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Lujo flotante (Made in Chile)

Hans Schmidt en la cubierta del que será el primer megayate chileno de lujo. Se llamará Gin Tonic II.

Que Chile exporte cobre, fruta y salmones ya es parte del paisaje. Pero que ahora construya y venda yates de superlujo -embarcaciones con helipuerto, ascensor y piscina, que pueden alcanzar el tamaño de una cancha de fútbol y costar hasta US$ 120 millones- representa toda una novedad. En Iquique, la empresa Marco -dirigida por Hans Schmidt, cuyo padre la fundó en 1953- está fabricando tres megayates y pronto espera comenzar un cuarto. Se trata de un saludable y exclusivo mercado que parece no haber oído que el mundo está entrando en recesión.

Texto y foto  Javier Fuica
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Se va a llamar Gin Tonic II y debiera estar terminado a principios de 2009. Tendrá 75 metros de largo, y en su interior habrá piscina, helipuerto y lujosos dormitorios. Pero ahora es sólo una mole rodeada de andamios que se puede ver desde bien lejos en el puerto de Iquique. En lugar de madera de teca, que cubrirá el suelo en el futuro, ahora hay planchas de cholguán. En lugar de multimillonarios dedicados a la dolce vita, un sinnúmero de obreros se afana golpeteando, soldando y transpirando. Ubicada en una esquina, una radiocasete emite cumbias y reggaeton, pero naufraga en un mar de martillazos.

Así se construye el primer megayate chileno de lujo.

Todo esto ocurre en los astilleros de Marco Chilena, empresa que hasta ahora se dedicaba a construir pesqueros, pero que está apostando por el exclusivo nicho de los yates de más de 75 metros de eslora (largo), los llamados megayates. Un mercado que crece saludablemente sin hacer caso a los rumores de una recesión global, y donde cada producto puede costar unos US$ 120 millones. Un mundo donde los clientes se protegen con cláusulas de confidencialidad, aunque al final todo se sabe: el millonario ruso Roman Abramovich tiene tres de estas embarcaciones, una de las cuales recaló en Valparaíso el año pasado; y Paul Allen, cofundador de Microsoft, posee dos.

En el caso del primer yate de lujo made in Chile, la gente de Marco quiso respetar la confidencialidad, pero ya trascendió que su dueño es Giuseppe Cipriani, un empresario de origen italiano que tiene restaurantes y hoteles en sitios como Nueva York, Hong Kong y Miami, y que además es novio de la modelo chilena Carolina Parsons. Cipriani ya es dueño del Gin Tonic I.

Primero el atún, luego el lujo

El hombre detrás del primer megayate chileno es el estadounidense Hans L. Schmidt (44), presidente del grupo Marco. Hasta 1996, los astilleros de la empresa se habían dedicado a fabricar pesqueros para cubrir las necesidades locales, pero la Ley de Pesca que entró en vigencia ese año impuso cuotas que hicieron innecesaria la construcción de nuevos barcos. En 35 años de operación, habían alcanzado a poner en aguas chilenas 215 embarcaciones.

Fue entonces cuando Schmidt, ingeniero mecánico, decidió apuntar al mercado de los atuneros, aprovechando el know how de Campbell Shipyard, un astillero ubicado en San Diego que había sido adquirido poco antes por Marco Global, la filial de la compañía en Estados Unidos. Usando como modelo el barco atunero de Campbell, se construyeron cinco embarcaciones, las que se vendieron a clientes de México, Colombia, Ecuador y Corea.

Fue lo que puso a Marco en el mapa. Resultó que los atuneros salieron tan buenos que captaron la atención de los clientes en un mercado muy distinto: el de los megayates. Diez años después de entregar el primer atunero, firmaron su primer contrato por un yate de lujo de 75 metros. La ya descrita mole rojiza que hoy domina el paisaje en el puerto de Iquique.

Dice Schmidt: “La verdad es que nosotros ya habíamos hecho un yate en los astilleros de Estados Unidos. Es un barco que se llama Golden Shadow y pertenece a un príncipe de Arabia Saudita. Ese yate nos dio cierto reconocimiento en este rubro, y entonces, mientras construíamos los atuneros, empezamos a promover la idea de que nosotros éramos una nueva alternativa para construir megayates”.

