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Los bancos de alimentos existen en más de 25 países. Sólo en EE.UU. hay 200, que anualmente recolectan un millón de toneladas de productos que distribuyen entre fundaciones de caridad. Hoy, frente a la crisis alimenticia mundial, la idea de armar una de estas instituciones en Chile cobra más fuerza. Sin embargo, la ley aquí no permite que las empresas del rubro donen sus productos y miles de kilos de alimentos deben botarse. Desde el 2003, un grupo de profesionales mueve los hilos en Hacienda para darle institucionalidad a la idea.

Por  Paula Comandari
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Decenas de países en huelga por el aumento de precios en los alimentos. Cinco muertos en Haití producto de las movilizaciones. 37 naciones enfrentadas a la crisis alimenticia. El precio del arroz y el maíz por las nubes. Tanto es el revuelo, que The Economist no dudó en instalar el tema en su última portada, argumentando que el problema de los alimentos hay que tomarlo tan seriamente como la crisis financiera. Más aún: el Banco Mundial no despega los ojos del problema y la Casa Blanca lo maneja como tópico prioritario.

"Mientras, en Chile, las empresas del rubro deben botar y eliminar miles de kilos de alimentos ante un inspector del Servicio de Impuestos Internos. A estas empresas no les queda otra, porque si los donan tendrían que pagar altos impuestos. Botar y eliminar es entonces la única forma que tienen para dar los productos de baja contablemente", explica el abogado Roberto Peralta. Y sabe de lo que habla. Desde 2003, este socio del estudio Toro & Depolo ha sido uno de los expertos que han trabajado para cambiar este modelo. "La crisis actual muestra que las trabas para donar alimentos son un absurdo en el país", remata.

Por eso, él junto a Pilar Aspillaga -ambos abogados de la Fundación ProBono- han empujado el proyecto propuesto por el ingeniero Carlos Ingham, socio del fondo Linzor Capital Partners, quien hasta hace siete meses fue presidente de JP Morgan para el Cono Sur. Se trata de armar en Chile un banco de alimentos. Suena raro, pero éstos existen hace tiempo en el resto del mundo.

A Ingham se le cruzó la idea por la cabeza hace cinco años, cuando un grupo de amigos lo invitó a la comida anual de la Asociación de Bancos de Alimentos de Argentina, que reunía a cerca de mil personas. "Yo partí y reconozco que no tenía idea lo que era un banco de alimentos. Me interioricé en el tema. Me di cuenta que estas instituciones existían en todo el mundo, que ayudaban a miles de personas de bajos recursos, que habían sido clave durante la tragedia del huracán Katrina y que en Chile no existía la iniciativa", afirma. De inmediato comenzó a mover los hilos para fundar un banco aquí. Tocó las puertas del Ministerio de Hacienda, cuando Nicolás Eyzaguirre era titular de esa cartera, y concretó reuniones formales con el equipo del ex ministro. Incluso, informalmente le presentó su proyecto al ex presidente Lagos.

Reuniones en Hacienda

Más de 25 países cuentan hoy con bancos de alimentos, instituciones abocadas a recolectar los productos que aun siendo aptos para el consumo no pueden ser comercializados en el mercado. "Ya sea porque están ad portas de vencerse, porque han sido mal etiquetados o porque están abollados. En Chile, en cambio, ellos hoy se desperdician porque la ley no permite las donaciones de especies", dice la abogado Pilar Aspillaga.

En los países donde existen, estos bancos reciben y almacenan los productos y luego los distribuyen a las distintas fundaciones de caridad, las cuales deben pagar un fee simbólico para que los bancos tengan los recursos para sus gastos operacionales básicos. Generalmente, tienen un galpón de almacenamiento y cámaras frigoríficas para mantener los productos perecibles en buen estado, además de varios autos que se encargan de distribuir los productos.

