LATERCERA.COM

.

Revista Qué Pasa    

Portada

bullet-gris Ver Portada

bullet-gris Números anteriores

bullet-gris Suscríbete

Destacados

Jorge Errázuriz: "En Chile todos somos nuevos ricos"

¡Sintonízate clase política!

La otra Señora K

La Guía de...

Illanes

Consumo

Mach GO GO GO !!!

Bellas

Kate Hudson

Al rescate de la elegancia

No es para nada elegante que una subsecretaria venda frambuesas, ni que a la presidenta Bachelet le monten un hospital falso, ni que un candidato -Sebastián Piñera- compre acciones de LAN. ¿Debe ser la elegancia un patrón de comportamiento exigible en la vida privada y pública?

Por  Andrés Benítez
Enviar a un amigo Imprimir  

Durante un debate acerca de la píldora del día después realizado la semana pasada en la Universidad Adolfo Ibáñez, el doctor Fernando Zegers, aludiendo a las investigaciones que ha realizado sobre la materia, señaló: "Y les quiero decir que se trata de estudios elegantes, bien hechos, bien presentados".

Me sorprendió, en un comienzo, el uso de la palabra elegante, para referirse a una investigación científica. Claro, estamos tan acostumbrados a vincular lo elegante con la moda, específicamente con el vestuario, que nos olvidamos de que el término tiene una significación mucho más profunda y amplia. De acuerdo a la Real Academia Española, la palabra elegante es la forma bella de expresar pensamientos y tiene que ver tanto con valores estéticos como morales. Porque si bien elegante es aquel dotado de gracia y buen gusto, también lo es aquel que actúa con mesura o sobriedad, con sencillez, distinción, armonía y serenidad. Es, en definitiva, la ausencia de vulgaridad y exceso.

Mirando los últimos acontecimientos públicos de nuestro país, uno se puede referir a ellos de muchas maneras. La presidenta Michelle Bachelet, por ejemplo, llamó a desterrar la ineptitud del gobierno, refiriéndose a casos como el montaje del Hospital de Curepto, entre otros. Es cierto que en muchos casos ha faltado aptitud o habilidad. Pero también ha faltado elegancia.

El que una subsecretaria reparta frambuesas en un vehículo fiscal es algo de muy poco gusto, discreción y distinción. En definitiva, muy poco elegante. Para qué hablar de la actitud de la ex ministra Yasna Provoste durante la acusación constitucional que finalmente le valió el cargo. Todo lo que hizo durante esos días fue excesivo, poco sobrio y poco sereno. Algo que no se espera de un ministro de Estado. El punto más bajo de todo esto es el montaje que supuestamente se le hizo a la presidenta en la inauguración del Hospital de Curepto, situación que es sencillamente vulgar, que es el opuesto a la elegancia.

¿Debe ser la elegancia un patrón de comportamiento exigible en la vida privada y pública? Pienso que sí. Porque en definitiva uno espera que, al menos las personas que ocupan puestos de alta responsabilidad o visibilidad, tengan una conducta que se ajuste no sólo a las leyes, sino también que se comporten con la dignidad del cargo. Y la elegancia, entendida en un concepto amplio, aparece como un parámetro fundamental.

Las sociedades poco elegantes caen en el mal gusto, en la exageración, en la ostentación; esto es, en el exceso. Son poco discretas y vulgares. Muchas de las cosas que vemos a menudo en el Chile actual.

La elegancia no es un privilegio de los ricos. Por el contrario, hay muchos ricos que son muy poco elegantes. Y la gente humilde en Chile se ha caracterizado por su sobriedad y sencillez. Por ende, no es correcto ampararse en el origen social para tener o no tener elegancia. Es de hecho una virtud muy democrática.

La elegancia tampoco es un atributo de la derecha. Por el contrario, algunos de los gobiernos de la Concertación han sido muy exitosos en esto. La transición política de Patricio Aylwin, por ejemplo, es reconocida internacionalmente como sobria y serena, tomando en cuenta la alta complejidad que tenía la instauración del primer gobierno democrático.

Así también, personas vinculadas a la derecha actúan de vez en cuando con muy poca elegancia. Como es el caso de Sebastián Piñera y la compra de acciones de LAN. Podrá argumentarse acerca de la legalidad del hecho, pero lo que nadie puede discutir es que no fue prudente ni de buen gusto hacerlo.

Finalmente, está la elegancia externa. Si bien ésta no se puede imponer como estándar de la vida pública, al menos podemos decir que un hombre y una mujer vestidos con gracia y distinción serán siempre bienvenidos. Porque las sociedades también se nutren del buen gusto, de la gracia, de lo bello.