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Además de haber devorado las 400 páginas de El Origen de la especies, la mayoría ha leído los textos de sicología evolutiva del canadiense Steven Pinker -elegido el 2004 por Time como uno de los 100 personajes mundiales- y de la afamada bióloga y sicóloga estadounidense Leda Cosmides.
No son amigos entre sí, militan en diferentes partidos, varios han ocupado puestos de gobierno y hoy tienen a su cargo importantes empresas o proyectos académicos. Los une algo más complejo: la mirada evolucionaria para apreciar los fenómenos de la realidad. Aquella que proviene de la idea de selección natural que Darwin acuñó hace casi 150 años y que, en las últimas décadas, ha cobrado particular relevancia para comprender el comportamiento humano.
Se trata, entre otros, de los ex ministros Hernán Büchi, Carlos Hurtado, Alejandro Jadresic y Juan Antonio Guzmán; de los premios nacionales Eric Goles, Juan Asenjo y Carlos Conca; de los académicos Harald Beyer, Leonidas Montes y Eugenio Guzmán; y de los empresarios Juan Claro, Álvaro Fischer y Mario Conca.
Todos ellos forman parte de la recién creada Fundación Ciencia y Evolución, que acaba de conseguir personalidad jurídica y que busca difundir esas ideas, aprovechando que el 2009 se cumplen los 200 años del nacimiento de Darwin.
El origen de una idea
Además del interés por el pensamiento de Darwin "nos une la motivación por la divulgación de la ciencia", dice Juan Antonio Guzmán. El ex ministro de Obras Públicas Carlos Hurtado es otro gran entusiasta: "Darwin es clave para entender el pensamiento del siglo XXI", dice.
Álvaro Fischer -ingeniero matemático, director de empresas y socio de Raúl Alcaíno en la firma Resiter- es el motor del nuevo grupo. De hecho, es presidente de la fundación y el principal encargado de mantener conectados a sus miembros, que ya bordean la treintena. Las reuniones son en su oficina, en Pedro de Valdivia Norte. Generalmente intercambian artículos, libros y destinan muchas horas a discutir sobre estos temas. Incluso algunos han llegado más lejos. Fischer, junto al científico Carlos Conca -Premio Nacional de Ciencias Exactas- y al ingeniero matemático Roberto Araya, dicta el curso "Evolución, razonamiento y emocionalidad" en la Universidad de Chile. Han tenido éxito: en su última versión llegó a tener más de 300 alumnos.
Fue un artículo en The Economist lo que hace 14 años motivó a Fischer -quien es miembro de la New York Academy of Science y de la Human Behavior and Evolution Society- a indagar más en la psicología evolutiva. "Me pareció que el artículo describía muy bien la naturaleza humana y eso calzaba con mis intuiciones", dice. Se devoró todos los libros que encontró al respecto y acompañando a su mujer -la oftalmóloga Ximena Katz- a sus congresos de medicina, aprovechó para entrevistarse con los científicos que precisamente habían escrito esos textos.
Con el tiempo, Arturo Fontaine le pidió que escribiera sobre el tema en la revista del Centro de Estudios Públicos. Esa fue la semilla de donde finalmente surgió, hace 7 años, el libro Evolución…el nuevo paradigma. Tanto el artículo del CEP como el libro de Fischer fueron muy comentados y se convirtieron en la puerta de entrada para que muchos intelectuales y hombres de negocios chilenos, que ya tenían la inquietud, se contactaran entre ellos y comenzaran a discutir estos temas y a intercambiar textos.
Por eso, hace tiempo que a Fischer le rondaba la idea de crear una fundación que aglutinara a los seguidores de Darwin. Un año atrás, cuenta el empresario, caminando por Chiloé, se topó con el "Sendero de Darwin", una granja donde hoy se desarrollan experimentos ecológicos. "Justo ahí me acordé que quedaban dos años para los 200 del natalicio y pensé que era el momento para hacer algo en grande", dice.
