|
En octubre de 2007, la fundación neozelandesa Steve Williams donó al Hospital Infantil Starship de Auckland la nada despreciable cantidad de 539.222 euros, es decir casi $ 375 millones. Pero ¿quién es este famoso Steve Williams? ¿Un empresario de éxito? ¿Un deportista de primera línea? Nada de eso: Williams es el caddie del golfista Tiger Woods, su compañero permanente en las canchas desde 1999. Gracias a los éxitos de su jefe, Williams se ha hecho rico acarreando palos y dando uno que otro consejo.
De ahí que tenga una fundación que no sólo ayuda a hospitales, sino también a golfistas jóvenes y a proyectos en el ámbito del automovilismo. Cada vez que puede, el caddie de Tiger Woods participa en el campeonato de rally neozelandés, donde se ha dado el lujo de ganar varias fechas.
Los caddies del PGA Tour (la mayor liga de golf del mundo) ganan US$ 1.000 como salario base por semana, a lo que se suma un 5% de lo que consiga "su" jugador en el torneo, una vez que pasa el corte. Si el jugador queda entre los diez primeros, el caddie obtiene un 7%; si gana el torneo, el monto asciende a 10%. El año pasado, Tiger Woods obtuvo unos US$ 11 millones por su participación en torneos. De manera que Williams debe haber ganado una suma que va entre US$ 900 mil y US$ 1,1 millón.
Pero pese a las cifras, la vida de los caddies en el mayor circuito mundial no es todo lo placentera que uno pudiera imaginar. No existe seguridad social y, en algunos casos, el mismo caddie corre con los gastos de transporte y estadía. Sólo un pequeño grupo de ellos, entre los que están Steve Williams, Jim Mackay (el de Phil Mickelson) y Mike Cowan (ex partner de Tiger Woods y actual compañero de Jim Furyk), han logrado buenos niveles de remuneración. Y si en el PGA no es un paraíso, la realidad chilena está aún más lejos de ello.
Para los que no conocen el golf, el caddie es el acompañante del jugador, es quien lleva los palos, pero también en ocasiones aconseja al jugador acerca de qué palo usar o cómo es la sinuosidad del pasto en tal o cual hoyo: el que "lee" las caídas o recomienda hacia qué lado pegarle a la pelotita.
Luis Hormazábal es el caddie master del Club de Golf Los Leones. El jefe, el que organiza quién sale con quién y selecciona cuidadosamente al staff para uno de los clubes más tradicionales de Chile. Reconoce que es estricto, que no permite ni pelos largos ni aros ni barba entre los ayudantes de campo, ya que los socios son también exigentes en cuanto a la pinta de los que serán sus ayudantes. Tampoco tienen caddies de poca edad, porque los prefieren con cierta experiencia y no quieren que se limiten a hacer esto como profesión para toda su vida, sino que tratan de que antes hagan otras cosas.
"Llegué en 1952 al club, como caddie, y he estado toda una vida acá. Mi papá fue caddie y vivíamos acá cerca. Ahora tengo 67 años y sigo disfrutando que me paguen por hacer lo que me gusta", dice Hormazábal, quien continúa levantándose a las 5 de la mañana y viaja desde Recoleta hasta el club ubicado en Presidente Riesco en las micros del Transantiago. Dice que se demora 20 a 30 minutos a esa hora, cuando hay poca gente en las calles.
Hace algunos años, y después de bastante tiempo trabajando en Los Leones, Hormazábal obtuvo un contrato con el club. Su caso es una excepción. A los más novatos y también a algunos que llevan más de una década se les paga por vuelta jugada. En torneos como el Abierto del Club Los Leones, por ejemplo, la cuota es de $ 15.000 por una vuelta de 18 hoyos. Y en una semana buena se gana entre $ 120.000 y $130.000, cuenta Pablo Gómez, uno de los integrantes permanentes del staff de Los Leones. De martes a viernes, cuenta un socio, se paga entre $ 6.000 y $ 9.000 por vuelta de nueve hoyos. Todo depende de la voluntad del jugador, al estilo de una propina, ya que no tienen un sueldo fijo de parte del club.
En el caso de los profesionales, tampoco hay un porcentaje regulado del premio que se lleva el caddie por ganar un torneo. "Puede estar entre un 8%, hasta un 10% de lo que se obtenga. Pero eso también forma parte del trato de palabra con el jugador", cuenta Hormazábal.
En Los Leones, hace unos años, el sistema era parecido a lo que hacen los taxis, es decir que el que llegaba más temprano se ponía primero a la fila. El primer "pasajero" que llegaba era su primer cliente. Pero después el mecanismo se reguló y ahora se realizan sorteos. "Había caddies que llegaban a las 5 de la mañana para estar primeros en la fila. Así que ahora a las 7.15 de la mañana hacemos una rifa entre los que están para que sea más justo y para que descansen en vez de estar perdiendo tiempo de sueño por ganarse unos pesos", relata Hormazábal.
Un caddie que no es de este club y que tampoco quiere dar su nombre -para evitar problemas-, dice que nada está regulado. "Es complejo porque depende de la buena disposición del jugador, y además a los directivos de los clubes no les parece buena idea que hagamos un sindicato o una agrupación gremial, así que tenemos que mantenernos así", asegura con algo de molestia.
Pero los caddies deben trabajar para mantener una familia. No queda otra.
Otro de ellos también asegura que no todos los socios que frecuentemente van a los clubes son muy asiduos a la compañía de un caddie. "Hay algunos que sí confían en nosotros, una mayoría. Pero hay otros que piden a uno específico porque le da buenos consejos o simplemente porque habla poco o porque no interactúa demasiado con el jugador, entonces no les molesta", cuenta.
Y si es sólo la voluntad la que regula los valores que se pagan, algo que ha afectado aún más el trabajo de los caddies es el uso de los carritos a gas o eléctricos que ayudan al jugador a trasladarse sin necesidad que le lleven los palos. "No son tan caros. Hay algunos que pueden costar $ 500.000 y en algunos meses ya se recupera el valor que podrían gastar en caddies", dice Hormazábal. Pero un carro jamás les dará consejos acerca de qué palos usar.
Luis Hormazábal dice que seguirá trabajando en esto hasta que las fuerzas ya no le den. Estuvo 16 años en el Registro Civil de lunes a viernes, pero la pasión tiraba. Los fines de semana completos estaba en el club haciendo de caddie. "El que nace chicharra muere cantando", asegura.
En octubre del 2005 murió el que fuera caddie de Jack Nicklaus (uno de los golfistas más exitosos y conocidos de la historia). Se llamaba Angelo Argea y estuvo con "el Oso Dorado" desde el año 1963, cuando se inscribió para ser su caddie aunque todo indicaba que el jugador no podría participar por una lesión. A pesar de ello jugó y ganó el torneo, y nunca más se separaron hasta el retiro de Nicklaus en 1982. Pocos sabían cuál era el beneficio que Argea le daba al múltiple campeón de majors y más de 40 torneos en su carrera. Un ex jugador, llamado Johnny Miller, ahora comentarista, contó en un libro que un día le preguntó al caddie: "Angelo, no le das los palos a Jack, no le lees las caídas…¿qué haces exactamente?". El caddie le contestó: "Jack sólo me pide que le recuerde un par de veces durante el partido que es el mejor jugador del mundo".
|