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Jorge Errázuriz Grez (55) tenía currículo familiar para ser político: apellido, contactos, un abuelo senador y un padre diputado. "Descendemos de Fernando Errázuriz Aldunate, al que O'Higgins le entrega todos los símbolos del poder cuando abdica", dice. Sin embargo, prefirió romper la tradición, se convirtió en empresario y pese a que trabajó con Miguel Kast en el Odeplan del gobierno militar, decidió que lo suyo era el mundo de las finanzas.
Hoy el dueño y vicepresidente de Celfin Capital es uno de los zares del mercado bursátil nacional. El 2008 la firma cumple 20 años, tiene 400 empleados y se pelea el primer lugar como banco de inversión con LarrainVial. Maneja US$ 2 mil millones de portafolio de personas, US$ 3 mil millones de fondos institucionales y sobre US$ 10 mil millones en fondos de AFP invertidos en el extranjero. En total, US$ 15 mil millones. Este año desembarca en Perú, está mirando hacia Colombia y no descarta China.
-El éxito que tuvo el concierto de Ennio Morricone fue una buena y singular manera de celebrar los números de Celfin y los 20 años de vida.
-El concierto superó nuestras expectativas. Que las entradas no se pudieran comprar generó una ansiedad increíble. Imagínate que el nieto de Morricone le decía "Nono, aquí eres un rockstar". Todavía estamos sacando conclusiones del "efecto Morricone", pero sabemos que el efecto superó a la empresa.
Este economista de la Universidad Católica, fanático, entre otras cosas, del velerismo y el enduro ecuestre, puede hablar con autoridad de la evolución que ha tenido la riqueza en Chile en los últimos 25 años. "Éramos un país que transaba en Bolsa dos millones de dólares al día. Hoy colocamos 500 millones de dólares", dice.
Su currículo consigna que a los 25 años el Banco Central lo nombró director de la oficina de Ginebra para promocionar Chile en el exterior y así conseguir crédito. A los 26, Eliodoro Matte lo invitó a participar en el primer banco de inversiones criollo -Chile BiceConsult-, donde "conseguimos proyectos como La Escondida y Metanex y tuvimos que cambiar las leyes, convencer a inversionistas extranjeros para que invirtieran aquí en momentos muy difíciles".
En 1988, junto a Juan Andrés Camus -su actual socio- y al cubano Mario Lobo se lanzaron a desarrollar asesorías financieras a empresas. Fue la génesis: formaron CEL, la antesala de CelfinCapital.
-Como socio fundador de Celfin ha sido testigo del despegue económico de las últimas décadas, del aumento de las inversiones y de la riqueza chilena.
-En Chile se ha producido un fenómeno bien extraordinario en la capacidad de ahorro de las personas. El crecimiento de los fondos mutuos, que ahora estamos repartiendo con Falabella y con ING, era impensable hace algunos años. Incluso, muchas familias están contratando empresas para que les manejen su dinero. Hoy, Chile es un país de ingreso per cápita de 14 mil dólares a precio de igual paridad adquisitiva. Es la nación con mayor ingreso per cápita de América Latina. Tenemos una clase media con ahorro, un mercado de capitales más profundo y con mucha más liquidez.
-Y muchos nuevos ricos...
-En Chile, todos somos nuevos ricos. Culturalmente estamos saliendo del patrón antiguo, donde se valoraba la austeridad y el éxito era mal visto. Hoy, en cambio, las generaciones jóvenes quieren tener éxito y los que lo alcanzan no se avergüenzan. El éxito económico se está transformando socialmente en algo bueno.
El club de los 10 millones
-¿Se considera un hombre rico?
-En Chile, sí. Sería hipócrita no reconocerlo. Pero en términos globales, si uno mira lo que es ser rico en otros países, soy uno más.
-¿Quién es rico hoy en Chile?
-Es muy relativo. Se podría decir que una persona es rica cuando al dejar de trabajar puede llevar una existencia sin mayores restricciones y mantener su estándar de vida.
-En el pasado, poseer un millón de dólares era la visa para entrar al club. ¿Cuánto hay que tener ahora para ser considerado rico en Chile?