Llegó a Santiago y se puso a trabajar. Contactó a los interesados, con quienes ya había tenido varias reuniones y mantenía contactos por e-mail. Hace poco obtuvieron la personería jurídica de la Fundación Ciencia y Evolución en el Ministerio de Justicia.
La idea, dice Fischer, es difundir la perspectiva evolucionaria para comprender las ciencias; en particular, las ciencias sociales: la sicología, sociología, antropología o la economía, ya que todas se conectan bajo esta misma mirada.
"Creemos que es muy importante que las ciencias sociales, que han sido el pariente pobre de las ciencias, comiencen a mirarse desde esta perspectiva. Junto con conectarse de manera coherente con la física y química subyacentes -dándoles un mejor sustento epistemológico-, esta mirada ha probado tener un notable concordancia con los datos empíricos recogidos en terreno".
Hace dos meses la portada de la revista Time estuvo dedicada a la Ciencia del Romance. En 25 páginas se abordó el tema desde el punto de vista evolucionario, intentando responder por qué los humanos, para emparejarnos y reproducirnos, sucumbimos al costoso y sofisticado mecanismo del amor, en vez de recurrir al simple contacto sexual, como otros mamíferos.
¿Pero, qué tiene que ver el origen de la especies con estos complejos temas de la interacción humana?
Según Fischer, a lo largo de las generaciones, el proceso de reproducción va generando cambios o recombinaciones genéticas en los individuos. Aquellos que permiten adaptarse mejor al entorno se hacen prevalentes y los otros tienden a desaparecer. Los rasgos que exhiben los seres vivos son el resultado de ese proceso de filtrado, que Darwin llamó selección natural. Los colores de las flores, las características de los insectos, la reproducción de los mamíferos y el sistema emocional y cognitivo humano son todos el resultado de ese proceso. El estudio del comportamiento humano mirado desde esa perspectiva da lugar a lo que Leda Cosmides llama psicología evolutiva, la que cada día cobra más adeptos en el mundo.
Tendencia mundial
Pero éstos no son los únicos casos de empresarios u hombres de negocios que se inclinan por estos temas. Miguel Boyer, marido de Isabel Preysler, economista español y ex director del Banco Central de ese país, está dedicado a la cosmología. Paul Allen, socio de Bill Gates en Microsoft, formó una Fundación dedicada a la neurociencia. El propio Gates destina su tiempo libre a estudiar biología para entender mejor las tecnologías de información.
Aquí en Chile, Andrés Navarro lee sobre física, Juan Claro es un seguidor de Darwin y Hernán Büchi desde los 15 años es suscriptor de la revista Nature, la biblia mundial de las ciencias. El periodista Fernando Paulsen, en su año sabático en Harvard, está dedicado, entre otras cosas, a actualizar su conocimiento científico, incluyendo seminarios con Steven Pinker, uno de los referentes del darwinismo moderno.
"Muchos nos hemos dado cuenta de que la forma como la naturaleza ha ido resolviendo ciertos problemas -por medio de este proceso de ensayo y error permanente que es la selección natural-, ayuda a encontrar soluciones aplicables a la organización de negocios, a los métodos productivos o a desarrollar las tecnologías de información. La biología, como dijo alguien, es la ciencia de la información. Y hoy estamos viviendo la era del conocimiento basado en la información. El vínculo es cada vez más estrecho", explica Fischer.
El empresario cita el ejemplo del famoso escritor inglés Ian McEwan, autor de Expiación, a quien conoció en Londres, en 1998, cuando presidía una ceremonia de lanzamiento de libros sobre darwinismo en la London School of Economics, y quien es un entusiasta seguidor de Darwin. Sus referentes científicos son pensadores evolucionarios y su conocimiento de la psicología evolutiva está al servicio de su talento para describir las sutilezas de las interacciones humanas que plasma en sus novelas.
Así como a McEwan le sirve la mirada evolutiva para introducirse en la mente de sus personajes, una cosa similar ocurre cuando se hacen negocios o simplemente en las relaciones sociales: "Las personas con que estás interactuando responden a ciertos patrones propios de nuestra especie -con las variaciones que todo individuo tiene- que la mirada evolutiva te ayuda a comprender. Así uno puede adelantarse o entender mejor la situación en que se encuentra", dice Fischer.
