¿Cuánto cambió el grupo Angelini su forma de mirar el medioambiente tras el escándalo de Celco?

-El tema ambiental, hasta ese momento, era súper técnico. No estaba en la estructura superior del grupo, lo manejaba cada empresa. Ahora todos los directores del grupo están muy conscientes del tema ambiental y conocen lo que está pasando. Hoy hablas con Roberto Angelini o José Tomás Guzmán y saben. La consideración que se le da al tema ambiental en la aprobación de los proyectos es muy alta.

-¿Qué saca en limpio después de todo este tiempo?
-Uno, reconocer que los temas ambientales analizados correctamente, desde el punto de vista técnico, son complejos. Dos, una institucionalidad que garantice al país y a los propietarios de los permisos ambientales un análisis técnico. Creo que las Coremas son organismos mucho más políticos que técnicos.