Lo de promoverse no es tan sencillo. Porque los constructores de estos barcos no llegan directo al cliente, lo hacen a través de brokers o agentes. Son estos brokers los que, de algún modo, avalan a un constructor y le dan la confianza al cliente para lanzarse a una aventura que implica millones de dólares. Lo que hicieron en Marco fue comenzar a asistir a las ferias del rubro, los llamados boat shows, cuyas citas más importantes tienen lugar en Fort Lauderdale (Estados Unidos) y Mónaco. Fue el primer paso.

“Nosotros -cuenta Schmidt- no tenemos un broker exclusivo, pero hay uno con el que estamos trabajando y nos ha dado un servicio excelente. Es Burgess, una empresa que se concentra en los proyectos más grandes. En este minuto ellos están manejando ventas por más de US$ 3.000 millones, en la construcción de siete barcos”.

A la luz de estas cifras, parece ser que en el mercado de los megayates no existe la palabra recesión. Hans Schmidt lo ve de este modo: “Yo diría que es prematuro hablar de recesión. Aun así, no se puede desconocer que hay un grupo que está creciendo: el de la gente que tiene mucho dinero. En los países del Medio Oriente, producto del precio del petróleo, tienen más dinero que nunca. Y hay lugares como Rusia, donde todo el tiempo está apareciendo un nuevo multimillonario. Para ellos, esta clase de inversiones es muy funcional, porque pueden tener sus reuniones con gente importante sin tener que ir a las ciudades, todos llegan en helicóptero, con mucha seguridad y privacidad”.

En ese contexto, la jugada de Marco parece muy oportuna. En todo el mundo no hay más de tres o cuatro astilleros -concentrados en Europa- dedicados a la construcción de estas embarcaciones. Y cada pedido nuevo es un proceso que tarda cinco o seis años en hacerse realidad. De hecho, los megayates tienen una plusvalía altísima: se ha llegado a pagar hasta 40% por sobre el precio de construcción en barcos recién botados al mar. “Hay gente con dinero que simplemente no quiere esperar para tener su yate”, cuenta el presidente de Marco.

A ese escenario, Marco suma una ventaja extra: el precio. Dice Schmidt: “Para entrar en este negocio es una ventaja que podamos competir en buenas condiciones con otros países. Pero nuestra idea no es hacer barcos baratos. Nuestro éxito va a depender de que seamos reconocidos por la calidad, no necesariamente por el precio. Que además está muy ligado al dólar… antes éramos harto más competitivos”.

47 años en Chile

Marco nació el año 1953 en Seattle, Estados Unidos, como Marine Construction and Design. Su fundador es Peter Schmidt, padre de Hans. La firma llegó a Iquique en 1960, con ayuda de Corfo. Schmidt hijo muestra orgulloso una foto de 1964, en la que aparece su padre con algunos personeros del organismo estatal. También una en que aparece el Stella Maris, uno de los primeros barcos salidos del astillero y que fue usado por la Universidad Católica para hacer investigaciones marinas.
Instalado en Chile, Schmidt padre trabó amistad con Edmundo Pérez Zujovic. Las familias de ambos se hicieron cercanas, situación que se mantiene hasta hoy día. De hecho, Hans Schmidt es amigo personal del actual ministro del Interior, Edmundo Pérez Yoma.

Hans Schmidt pasó sus primeros años de vida en Iquique. Luego volvió a Estados Unidos, a estudiar. Desde los 16 años, dedicó todos sus veranos a pescar salmones en el mar de Alaska. Primero fue tripulante, y luego tuvo su propio barco. “Funcionaba perfecto, porque la temporada de pesca coincidía con mis vacaciones. Y sí, era sacrificado, pero daba muy buena plata”.

Cuando egresó de la Universidad de Washington en Seattle, se vino a Iquique para construir un barco. La idea era llevar esa embarcación al sur del país y ver qué recursos había. Era 1986. Unos años más tarde, la empresa creada por Schmidt, Pesquera Omega, se había convertido en el productor más grande de bacalao y centolla. Hoy Omega tiene su base de operaciones en Coquimbo, y se dedica a la pesca de albacora. Es una más de las filiales del grupo Marco, que también tiene intereses en la minería, otro astillero en Talcahuano y oficinas en Estados Unidos, Perú y Ecuador.