Los 200 bancos de alimentos que existen en EE.UU. -país donde nació la primera institución de esta especie, en 1967- reúnen cerca de un millón de toneladas, valorizadas en US$ 3.000 millones. Luego, las distribuyen a 50 mil fundaciones de caridad que alimentan a 25 millones de personas cada año. En Europa el panorama es igual de auspicioso: 274 mil toneladas de productos avaluados en 521 millones de euros apoyan la labor de 25 mil instituciones que atienden a más de cuatro mil personas.

Fue este contexto mundial el que motivó a Ingham. El primer año se puso de cabeza a trabajar para levantar la iniciativa en Chile. Pidió asistencia legal al abogado Arturo Alessandri y contrató a un ingeniero que visitó Argentina para conocer la experiencia allá: más de 12 bancos que distribuyen 225 mil kilos de alimentos anualmente. Venezuela, Uruguay, Colombia, Ecuador, Perú y Brasil también tienen este tipo de organismos funcionando en sus tierras. Ingham, además, concretó varias reuniones con empresas del rubro, las cuales se mostraron entusiasmadas con el plan.

Pero después de un tiempo se desilusionó. "En buena parte abandoné el proyecto. Mi trabajo me obligó a viajar mucho y además quedé sorprendido con las dificultades que había para armar este proyecto aquí. Incluso desde el sector privado y público me decían que para qué hacía esto, si en Chile no existía desnutrición", recuerda el ingeniero.

Los abogados ProBono, en cambio, siguieron operando: desde 2003 se han reunido en 10 oportunidades con el equipo de Hacienda, de las dos administraciones, para lograr modificar la actual Ley de Donaciones con fines sociales. Y siempre, dicen, la propuesta del banco de alimentos ha estado sobre la mesa. "Si bien el tema quedó relegado en los tiempos de Eyzaguirre, hoy ha tenido bastante acogida, sobre todo por la subsecretaria María Olivia Recart", dice Peralta.

La propia subsecretaria reconoce el avance de esas conversaciones: "En 2006 comenzamos a trabajar con más de 60 organizaciones sociales para perfeccionar la Ley de Donaciones. En esas conversaciones, Roberto Peralta y Carlos Ingham trajeron a colación otros temas adicionales como el Banco de Alimentos. Les dije que había que separar las cosas. Primero tramitar la modificación de esta ley, y una vez que ello fuera aprobado me comprometí a trabajar con ellos en el tema de la donación de alimentos, que es completamente distinta a la de dineros".

Varios políticos que avalan el plan también se han sentado a discutir el tema: los senadores Hernán Larraín y Jaime Orpis, a quienes se les sumó el capellán del Hogar de Cristo, Agustín Moreira; Leonardo Moreno, de la Fundación para la Superación de la Pobreza; Felipe Valenzuela, de la Fundación Las Rosas; Sergio Domínguez, de Coaniquem; Ana Luisa Jouanne, de

Corporación Esperanza; y el consultor experto en sociedades sin fines de lucro, Ignacio Irarrázabal.  

Por estos días, Peralta y Aspillaga -de la mano de Ingham, quien volvió a la carga- ponen sus fichas en lograr modificar la Ley de Donaciones e incluir allí a especies como los alimentos. Ello implicaría registrar el proyecto Banco de Alimentos bajo la Ley 19.885, lo cual permitiría a las empresas donantes evitar la situación actual: básicamente, el pagar como impuesto el 35% del valor de los alimentos que regalan. Lo que en jerga experta se conoce como "impuesto por gasto rechazado". El tema, en todo caso, se ve bastante complicado, tomando en cuenta que la Cámara de Diputados aprobó recién el proyecto que modifica la Ley de Donaciones con fines sociales. Y las especies no fueron contempladas.

