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La pelea de Hiller con Armani

Peter Hiller, Daniel Hiller y Raúl Torrealba, alcalde de Vitacura.

Los primeros seis meses del año han sido complejos para Peter Hiller. El empresario, que es considerado sinónimo de éxito y trayectoria en el mundo gastronómico, está enfrascado en una guerra judicial con los representantes de la marca italiana en Chile. A eso se suma que debió cerrar, también en Vitacura, los exclusivos restaurantes C y Emilio por problemas con el municipio de la comuna.

Por  Lorena Ampuero
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Ubicado en la exclusiva avenida Alonso de Córdova, en Vitacura, el café Armani tenía capacidad para 80 personas.

Del glamour y los grandes anuncios a los tribunales. La instalación del café Armani en Vitacura terminó en la justicia, después de que el empresario Peter Hiller demandó a los representantes de la firma europea La Indumentaria Chile S.A, para terminar con el contrato que lo obligaba a operar un restaurante al interior de la tienda de la afamada marca italiana ubicada en la exclusiva avenida Alonso de Córdova.

La historia comenzó a fines de 2006, cuando a Hiller le ofrecieron hacerse cargo del negocio. Armani necesitaba a un operador con experiencia para este espacio con capacidad para 80 personas y que sería un restaurante informal de comida italiana y servicio continuado desde el desayuno hasta la comida.

Hiller planeaba repetir allí el éxito en el rubro gastronómico que le estaban dando los restaurantes Emilio y C, en BordeRío, junto a sus socios Emilio Peschiera y Christopher Carpentier, ambos chefs. Con esa idea en mente, en octubre del año pasado inauguró el café Armani, un recinto con estilo minimalista y tonos blanco y negro. Pero apenas cuatro meses después, y en pleno verano, cerró tras un acuerdo con los dueños de la marca. El municipio de Vitacura tenía algunas observaciones a las obras: se habían construido más metros de los inicialmente autorizados.

Hiller había abierto el café con patente provisoria, porque si bien la tienda aún no contaba con la recepción final de la obra por parte de la municipalidad, se suponía que la obtendrían prontamente. "El conflicto con Indumentaria radica en la demora que han tenido para obtener la recepción de la tienda, y por consiguiente del café. Prueba de ello es que a diez meses de la apertura, todavía no consiguen los permisos de una obra que a todas luces está fuera de norma. El conflicto se agrava cuando, en un intento desesperado, argumentan que nosotros no cumplimos con los estándares mínimos internacionales, lo que no deja de ser contradictorio, ya que la crítica especializada lo eligió el mejor café del año 2007. Ellos se obstinaron en obtener unos permisos que no cumplían con la normativa vigente", explica Daniel Hiller, el hijo mayor del empresario gastronómico y quien está a cargo de los restaurantes de la familia.

Cuando llegaron las observaciones de la municipalidad, Hiller decidió cerrar el café en febrero. Luego abrió dos meses más y finalmente cerró sus puertas el viernes pasado. "Ya operar ocho meses sin patente de alcoholes es complicado y abrir y cerrar constantemente es mucho desgaste. Aquí invertimos $ 300 millones", señala. Hace más de un mes, además, contrataron a la oficina de abogados León, Moretic y Contreras. ¿La razón?: Inversiones Hiller se querelló en contra de La Indumentaria Chile S.A. para terminar toda relación.

Los descargos de Armani

Completamente distinta es la lectura de Emporio Armani sobre el tema. Daniel Ocqueteau, abogado del Estudio Álvarez Hinzpeter Jana, quien representa a La Indumentaria Chile S.A., advierte que "el conflicto se origina en una severa objeción del Grupo Armani en Italia, sobre el servicio y calidad del Emporio Armani Caffe colindante a la tienda, respecto al cual Inversiones Hiller Limitada no cumplió con los estándares mínimos establecidos por la marca a nivel internacional para este tipo de recintos". 

Con respecto a los permisos y autorizaciones municipales, que según Hiller la firma no ha conseguido, el abogado explica que "han sido tramitados diligente y oportunamente por La Indumentaria Chile S.A., licenciataria de la marca Armani en el país, razón por la cual próximamente se contará con todas las aprobaciones del caso. Por último, debemos hacer presente que Inversiones Hiller Limitada pretende eludir el cumplimiento de sus obligaciones, con el fin de desvincularse, en forma absolutamente indebida, del contrato que lo liga con La Indumentaria Chile S.A.".

Otros cierres en Vitacura

Los problemas con el café Armani no han sido los únicos que Peter Hiller ha debido enfrentar en lo que va de este año. A ello se suma el cierre de los restaurantes Emilio y C. Este tropiezo comenzó el 31 de marzo pasado, cuando a las 11:00 de la mañana  dos inspectores de la municipalidad de Vitacura llegaron a clausurar los locales debido a que tenían construidos más metros de los autorizados. En total, se habían excedido en 500 metros cuadrados. 