-Ese millón de dólares de antes equivale a diez millones actuales. El que tiene eso es rico en Chile. La renta que te da un capital de esa magnitud, sin gastártelo, al 5% de interés, son 20 millones de pesos mensuales. Ahora bien, esto es relativo: en Nueva York una persona que tiene dicho capital no es considerada rica, y en Manhattan con $ 20 millones mensuales no llegas muy lejos. Como referencia una empresa que tiene un valor de 10 millones de dólares no es una compañía grande. Y un alto ejecutivo puede recibir un sueldo de 20 millones de pesos mensuales, que equivale a que tenga un capital estable de 10 millones de dólares.
-¿Cuál será la generación de recambio de los actuales grupos económicos en Chile? ¿Vendrá gente nueva o serán los herederos de los grupos más importantes, como los Matte, Luksic o Angelini?
-Difícil saberlo. Lo que puede ocurrir es que haya subdivisiones, como es el caso de Falabella, que ya no es un solo grupo. Por otro lado, está emergiendo mucho emprendedor. Creo mucho en los emprendedores que están mirando América Latina, como el caso de La Polar, liderada por Pablo Alcalde. Horst Paulmann es el mejor ejemplo. Está también el caso de Alfredo Moreno, que pasó de ejecutivo de alto nivel a empresario. O la capacidad de reinventarse de los Montanari. Y el grupo Multiexport. Ellos y otros son los representantes de la generación de recambio.
-¿Cuál es la diferencia entre Eliodoro Matte y Horst Paulmann?
-Paulmann no tiene ninguna traba, ni cultural ni social. Es más libre, es capaz de emprender en Argentina y ser como argentino; en Perú, con los supermercados Wong, se transformará en un actor más, sin ningún complejo. Paulmann, Sebastián Piñera, Andrés Navarro -con Sonda- son modelos a seguir. Por ejemplo: pese a que su background es democratacristiano, Navarro tiene un helicóptero y le da lo mismo. Lo que se está rompiendo en Chile es eso de que lo políticamente correcto es ser austero como los Matte. Es muy interesante, porque además todo esto ocurre en un gobierno socialista. Los socialistas liberales no tienen ningún problema: Schaulsohn puede andar en un Mercedes Benz y nadie le dice algo.
El modelo DC que está muriendo
-Usted es Errázuriz Grez: proviene del mundo del bajo perfil y de lo políticamente correcto que en esta entrevista critica. Lo pueden acusar de frívolo.
-Sí, pero me da lo mismo. A mí me influye mi pasado en el extranjero: dos años en París, dos en Londres, otro tiempo en Perú. Eso me entrega una visión distinta de las cosas. El qué dirán no me importa, es muy pueblerino. Cuando cumplí 50 años decidí que quería tener un yate y me lo compré. Hoy lo más importante es ser auténtico. Todavía existe gente que vive muy en función de la aprobación de su círculo, de su familia, de su grupo religioso.
-Este proceso acarrea un cambio cultural y social importante.
-Nos estamos moviendo desde un esquema cultural histórico vasco castellano -con todo su aparataje y con la Iglesia diciéndote que no es tan claro que sea bueno tener éxito económico-, a uno en que la Iglesia influye menos. Esta generación es más laica y no va a oír el sermón del domingo, quiere obtener éxito y se da cuenta de que eso no es malo. Es el modelo anglosajón: si ganaste plata puedes comprarte un convertible.
-¿Es una generación con menos complejos en hacer ostentación de la riqueza, de sus autos, de las mansiones, lo que consideran legítimamente obtenido?
-Absolutamente. Para mí el mayor representante del modelo antiguo es la Democracia Cristiana. Para un DC era feo y malo ir a esquiar y tener un auto que no fuera un Peugeot. En la época de mi padre hasta el industrial era mal visto.
-De alguna manera la exhibición de los "juguetes" es una demostración del éxito obtenido.
-Claro y esto trae a colación uno de los males heredados de la mentalidad antigua: la envidia. Hace mucho daño. Y es producto de que unos pocos juegan el juego. Si logramos que todos puedan jugarlo, desaparece la envidia. Esto es lo que ocurre gracias a la democratización del consumo. En un país desarrollado no puede existir envidia.
"Hacerse la pasada"
-¿Existe una ansiedad por ser millonario antes de los 40?
