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Los números no mienten. El récord de empresas llevadas a bolsa, y/o creadas, ya sea por privatizaciones o "de novo", ocurrió durante el gobierno militar y en los albores de la Concertación. De ahí en adelante, el proceso de renovación empresarial chilena es decepcionante. No hay ninguna empresa abierta en bolsa, ni con datos en la SVS o de tamaño sustancial en el área tecnológica. Y sacando a ciertos "holdings" que agrupan a empresas octogenarias, nos quedamos con la nada ninguna.
Empresas grandes de edad inferior a los 10 años casi no existen. Para qué decir de cinco años o menos. En la banca, el régimen militar detuvo los permisos por décadas, y la Concertación siguió con la misma idea por largos años.
Las novedades están en el factoring (Factorline, Eurocapital y Factotal), corredoras de bolsa (Celfin, EuroAmérica, Fit Research) y en la salmonicultura. Y ni siquiera son tan nuevas.
Para qué decir de la edad de nuestros empresarios "grandes"- exceptuando por supuesto a sus herederos-: los más jóvenes provienen de la "revolución de las flores": Navarro, Puchi, Saieh, etc. son todos adultos maduros, que terminaron sus estudios a fines de los 60 o inicios de los 70. Y de los demás, estamos hablando de octogenarios y septuagenarios.
Una verdadera vergüenza para una juventud que pretende cogobernar la educación, y liderar los cambios sociales de Chile. Empresas más jóvenes por supuesto que las hay, pero ninguna llega al ranking de las grandes y menos aún al IPSA.
A contrario sensu los nuevos gigantes mundiales son todos jóvenes: las empresas rusas y chinas por un lado. Y los nuevos gigantes tecnológicos: Tata, Yahoo!, Amazon, Facebook, YouTube y tantas otras. Para qué decir las de edad mediana que nacieron en los 80, como las de celulares, televisión por cable y computación: Microsoft, Dell, Cisco, Versión, etc.
A mediados de los 80, Chile fue prolífico en nuevos empresarios. Quizá porque a muchos los echaron de sus trabajos por la quiebra masiva de los grandes grupos económicos de principios de los 80: los dueños de Penta, los creadores del actual grupo Corpbanca -entonces Banco Osorno- y tantos otros. En esa época, las diferencias en términos de trato entre empleados y empresarios eran menos notorias: nadie tenía a su favor créditos hipotecarios baratos, ni APV ni isapres caras. El campo era más nivelado, por lo que lanzarse a la piscina empresarial era menos costoso para los profesionales, sus esposas y sus suegras (gran poder fáctico conservador y antiemprendedor en Chile). Y ser empresario era mejor que ahora: nadie les decía "chupasangres", ni las ONG los perseguían.
Algo pasó que a partir del segundo gobierno de la Concertación, se acabó la chispa. Y la poca que hay, la dan empresarios que ya son abuelos y a veces bisabuelos: Paulmann, Claro, Fernández León, Said. Y los menciono para "sacarles pica" a las nuevas generaciones que parecen tan cómodas en la mediocridad de sus cargos ejecutivos, con sus créditos hipotecarios a 30 años, sus jugosos APV y sus suegras felices. Pero que jamás van a lograr ser ni un Paulmann, ni un Piñera, ni un Saieh.
Es una pena, porque los países no progresan sin ideas nuevas, sin emprendedores jóvenes y sin un ambiente propicio para ellos. No sacamos nada con poner miles de millones de dólares en innovación, si no tenemos innovadores, o si los que tenemos ya se nos van poniendo viejos. O si son sólo las grandes empresas las que acaparan los espacios, sin dejarles nada a los emergentes. Cuando no se ve chance alguna para triunfar, se van acabando los candidatos a triunfadores. Si a los triunfadores se les castiga ("muerte al lucro"), pocas ganas dan de hacer la pega, salvo al alero de un poderoso.
Para la despedida: miren el recuadro con algunas "joyitas" californianas, firmas nuevecitas, y abiertas en bolsa desde hace casi nada.
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