De 4.500 a 500.000 kilos

Pero los promotores del Banco de Alimentos no se dan por vencidos. Argumentan que aún es posible apelar a otros mecanismos para concretar las donaciones en especies. "El tema se podría resolver con una solución administrativa: que el Servicio de Impuestos Internos permita que las empresas no paguen el 35% del gasto rechazado y que hubiera una exención especial del IVA", argumenta Peralta, quien acota que Hacienda ha visto con buenos ojos la idea. Sin embargo, María Olivia Recart advierte que "la idea es encontrar mecanismos para que funcione, pero el proyecto no es fácil de llevar a cabo. Nosotros tenemos ciertas aprensiones respecto a la iniciativa, pero ellos aseguran tener soluciones a ellas. Eso implica un trabajo en conjunto". Por su parte, en el SII ven la idea con reticencia.   

Según las proyecciones, los alimentos que se recolectarían podrían ascender a los 500 mil kilos cada año en Chile y beneficiarían a cerca de 300 instituciones que hoy se financian con donaciones informales y dinero.

De gran apoyo serían las empresas transnacionales con presencia en Chile, ya que éstas colaboran con bancos de alimentos en otros países y que se unirían al proyecto nacional. La lista incluiría marcas como Nestlé, Coca Cola, YPF, Procter&Gamble, Quaker, Kellog's, Pepsico, KraftFoods y Hershey, entre otras. Ellas, según los patrocinadores del proyecto, entregarían su know how a las firmas nacionales. "El proyecto no sólo beneficia a las fundaciones de caridad, que se aseguran un suministro confiable de alimentos, más asesorías en materias higiénicas, sanitarias y de nutrición que generaría el banco. Además, las empresas se ven favorecidas porque se generan espacios libres en bodegas, reduciendo costos de inventario, elimina costos de deposición de alimentos no comercializables y genera control de destino de sus donaciones", afirma Pilar Aspillaga.

A pesar de las trabas, los esfuerzos por levantar un banco en Chile han ido aumentando. En forma paralela a este movimiento, otro grupo, liderado por la técnico en alimentos Olimpia Valladares y su partner Ornella Gelfi, comenzó a planificar el plan en 2005. Visitaron Argentina e Italia para ver in situ cómo operaban los bancos allá y dos años más tarde consiguieron darle personalidad jurídica al organismo que bautizaron como Banco de Alimentos Chile. Ellos son 20 personas que operan "artesanalmente": arman campañas vía e-mail y recolectan alimentos entre amigos. Se trata de donaciones individuales, no corporativas, que en 2006 y 2007 alcanzaron a reunir cerca de 4.500 kilos. "Pensamos que hoy es un tema que hay que tratar por la coyuntura y porque habiendo escasez es ridículo que se boten los alimentos", señala Olimpia Valladares, cuyo objetivo es el mismo que el de Ingham: que el Ejecutivo modifique la Ley 19.885, para incluir las donaciones en especies. El año pasado también tuvo dos reuniones con Hacienda, se juntaron con personeros del SII y ya tienen lista una carta a la ministra de Salud para ponerle urgencia al tema. Ingham se les unió la semana pasada para aunar fuerzas y en conjunto definirán el nuevo directorio de la entidad.

"En Italia, durante décadas los bancos funcionaron a una escala muy pequeña, porque no había una ley que acogiera el tema. Y la experiencia les terminó dando la razón", dice Ingham, quien explica que en dicho país europeo hoy funcionan legalmente 20 de estas organizaciones. Ingham agrega que espera que en el futuro no sólo se levanten varios bancos de alimentos en Santiago, sino que al menos un par en las otras grandes ciudades del país, donde existan cámaras de frío que permitan proveer a la gente de productos perecibles con un monitoreo que muestre a las empresas que el movimiento de sus productos se hace correctamente. 

Para el 2 de agosto, el grupo completo organizó una colecta para lo que será la primera actividad de este incipiente banco de alimentos, donde tienen comprometidos a 120 supermercados de la Región Metropolitana. Esperan que la crisis alimenticia mundial y la visibilidad de esta iniciativa ayuden a generar la modificación legal tributaria que necesita Chile para echar a andar estos bancos que ya se conocen en distintos rincones del planeta.