-No, yo veo otra cosa. Veo una generación súper trabajadora, ambiciosa en el buen sentido de la palabra, que intenta estudiar en el extranjero, que si pueden trabajar marido y mujer lo hacen. El nivel de ansiedad lo percibo en tratar de construir un capital, lo que es distinto a lo otro. Están inmersos en un nivel de competencia feroz y, por lo mismo, tienen que estar muy arriba de la pelota.
-Y en este éxito, ¿qué rol ha jugado el mundo bursátil? Pareciera que los nuevos ricos y los exitosos arriesgan más en este tipo de inversiones.
-La Bolsa es un elemento más, cumple un rol importante de transferir recursos y le da más liquidez al mercado. Está demostrado que en el largo plazo lo que entrega mejores oportunidades son las acciones. Entonces para la gente joven, tener inversiones bursátiles es muy razonable. En unos años más, habrá transacciones directas y las personas podrán operar desde su computador. Esto requiere que haya empresas más pequeñas que puedan captar capitales y colocarse en Bolsa.
-¿Muchos de los "nuevos ricos" han ganado mucho dinero haciendo "buenas pasadas" en la Bolsa?
-Llevo veinte años en este mundo y nunca me ha tocado eso de ganarse la plata rápido. Es un mito. Al final los que ganan dinero son los que trabajan. Esa gente que gana en la Bolsa no dice cuántas veces ha perdido. En las últimas semanas un grupo importante apostó al dólar y les fue mal y perdieron mucha plata. Hoy es más difícil ganar plata en esto: existe mucha información, los precios son muy perfectos y, por lo tanto, descubrir valor es más complicado.
-Se ha puesto de moda la palabra "emprendedor", que en cierta forma valida tener éxito y ganar dinero.
-Exactamente. Gran parte de los jóvenes quiere ser emprendedores. El emprendedor es un tipo joven que con poca plata inicia un negocio y le va bien, mientras que la palabra empresario quedó, en cierta forma, reducida al "guatón" que tiene su compañía. La palabra emprendedor tiene una connotación de creatividad, de que todos pueden serlo; la palabra empresario, en cambio, se asocia todavía a un grupo inamovible.
-¿El emprendedor desprecia, en cierta forma, al que hace carrera como ejecutivo en una empresa?
-No, porque también está el otro tipo de emprendedor que es el que llega a ser gerente de una empresa y es tan exitoso como un empresario. Son los casos de Laurence Golborne o Francisco Pérez Mackenna. ¿Quién se atrevería a despreciar a estos ejecutivos?
Mi generación
-¿Cómo definiría a su generación empresarial?
-Vivíamos acelerados, tratando de terminar la universidad para empezar a trabajar y meternos en política. Éramos muy precoces, hoy son más tranquilos. No nos cambiábamos de carrera. Había una mística y un compromiso enorme con el país. En nuestra época el éxito económico individual no era tema. En mi casa no se hablaba de plata, ni de negocios. Era otro mundo.
-Muchos de su generación le dieron "el palo al gato" y tuvieron éxito en los negocios que hicieron.
-Sí, porque se dio la oportunidad, se abrió la economía. En ese tiempo, se hablaba de que había que hacer el servicio militar, pero que después de cumplirlo, uno iba a aprovechar lo que había ayudado a fundar, el sistema económico. Surgieron muchas oportunidades. Sebastián Piñera es el mejor ejemplo. Para mucha gente joven, es un líder que representa al que lo logró todo de la nada.
-Se pueden identificar tres generaciones de empresarios: la que tras la crisis del 82 terminó en Capuchinos, luego la suya y ahora la de los treinta y tantos.
-Conozco a las tres generaciones. Al primer grupo le tocó un país que no tenía la estructura institucional para que esto funcionara, tuvo crédito fácil y les tocó vivir la crisis económica de 1982. Manuel Cruzat, Fernando Larraín y Javier Vial, por ejemplo, tuvieron el mérito de atreverse a jugar el juego en grande: desarrollaron, bancos, líneas aéreas, industrias, pero su crecimiento se basó en un alto endeudamiento local y extranjero y con altas tasas de interés. Nuestra generación tuvo suerte ya que nos tocó un período de crecimiento y de consolidación.Y hoy está bastante consolidada, con capital y no sobreendeudada. Gente como el grupo Penta, Sebastián Piñera, Pathfinder, que a principios de los '80 eran ejecutivos de empresas, surgieron justamente después de la crisis del '82 y hoy son un ejemplo.