Les dieron un plazo de una hora para desalojarlo. La noticia cayó como un balde de agua fría entre los los socios Peter Hiller, Christopher Carpentier y Emilio Peschiera. Rápidamente comenzaron los llamados a proveedores, socios y clientes para cancelar las reservas que estaban tomadas. "Por diferencias con la Municipalidad de Vitacura se nos ha obligado a paralizar nuestras funciones a contar de hoy y hasta nuevo aviso", se leía en sendos carteles colgados en las afueras de ambos establecimientos. Y eso continúa hasta hoy.

El Emilio y el C habían abierto sus puertas a mediados de 2006. Fue el chef peruano Emilio Peschiera el gran articulador del negocio. Los restaurantes están ubicados en terrenos que pertenecen al Club Balthus, el cual entregó en concesión la superficie donde los dos locales se construyeron. Hace dos semanas, el Balthus -propiedad de Roberto Abumohor y Jorge Lería, entre otros inversionistas- demandó a la Municipalidad de Vitacura por el cierre de los restaurantes. A través del estudio Bulnes, Pellegrini & Urrutia solicitaron anular la resolución de la Dirección de Obras para así echar a andar nuevamente los establecimientos. "La resolución es ilegal, porque restringió los derechos de construcción que previamente le había reconocido la misma municipalidad al Balthus, en resoluciones anteriores, y por lo tanto nadie le puede quitar a un particular derechos ya adquiridos", comentan fuentes cercanas al proceso.

La municipalidad debería responder en estos días. De no llegar a un acuerdo en los próximos dos meses, los abogados estiman que el juicio podría extenderse por lo menos cinco años. Si bien los ánimos entre las partes son encontrar una solución, el cómo y cuándo está en veremos. Hasta ahora, los equipos de la municipalidad y del Balthus se han reunido para discutir jurídicamente el tema, pero no existe ninguna propuesta concreta de por medio.

Mientras tanto, Hiller, Carpentier y Peschiera llevan más de dos meses con sus  restaurantes cerrados y han dejado de percibir ingresos por $ 140 millones mensuales. Hasta el día de hoy tienen una telefonista que se encarga de derivar las solicitudes de reservas a otros restaurantes. A ello hay que agregar los eventos y matrimonios que han dejado de realizar.

Lejos están esos días de gloria en que recibían entre 6.000 y 7.000 personas al mes y los restaurantes sumaban múltiples reconocimientos.

El Balthus, a su vez, también ha perdido. Dejó de recibir el pago de los arriendos -fijado en un 10% de la facturación de los restaurantes- hasta nuevo aviso, aunque una fuente ligada al tema reconoce que no es "un gran negocio para ellos". Balthus nació hace siete años, como una iniciativa donde Roberto Abumohor junto a Jorge Lería, su hijo Juan Pablo, Pedro Aresti y Paulino Noemí invirtieron US$ 10 millones. Actualmente existen Balthus Vitacura y Balthus del Hotel Miramar, y próximamente abrirá sus puertas Balthus en Mall del Deporte, centro comercial donde Hiller también tiene detenido un negocio por falta de permisos municipales.

Semestre complicado

Aunque el cierre de los tres restaurantes ha tenido un escaso impacto económico en las cuentas de Hiller, el mercado comenta sobre el posible daño a su imagen de exitoso grupo gastronómico.

Cuando en 2002  Peter Hiller vendió parte de Central de Restaurantes a la estadounidense Aramark, la tercera compañía mundial de servicios de alimentación, formó Inversiones Hiller con los recursos recaudados. Puso a su hijo mayor, Daniel, a la cabeza de la firma, que se dividió en diversas áreas: entretención, inmobiliaria, turismo y otros negocios. Al cierre del 2007, el holding tuvo ventas por casi $ 60 mil millones, de los cuales el 8,4% fue aportado por el rubro entretención. Este segmento reúne a Egroup, que incluye los 15  Kamikaze y los tres locales de Tequila, además de los hoy complicados restaurantes Emilio, C y café Armani. "Los ingresos de dos establecimientos de Tequila equivalen a los del Emilio y el C", explica Daniel Hiller.

Dentro de esta categoría también se encuentra el recinto de espectáculos Arena Santiago, la "joya" del ingeniero comercial de la Universidad Católica: tienen con este recinto un 50% a 60% de participación de mercado y un promedio de 70 a 80 eventos al año. "Actualmente yo arriendo por evento. Cobro $ 10 millones. Ahora estoy incorporando otros servicios, ya que mi idea es llegar a arriendos de $ 15 a $ 20 millones de aquí a fin de año", explica el hijo mayor de Peter Hiller.

En el rubro turismo, los Hiller son socios de Mario Kreutzberger y de la familia Schiess en el barco Antartic América. Adicionalmente, participan en la propiedad de la productora Caba y son accionistas de Azul Azul.

Pero el mejor negocio para la compañía es el inmobiliario, donde participan desde el 2005 a través de Inmobiliaria y Constructora Urbaniza. Allí son socios de Jean Paul Ravanales y Pablo Tomic. El 2007 tuvieron ventas por $ 9.300 millones. "Durante el primer trimestre tuvimos un crecimiento de 27%", advierte Hiller hijo. Se dedican a la construcción de casas en Huechuraba, San Bernardo y próximamente llegarán a Buin y Colina.  En esos negocios, el primer semestre ha sido fácil. La historia con C, Emilio y café Armani, en cambio, parece ir en el sentido contrario.