|
No ha existido -ni existirá- un mejor momento para ser fabricante de software de teléfonos celulares. Hace apenas cinco años, estos aparatos dejaron de ser sólo teléfonos con los que además se podía enviar mensajes de texto. Y hoy existe una verdadera revolución de los smartphones, la que ha desembocado en las BlackBerry, los iPhones y las PDA con función de telefonía, que hoy son prácticamente todas. En Microsoft se frotan las manos. De hecho, la afirmación con que comienza este artículo ha salido de Redmond.
Algunos periodistas de Europa y Asia hemos venido esta semana a hablar con los responsables de Windows Mobile sobre los últimos desarrollos que, desgraciadamente, son pocos. Dicho de otra forma, Microsoft cree que estamos en un momento tan excitante como lo fue la década de los 70 para la informática doméstica, con la diferencia de que ellos llegan esta vez con las tareas hechas. Algo que, hasta cierto punto, es verdad. La venta de licencias de Windows Mobile se ha duplicado en el último año, llegando a los 20 millones, y hoy puede decirse que todos los altibajos anteriores con la marca PocketPC han servido para convertir a Microsoft en un jugador de peso en este mercado. Es cierto que RIM, a través de BlackBerry, ha tomado por sorpresa al mercado corporativo, pero no se puede decir que Windows Mobile lo haya hecho mal.
El problema es que ahora vienen las curvas. Convencer a las empresas de que pongan móviles avanzados en el bolsillo de sus empleados es, hasta cierto punto, fácil. Lo difícil será convencer a mi madre de que se compre uno también. Mi madre quiere un móvil sencillo, sin complicaciones. Aprendió a usar su Motorola hace dos años y la peor tragedia que podría sucederle es tener que cambiarlo por otro más avanzado. Ése es el terreno al que Microsoft quiere llevar ahora el Windows Mobile, el del consumo, y el problema es que Apple ya ha desembarcado ahí con increíble éxito y está a punto de volver a dar la campanada.
La propia gente de Microsoft reconoce que, en estas materias, Apple pisa suelo firme y que está ayudando a dar forma al mercado, incluso con unas ventas inferiores a las de otras compañías. Por ahora no quieren contar cuándo habrá una nueva versión de Windows Mobile, pero sí están en condiciones de confesar que será más amigable hacia el usuario y no ocultan que lo hecho por HTC con su gama Touch -teléfonos Windows Mobile que se pueden manejar con comodidad usando el dedo- es el camino a seguir.
La confesión es revolucionaria: después de años de cargar con un lápiz de plástico, parece que el futuro es más bien de los pulgares. Pero lo que muchos periodistas fuimos a buscar a Seattle esta semana era la confirmación de que en Microsoft preparaban un movimiento similar al de Apple, que se atreverían a poner en el mercado un teléfono propio y con un conjunto de servicios integrados. Y en ese punto son tajantes: no.
A la vuelta del verano boreal, el mercado será muy diferente. Google habrá puesto en la calle las primeras versiones de Android, BlackBerry seguirá en el bolsillo de millones de ejecutivos y Apple volverá a acaparar titulares con una nueva versión del iPhone -cuyo anuncio se espera en unas semanas y su comercialización a finales de junio o principios de julio-.
Por su parte, Microsoft está en una posición difícil, intentando plantar su bandera en todos los frentes posibles. Es la guerra que se avecina, similar a la que hace años convirtió un sistema operativo -MSDOS/Windows- en el corazón de los ordenadores, desterrando al resto a comer las migajas. RIM, Apple, Google, Microsoft y Nokia tienen ya las chequeras preparadas para ofrecer dinero a los desarrolladores que se animen a crear software para su plataforma. El que gane podría ser el Microsoft del siglo XXI y el título, esta vez, no tiene por qué quedarse en Redmond.
A lo mejor, a la compañía de Bill Gates le saldría a cuenta apostar por un teléfono propio. Es el camino que está tomando Google, aunque todavía no tiene nada que mostrar. Y es la ruta que han seguido los otros tres actores de este mercado. A estos últimos no les va nada de mal.
|