Darwin aplicado
El gerente general de Chilevisión, el ingeniero Mario Conca, comenzó a interesarse por estos temas cuando leyó La tabla rasa de Steven Pinker. Ahí se sostiene que el cerebro no actúa sobre la base de una tabla rasa; por el contrario, funciona modularmente con sistemas neuronales que vienen precableados en nuestro ADN.
Harald Beyer, economista del CEP, ha utilizado la psicología evolutiva para comprender la economía de una forma más compleja "ya que el modelo clásico de la economía, el del hombre racional, es incompleto", dice.
Beyer explica que el ser humano tiene ciertos rasgos de comportamiento aprendidos que se reflejan en determinados momentos del tiempo y en determinadas circunstancias. Una persona, que puede ser altruista y egoísta, no tiene por qué ser siempre altruista y eso lo explica mejor la psicología evolutiva. Nuestra mente tiene ciertos circuitos programados, que son producto de la adaptación a los cambios que han ocurrido durante nuestra vida como especie y que están programados en nuestro cerebro, que nos hacen reaccionar de una forma o de otra en determinados momentos.
Para el sociólogo y decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Eugenio Guzmán, la perspectiva evolucionaria le permitió ratificar su intuición respecto de la naturaleza humana; la descripción del comportamiento era incompleta si no incluía los aspectos innatos, tales como las emociones o el lenguaje, entre otros.
"Después de casi 200 años de un paradigma basado en el determinismo cultural y social, es indispensable reconocer que éste no se basta a sí mismo para comprender la conducta humana, e incluso su cultura", dice Guzmán.
César Ojeda es uno de los primeros médicos chilenos que ha incorporado la teoría evolutiva en la siquiatría. "Con la ayuda de ésta se entienden, por ejemplo, muchas patologías, como la fobia a los ascensores, a los aviones o a usar ropa apretada.
Todas tienen una explicación muy clara: el temor al atrapamiento, que existe en todos los mamíferos y que significa la depredación inmediata. Por lo tanto, es una reacción natural del cerebro al enfrentar el mundo moderno tecnológico", sostiene.
Eugenio Guzmán agrega que los trastornos mentales -como la ansiedad y las depresiones- podrían estar asociados al estilo de vida que tenemos hoy. "Por ejemplo, no es lo mismo un cerebro que se desarrolló en un ambiente como el de la sabana africana, hace más de treinta mil años, acostumbrado a comer poco y a seguir el ciclo del día y la noche, a un ambiente en que vivimos en edificios, tenemos abundancia de alimentos, no seguimos el ciclo día y noche, y trabajamos con luz artificial".
Siguiéndole la pista
A los darwinianos nacionales les apasiona la conexión de este inglés con Chile. Pocos saben que un tercio del viaje que realizó el naturalista durante 5 años -entre 1831 y 1836- lo pasó en Chile.
A bordo de la fragata Beagle e invitado por el capitán británico Robert Fitz-Roy, Darwin realizó su histórico viaje alrededor del mundo. Fitz-Roy -como señala David Yudilevich en su libro "Darwin en Chile"- tenía como tarea levantar cartas geográficas y estudiar las costas de América del Sur, con énfasis en la región austral, la Patagonia y Tierra del Fuego.
Darwin, hijo de un prestigiado médico inglés, tenía 22 años. Era su primer viaje. No sabía nada de Chile. En Ancud presenció la erupción del volcán Osorno, en Concepción fue testigo del terremoto que arrasó la ciudad, en la cordillera de los Andes se percató de los fósiles que evidenciaban que esos terrenos eran en la antigüedad fondo marino.
