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¿Son jóvenes o viejas las empresas chilenas?

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Sí, son viejas: tienen en promedio más de 60 años de vida. Prácticamente ninguna que se haya creado en los últimos diez años se ha abierto a la Bolsa. Pero eso no es tan importante si se considera que las 20 más grandes del mundo tienen, en promedio, 116 años de vida y las 100 mayores de Estados Unidos, 91 años. ¿Es que nunca aparecerá en Chile un Red Bull, una Zara, un Facebook? ¿Por qué nos pasa esto? Aquí diez preguntas para desentrañar este fenómeno.

Por  Patricio Cortés
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1-¿Es un problema de edad lo que afecta a las empresas nacionales?

No, lo verdaderamente importante para el caso de las empresas chilenas es si alcanzan rápidamente los tamaños para convertirse en sociedades anónimas que transen sus acciones en la bolsa.

Y la respuesta es que no lo hacen debido a un complejo fenómeno marcado por una regulación inadecuada que no favorece el capital de riesgo (de hecho lo castiga en relación con otras alternativas), y que sólo pone trabas para las nuevas empresas.
Ello, pese a las reformas al mercado de capitales en sus versiones I -lanzada en noviembre de 2001- y II -promulgada el año pasado- y a la puesta en marcha de  la Bolsa Emergente, que de emergente tiene bien poco: la mayoría de las empresas que allí se transan son ya bastante mayores y robustas y llegaron atraídas por los beneficios tributarios que ofrece.

En promedio las 100 mayores firmas que cotizan en la bolsa de Santiago tienen 62 años desde la fecha que ellas mismas identifican como su fundación. Es poco si se compara con las veinte compañías más grandes del mundo que tienen, en promedio, 116 años de vida -casi el doble que las chilenas- o que las 100 mayores de Estados Unidos que registran un promedio de 91 años de edad.

El problema en Chile es que ninguna que se haya creado en los últimos diez años se ha abierto a la Bolsa.

2-¿Qué pasa con las emergentes?

Es difícil la vida para ellas. Si alguien tuviera una verdadera oportunidad y viviera en Estados Unidos siempre encontrará capitalistas de riesgo que estarán deseosos de participar en un proyecto interesante. Esto no es el caso de Chile por varios motivos.

El primero es que la legislación favorece con excepciones tributarias a las empresas establecidas, pero no a las emergentes. ¿Malo verdad?.

Lo segundo es que algunos impuestos que solo se aplican en estos casos han hecho que todas las grandes empresas de capital de riesgo se hayan ido del país. También malo.

En otras palabras: si tengo una muy buena oportunidad sólo me quedan dos alternativas: o vendo la idea o vendo la idea.

Es famoso el caso de un par de jóvenes emprendedores chilenos a quienes se les ocurrió crear un portal web para novios que se iba a llamar Novios.com. Era una tremenda idea. Consistía en que los matrimonios inscribían sus listas de regalos para después canjearlos por pesos o cambiar los obsequios.

¿Le suena conocido? A poco andar se dieron cuenta de que no lograban financiamiento y que la única alternativa era venderle la idea y la incipiente compañía a alguna de las multitiendas. Finalmente eso fue lo que hicieron. Ello demostró que las únicas empresas que podían acceder a financiamiento para una nueva gran idea y además actuar como verdaderos capitalistas de riesgo eran las firmas grandes ya establecidas.

El problema de ello, es que el emprendedor se termina convirtiendo en un empleado con un buen bono. Pero jamás llegará a la Bolsa con su idea.

3-La larga adolescencia o ¿por qué se demoran tanto en llegar a la Bolsa?

En promedio las empresas chilenas se demoran unos 40 años en llegar a la Bolsa. ¿Por qué tanto?

Esto tiene dos respuestas. Y ambas son malas noticias.

La primera es que las empresas no han sido lo suficientemente dinámicas como para que su crecimiento haya requerido acceso a capitales a través de la Bolsa. Y la segunda es que las regulaciones son tan complejas que las firmas prefieren esperar lo más que pueden antes de dar este paso.

Es notable que en el caso de Estados Unidos existe una bolsa emergente que es de verdad emergente. En ella pueden operar empresas sin historia y sin la formalidad en los estados financieros sujetos a las normas de la SEC (la SVS de Estados Unidos). El único requisito es que los compradores sólo pueden ser personas altamente sofisticadas, que entienden perfectamente a qué se exponen al comprar una de estas acciones. Quienes pueden operar allí son los fondos de pensiones, compañías de seguros y personas naturales de muy alto patrimonio. La idea es brillante. Porque en vez de limitar a las empresas lo hacen con los compradores.

Un dato más: casi todos los primeros ADR de empresas chilenas fueron a esta bolsa, y sólo después se llegó a las bolsas formales. Si no hubiera habido esta bolsa emergente en Estados Unidos los ADR se habrían demorado mucho más en llegar.

Y empresas como Enersis no habrían podido ser lo que fueron.

4-¿Cómo nacieron?