Claro que el negocio que hoy más ocupa a la gente de Marco son los yates. El Gin Tonic II, que está más avanzado, y los dos proyectos nuevos, cuyos cascos ya comenzaron a tomar forma en la explanada del astillero. Se trata de dos embarcaciones de 85 metros, encargadas por un anónimo millonario que quiere uno para sí y otro seguramente para la plusvalía. Cuando estén terminados, serán los barcos más grandes de su tipo construidos en América. Hasta tendrán ascensor. Su aspecto actual, eso sí, no pasa de un montón de fierros oxidados. Pero ya se sabe cómo son las cosas en el mercado de los yates de superlujo.

En la carpeta de Marco figura un proyecto más ambicioso aún: una nave de 105 metros de largo (el tamaño de una cancha de fútbol), cuyo diseño se está afinando. En este caso, como dice el gerente general de Marco, Robert Knopel, sólo faltan algunos detalles legales para comenzar a construir, pero el cliente ya firmó una carta de intención por un monto bastante considerable. “Lo que pasa es que sólo el diseño de estos yates implica muchas horas de trabajo, por eso se habla de grandes cifras. Claro que después igual se puede caer el proyecto. Ha pasado”, dice Knopel, que lleva más de 30 años trabajando en la construcción de embarcaciones.

Marco también está llevando adelante un plan de inversión por US$ 12 millones. La idea es mejorar las instalaciones del astillero, y que éste sirva no sólo para construir megayates, sino también para mantenerlos. Cuando este plan culmine, las instalaciones de Iquique serán las únicas en su tipo de Sudamérica. Dice Knopel: “Queremos aprovechar la ventaja que nos da el clima de Iquique, que es muy benigno y sin lluvias. Una inversión como la que estamos haciendo no se justifica sólo para la construcción de yates. La idea es hacer mantención, porque con ambos servicios el negocio se amortiza mejor”.

Visita de médico

Las terminaciones del Gin Tonic II, es decir, todo el lujo interior, se está construyendo en Génova, Italia. Una vez que el casco esté listo, la nave se trasladará a Italia para el montaje final. En el caso de las dos embarcaciones de 85 metros, las terminaciones también se construirán en Europa, pero serán traídas hasta Iquique y serán montadas con la ayuda de los empleados de Marco.

Todo el trabajo que se hace en Iquique es supervisado por un representante del cliente, un ingeniero que se instala en una oficina de la propia empresa a chequear cada detalle, y una profesión creada a partir de los megayates. En este caso, se trata del escocés Gary Miller, quien llegó a Chile en agosto pasado junto a su novia, hoy su mujer. Este ingeniero, que por su trabajo ha vivido en diversos puntos del globo, es el encargado de comunicarse periódicamente con el cliente. “Hay algunos que se preocupan de todos los detalles y quieren saberlo todo, pero tengo la impresión de que, mientras más dinero tienen, menos detalles quieren saber”, señala Miller.

Como sea, hasta el aeropuerto de Iquique ya han llegado varios jets privados trayendo a los clientes de Marco. “Vienen directo a Iquique, pasan un par de horas con nosotros y luego se van felices de lo que han visto. En general, dejan la ciudad de inmediato”, dice Robert Knopel.

-¿No será extraño para ellos venir a ver su megayate de lujo hasta una desconocida ciudad que está casi al fin del mundo?
-Yo he tenido la suerte -cuenta Knopel- de estar en los astilleros europeos donde se construyen esta clase de yates, y obviamente el entorno es más acorde con lo que se está promocionando. Pero yo creo que la impresión más importante para nuestros clientes se produce por el producto que estamos entregando. Ellos han venido bastante seguido para acá y todos han salido muy bien impresionados. La prueba está en que tenemos más pedidos.

Hans Schmidt lo ve así: Lo importante aquí es que hemos encontrado un nicho que nos permite proyectarnos por mucho tiempo, pues son contratos de largo plazo. Y es una obra que, como yo lo veo, es estupenda no sólo para la empresa sino también para el país. Estos yates serán vistos en todo el mundo, y por gente muy importante".