Así, fue apuntando y describiendo en su diario de viaje -mientras recorría Chile navegando, a pie y a caballo- el paisaje, la flora, la fauna y geología. "Experimentó vivencialmente que el mundo cambia, lo que reafirmó su idea de que éste se describe mejor de manera evolutiva. Por eso que los veinte meses que pasó en Chile tienen una trascendencia histórica de gran valor, ya que fueron la antesala para todo el proceso de reflexión que, sumado a lo que observó en las Islas Galápagos, lo llevó a formular su Teoría de la Evolución por selección natural", explica Fischer.
De hecho, en su autobiografía, Darwin califica el viaje en la Beagle como el acontecimiento "más grande de su vida".
Uno de los chilenos que han reconstruido la ruta de Darwin es el ex ministro Alejandro Jadresic, actual decano de Ingeniería de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI). Hace dos años organizó un viaje en yate con un grupo de amigos y su mujer, Francesca Di Girolamo. Ella es geógrafa y también fanática de Darwin. Recorrieron los canales australes por donde pasó el naturalista. Como guía utilizaron el famoso libro "Diario del Viaje del Beagle".
"Fue fascinante revivir algunas de las impresiones que manifiesta el propio Darwin, como por ejemplo, la belleza del monte Sarmiento cuando está despejado. O la visita a los glaciares de la zona. O recordar la historia de los indios yaganes", explica Jadresic. En la UAI, dice el decano, han incluido la perspectiva evolucionaria en los cursos de extensión en ciencia y tecnología, con Álvaro Fischer como profesor.
Otro "loco" por Darwin es el empresario y ex ministro Juan Antonio Guzmán. Leyó su primer texto sobre evolución cuando tenía 15 años. Hoy posee la edición original de la colección completa de los libros de Darwin. Esta data del siglo XIX. Pero su interés ha llegado más lejos: con un grupo de amigos recorrió la zona de Chile Chico, por donde pasó Darwin, excavando y buscando fósiles. En los 80, viajó hasta Sudáfrica para visitar cavernas milenarias.
Büchi y los bonobos
Hernán Büchi no sólo recorre el mundo asesorando en temas económicos a distintos gobiernos. Como miembro y donante de la Fundación Leakey -una de las más influyentes del mundo en antropología biológica- realiza expediciones con grupos de científicos de todo el mundo, especialmente por África.
El objetivo es buscar fósiles que demuestren la certeza de la evolución humana y estudiar el comportamiento del cerebro de los chimpancés bonobo (un tipo de chimpancé más pequeño). Éstos son muy similares en términos genéticos a los seres humanos, mucho más que cualquier otro animal. Son capaces de organizarse en grupo, de coludirse para conseguir sus propósitos y de fabricar herramientas. "Su observación es interesante para aproximarse a las condiciones de nuestros antepasados", dice un darwinista. "Büchi siempre se ha interesado en el funcionamiento del cerebro y su relación con las emociones. Ha leído casi todos los textos Joseph LeDoux, quien sostiene que es imposible entender la vida humana sin las emociones", agrega.
A quienes conocen al ex ministro de Hacienda no les llama la atención su dedicación por estos temas. Desde hace 40 años que lee biología. Sus amigos dicen que lo de él era la ciencia y que la economía fue accidental en su vida. Cuando estaba en primer año de Ingeniería Civil en la Universidad de Chile, se devoraba todos los autores que hablaban del origen del hombre y asistió a los talleres de biología de Humberto Maturana. Desde hace mucho tiempo que lee mensualmente las revistas Nature y Science.
Un ex compañero de curso del economista recuerda que en más de alguna oportunidad Büchi discutió acaloradamente con Maturana -Premio Nacional de Ciencias- sobre la plasticidad del aprendizaje del cerebro versus la genética del cerebro.
"Büchi es un erudito en estas materias", dicen sus cercanos. Siempre está al tanto de los nuevos descubrimientos científicos. Tal es su conocimiento que cuando ha tenido algún problema de salud dicen que discute de igual a igual con los médicos.
Fiesta del bicentenario
La idea de los seguidores chilenos de Darwin es celebrar los 200 años del nacimiento del naturalista inglés, con una abultada agenda cultural que se extienda durante todo el 2009.