Las mayores empresas chilenas son de origen diverso. Algunas fueron siempre privadas -como Copec, CGE y Falabella-. Otras nacieron al seno del Estado como CAP y Endesa y varias fueron privadas, después estatales y luego privadas de nuevo, como Chilectra y Telefónica.

Esto nos muestra una vez más que no es fácil generar empresas en el país y que las más grandes son las más difíciles de crear. Y que algunas nacieron como filiales de grandes firmas internacionales o estatales. Esto es raro y una vez más nos apunta a la regulación. ¿Es que en Chile no había capitales, no había emprendedores, no había técnicos, o había una incertidumbre que sólo era posible de salvar con una inversión del Estado?

Pensemos en las empresas de capital de riesgo que hay en este momento en el país. La gran mayoría fue creada al alero de un subsidio estatal. Y eso que en Chile la industria de capital de riesgo existe formalmente desde 1990, y al principio operaba sin ningún subsidio.

5-¿Tendremos otra industria joven como la salmonera?

Para sustentar la tasa de crecimiento de Chile se requiere que aparezca una nueva industria como la de los salmones cada 10 años. ¿Estamos haciendo algo para ello? Les aseguro que si no existiera esta industria, hoy sería imposible crearla. Nunca terminaríamos de cumplir los requisitos para formarla. Y eso que hay varias que están esperando para pasar a primer lugar. Miren como ejemplo lo que ocurre con los productos orgánicos. Con tasas de más del 30% anual de crecimiento, pero con regulaciones de certificación más exigentes que las de los países altamente desarrollados ¿raro, verdad?

6-¿Cuánto nos hemos hecho grandes en los últimos 10 años?

La suma de la capitalización bursátil de las 10 empresas más grandes de la Bolsa en 1980 era de US$ 1.600 millones (dólares de hoy, claro). Actualmente las 10 empresas más grandes suman US$ 113.000 millones. Lo notable es que ninguna de las originales está hoy en la lista de las más grandes. Más aún: sólo dos de las originales aún existen como empresas independientes. El resto fue absorbido por otras empresas o simplemente desapareció. Pero las nuevas no son nuevas. Tienen un promedio de 71 años de vida, con un promedio de 53 años en bolsa.

7-¿Algún parto en la última década?

En la última década casi no ha habido aperturas a la Bolsa. Y las pocas que ha habido son más bien divisiones, o fusiones, o empresas antiguas que llegan recién ahora a la bolsa emergente. ¿Por qué? ¿Es que se nos acabaron las ideas? Está claro que no. Hay varias. Y de alto potencial. Me consta. Pero es tan difícil partir que al final lo único relevante que pasa es que los grandes jugadores que ya llegaron se reorganizan, se fusionan, se dividen.

8-¿Y la edad de nuestros ejecutivos?

Otro aspecto importante para este análisis es la edad de los ejecutivos. La mayoría de los altos ejecutivos de las mayores empresas chilenas llegó a esas posiciones antes de los 30 años. Y con razón. Eran todos brillantes. ¿Y la nueva camada? ¿Estamos dispuestos a darle espacio a las nuevas generaciones de brillantes ejecutivos? ¿O nos va a pasar lo mismo que en política? Si no hacemos este espacio lo notaremos en los próximos diez años, cuando se nos vayan acabando las ideas o las ganas de trabajar. Recordemos que un emprendedor trabaja medio día: de 8 a 8.

9-¿Por qué Google no nació en Chile?

No hay ninguna razón específica. Los chilenos son iguales de creativos que las personas de cualquier país. Son iguales de trabajadores. Identifican oportunidades de alto potencial. Pero algo nos falla. Claro, Chile es demasiado chico y se necesita pensar en un mercado más grande. Claro que se puede partir acá, pero hay que tener la visión y la valentía para irse lo más rápidamente posible a un mercado de mayor profundidad. Tomen el caso de ALTO, la empresa de Jorge Nazer. Su merito es pensar en aplicar la idea que partió en Puerto Montt en toda Latinoamérica. Por eso es que tiene acceso a capitalistas de riesgo. O Daniel Dacarett, fundador de Producto Protegido, que busca llegar a México y de ahí a Estados Unidos. Esa es la visión y el entusiasmo que crean las nuevas empresas como Google. Y ojo que si tuvieran que operar bajo la regulación chilena para levantar capitales no habría forma que los consiguieran.

10-¿Dónde están nuestras jóvenes?

Franktitude, la empresa que recibió el año pasado el premio a la compañía de mayor crecimiento y potencial de Estados Unidos, fue creada por un chileno hace dos años en Miami: Arie Wurmann, MBA de Babson College. El producto es simple. Un hotdog completo, pero gourmet. Sé lo que está pensando. ¿A quién se le ocurre vender hot dogs en Estados Unidos? Pero él no sólo lo hace, sino que de pasada creó una categoría nueva de comidas: el fashion fast food. La pregunta es simple. Por qué allá y no acá. Por la misma razón que algunas empresas chilenas se van ahora a Perú. Por qué allá es más fácil. Y esto -no al final, sino que al principio- sí importa.