-Su generación no ha tenido ninguna crisis económica importante.
-Miramos la recesión del '82 pero no la sufrimos. Los jóvenes no han vivido grandes crisis, pero pienso que están mejor parados para resistir una, ya que no existen los excesos de endeudamiento que había en los 80. El tema de Alfa es un caso aislado.
-¿La nueva generacion empresarial es menos leída y más deportista?
-Creo que sí. Eso ocurre porque hay un trade off, cambiar una cosa por otra. Lo que está sucediendo es que la cultura de internet es muy distinta a la del libro. Probablemente los jóvenes no leen ni leerán a Baudelaire. Nosotros, los de 55 años, tenemos que entender que nos estamos moviendo hacia una sociedad distinta. Es un fenómeno mundial.
-Tampoco están dispuestos a ser trabajólicos como muchos de sus pares.
-Sí, esta generación no está dispuesta a dedicarle todo el tiempo al trabajo. Tiene interés por otros temas, como el medio ambiente, por ejemplo.
Sólo un amigo en La Dehesa
Errázuriz da grandes réditos a su padre. Dice que le infundió una mirada global. "Era una persona que andaba preocupada del país. Yo heredé eso. Para mí, conseguir proyectos como La Escondida o Metanex fue algo muy enriquecedor. Participamos en las primeras privatizaciones, me gané el mandato para privatizar Endesa... quizá a una persona que no tiene este background no le importa la mirada más global".
-¿Cómo se definiría política y culturalmente?
-Soy liberal-liberal. No ando buscando un grupo de referencia.
-¿Siente que a su "lote" le falta un poco de liberal-liberal?
-Sí, total.
-¿Por qué?
-Somos provincianos. Creo que eso viene de la influencia de la Iglesia. Los movimientos religiosos inculcan una serie de temas como el pecado, la austeridad y para qué decir en la sexualidad... todo ese sentimiento de culpa… Pero resulta que se puede hacer beneficencia y tener un Porsche. Chile tiene que madurar un poquito. En Celfin somos muy consecuentes: contratamos gente por sus méritos.
-¿Le ha servido ser amigo de Diego Maquieira y Arturo Fontaine?
-Sí, absolutamente. Tengo un solo amigo con casa en La Dehesa. Me siento muy identificado con hombres libres, como Juan Claro, por ejemplo. Siempre me he relacionado con todo tipo de gente.
-¿Ser Errázuriz lo ha ayudado?
-No cabe duda, tengo esa herencia familiar. Pero hay que romper esquemas: Chile tiene que ser más cosmopolita.
-¿Los apellidos deberían pesar menos?
-Sí, debiéramos avanzar hacia un país que sea más meritocrático. En Celfin prima la meritocracia.
-En el mercado muchos hacen esta distinción: LarrainVial representa lo tradicional y clásico; y Celfin lo liberal y el Porsche.
-Tenemos socios de familias totalmente desconocidas y ejecutivos que no tienen ninguna conexión. No cargamos con ninguna tranca: el que es capaz tiene una oportunidad.
-¿Hay una disputa entre lo conservador y lo liberal en la clase alta chilena? Ahí está el ejemplo del Club de la Unión versus el Club de El Golf.
-El Club de la Unión es un dinosaurio que se quedó sin socios. El nuevo es totalmente abierto, no existe discriminación de ningún tipo, e incluso admite mujeres. Hay que convencerse de que éste es un país con mucha movilidad social.
-Movilidad muy basada en el dinero.
-Claro que es por el dinero, pero es así en todas las sociedades de mundo.
-A los más tradicionales les molesta este nuevo estilo, menos austero y más ruidoso
-Claro, y por eso que la fórmula de crear otro club es perfecta. Tengo una teoría: con Piñera se va a probar si el éxito, el emprendimiento, el helicóptero, se asocian a algo positivo, o si gana la envidia y el chaqueteo. Ahí vamos a ver si el país está progresando.
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