Para ello están invitados -y confirmados- los gurús más importantes en estos temas: Leda Cosmides y John Tooby -quienes acuñaron el término psicología evolutiva-, Matt Ridley, Helena Cronin, Steven Pinker, Daniel Dennett, Richard Dawkins y el escritor inglés Ian McEwan.
Lo que buscan, explica Fischer, es resaltar el legado intelectual de Darwin en el siglo XXI. Ese es el título de la agenda que se realizará durante 2009.
Darwin para dummies
Por Alvaro Fischer
Entre los muchos libros de científicos, periodistas y filósofos que han escrito sobre la perspectiva evolucionaria y sus consecuencias, hay algunos que han tenido especial éxito, pues han permitido difundir esas ideas para un público no especialista, con particular brillo y elocuencia.
Posiblemente el más conocido de todos sea Richard Dawkins, por su libro El Gen Egoísta. En él, Dawkins muestra que la idea de selección natural de Darwin es más fácil comprenderla si se la piensa como un proceso en el que los genes mutan o se recombinan en un esfuerzo de pasar de una generación a la siguiente, y que los organismos vivos no son más que los vehículos que éstos utilizan para lograrlo.
Esa metáfora es la que da lugar al adjetivo "egoísta", aunque obviamente los genes no son ni egoístas ni altruistas, sino tan solo moléculas complejas que interactúan siguiendo las leyes de la física. El estilo claro y la argumentación persuasiva de Dawkins le han permitido transformarse en un best seller científico.
Sin embargo, el primer libro que yo leí sobre estos temas fue The Moral Animal, del periodista Robert Wright. En él, Wright logra darle a un tema de no ficción la amenidad de una novela. Presenta los argumentos centrales de lo que se ha dado en llamar la psicología evolutiva, con mucha elocuencia, mostrando cómo se han establecido los principales atributos de comportamiento de nuestra especie, y cómo ello ha dado lugar a psiquis evolucionadas distintas para hombres y mujeres. Pero, además, utiliza la vida de Darwin como un ejemplo particular de todo lo anterior, lo que resulta especialmente fascinante de seguir.
Entre los más conocidos después de Dawkins, está el psicólogo cognitivo Steven Pinker. Su libro How the Mind Works es un extraordinario recorrido por las capacidades de la mente humana, miradas desde la perspectiva evolucionaria. El libro permite adentrarse en la manera cómo el proceso evolutivo fue filtrando y reteniendo en el pool genético humano ciertos rasgos -el lenguaje, la visión en tres dimensiones, la conciencia, entre tantos otros- y cómo esa perspectiva es la apropiada para plantearse las preguntas más pertinentes para continuar esa búsqueda. Pinker es un experto en lenguaje y ha escrito numerosos libros de mucho éxito.
El zoólogo británico Matt Ridley, ex editor científico del prestigioso semanario The Economist, es también un prolífico autor cuyos libros se han transformado en best sellers. Me gustaría destacar entre ellos a The Origin of Virtue. En él, Ridley muestra el origen evolucionario de los sentimientos solidarios y las conductas de colaboración que exhiben las personas. Ese descubrimiento, hecho en la segunda mitad del siglo XX, fue muy importante para quitarle el estigma de "la supervivencia del más fuerte" que el darwinismo arrastró durante mucho tiempo y que lo asoció erróneamente con las doctrinas políticas racistas o de exterminio.
Mi filósofo favorito es el norteamericano Daniel Dennett. El se declara filósofo naturalista, es decir, alguien que cree que las preguntas sobre el ser humano deben ser respondidas asumiendo que éste es el resultado de un proceso evolutivo, que comenzó en el Big Bang, que en algún momento dio lugar al sistema solar, que continuó con la aparición de la vida, hasta llegar a nosotros. En su libro Darwin's Dangerous Idea relata el poder explicativo del concepto de selección natural, al que califica de "la mejor idea jamás concebida". Dennett también ha escrito, desde esta misma perspectiva, sobre la conciencia, la libertad y las razones por las que las creencias religiosas son tan prevalentes en el mundo.
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