Revista Qué Pasa    

Portada

bullet-gris Ver Portada

bullet-gris Números anteriores

bullet-gris Suscríbete

Destacados

Quien es quien en los directorios chilenos

La historia del lobby contra el salmón chileno

La más dura de las mujeres de Bachelet

La Guía de...

Illanes

Consumo

Zapatillas

Bellas

Michael Stipe

Quién es Verónica Espinoza

La compañera de Rocha

De Verónica Espinoza se ha dicho que es introvertida, inteligente y estudiosa. Pero también que es hábil e inestable. La mujer del empresario Gerardo Rocha, que hoy permanece enclaustrada en su departamento de San Damián leyendo los salmos, constituye quizá el personaje más difuso en este caso ampliamente cubierto por la prensa. Desde su tranquila infancia en Paine hasta sus frustrados intentos por dejar a Rocha, aquí revelamos la historia de esta mujer que, al confesar una violación que habría sufrido hace 15 años, echó a andar la fatal cadena de sucesos que culminaron con el asesinato del ex martillero Jaime Oliva.

Por  Claudia Farfán y Javier Fuica
Enviar a un amigo Imprimir  

Verónica Espinoza Nawrath (35) siempre tuvo buenas notas. Salió del Liceo Moderno Cardenal Caro, ubicado en Buin, con el mejor promedio de su generación. Por aquellos años ella era una niña tímida y asustadiza, condición que se explica si se toma en cuenta la vida que había llevado hasta entonces: habitaba con toda su familia en una zona rural llamada La Aparición de Paine, recibía pocas visitas y salía únicamente con dirección al colegio. Cecilia Nawrath, su madre, solía decir que sus hijos -Claudia, Verónica y Miguel- eran como los protagonistas de "La Pequeña Casa en la Pradera". Sólo en el verano, para las vacaciones en Isla Negra, la bucólica rutina de los Espinoza Nawrath variaba. Allá, Verónica y su hermana jugaban con los hijos del poeta Nicanor Parra, Colombina y Barraco.

La mayor influencia que Verónica Espinoza recibió en la infancia, cuenta un cercano a la familia, fue el filósofo Jorge Millas, a quien ella llamaba "abuelo". No se equivocaba: Millas era el padre adoptivo de su progenitor. Millas, además, le leía pasajes del Quijote a la hora de dormir y dejó un profundo vacío al fallecer en noviembre de 1982, cuando ella tenía 10 años. Su influencia fue tanta, que Claudia, la hermana mayor de Verónica, cambió su apellido por Millas. Verónica, por su parte, también ha considerado la idea.

Jorge Millas constituye, además, el primer nexo entre Gerardo Rocha y Verónica Espinoza. Entre 1979 y 1982, a pedido de Rocha, Millas trabajó en las bases teóricas para la fundación de la Universidad Santo Tomás. Tras su muerte, el empresario les dio a Verónica y su hermana una beca en homenaje póstumo a Millas, la cual se hizo efectiva cuando ambas ingresaron a la universidad.

La familia en problemas

Cuando tenía 17 años, en 1990, Verónica Espinoza entró a la Universidad Andrés Bello a estudiar Sicología. Su hermana Claudia ingresó a la Santo Tomás a estudiar Veterinaria. Ambas hicieron uso del beneficio que Rocha les había concedido siete años antes, de manera que Verónica volvió a toparse con el empresario. Incluso, fotos de la época, aparecidas en la prensa, los registraron juntos para la entrega de la prometida beca.

De acuerdo a lo que cuentan cercanos a Espinoza, esos años no fueron fáciles para ella. La chica introvertida se enfrentaba a un mundo completamente nuevo y hasta hostil. Debía salir de su casa antes de las seis de la mañana y no regresaba hasta las nueve de la noche. Su hermana no resistió el ritmo y abandonó Veterinaria. Verónica siguió.

Claro que la beca de Rocha, otorgada a través de una entidad llamada Creduc (Corporación Rocha para la Educación) y que consistía en $ 250.000 mensuales, sólo duraba un año. Un asunto que no tuvo consecuencias hasta 1992, cuando Miguel Espinoza padre comenzó a tener problemas financieros. Hasta ese momento, la familia vivía básicamente de lo que producía el fundo Santa Ana del Escorial, un terreno de 3.200 hectáreas ubicado en Huelquén y que se dedicaba sobre todo a la producción de uvas. Las restricciones a las exportaciones chilenas en Estados Unidos, declaradas tras el famoso caso de las uvas envenenadas, hirieron de muerte las finanzas familiares. Los Espinoza Nawrath perdieron su fundo y tuvieron que trasladarse hasta la localidad cercana de Champa, a la casa de los abuelos maternos. Eso agudizó las desavenencias entre Cecilia y Miguel padre y él terminó yéndose a Santiago para trabajar como taxista. Verónica se vio obligada a dejar la universidad. Al año siguiente, se iría también a Santiago para trabajar como recepcionista en una clínica quiropráctica.

Aparece Oliva

Es en esa clínica donde Verónica Espinoza conoció a Jaime Oliva, el hombre a quien acusaría de violación años después. Oliva tenía una hija con deficiencia mental, Patricia, a quien debía llevar periódicamente a tratamiento. La joven recepcionista le tomó mucho cariño a la hija de Oliva, de modo que cuando la clínica cerró fue casi natural que el contador y martillero público le ofreciera empleo a Espinoza y a otras dos trabajadoras del establecimiento.

De acuerdo a una fuente cercana, Oliva empleó a Espinoza como corredora de propiedades. En un departamento que fueron a visitar juntos, en calle Merced, habría ocurrido la violación, hecho que ella mantuvo en secreto durante 15 años y del que sólo sabía, hasta ahora, una de sus amigas. Tras estos sucesos, ella abandonó su trabajo, pero volvió a toparse con Oliva en una discoteca, un día en que había salido con su hermana y una amiga. En la ocasión, el martillero trató de disculparse con la joven, pero ella no quiso escucharlo. Oliva, de todos modos, le pasó sus datos a la amiga de Espinoza, para que fuera a verlo a su oficina. Cuando ésta fue, Espinoza quiso acompañarla y al final volvió a trabajar para él.

Según esta misma fuente, Espinoza trabajaba en esa época como vendedora en la sección de guaguas de Falabella. Tenía dos días libres, en los cuales trabajaba para Oliva. Éste, además, le dio el dinero que le permitió retomar sus estudios en la Universidad Andrés Bello. Sin embargo, el martillero habría intentado propasarse nuevamente, y Espinoza decidió cortar definitivamente este vínculo. Aun así, no dejó de verlo del todo: se convirtió en su ocasional sicóloga. De acuerdo a esta misma fuente, Oliva le dijo que podía ponerlo como referencia en su currículo, como una forma de compensar el daño que le había causado.

Esta versión, sin embargo, no coincide con la declaración que la propia Espinoza hizo a la Policía de Investigaciones el 26 de febrero pasado, cuando fue interrogada por cinco horas. En la ocasión, ella reconoció que tuvo una relación amorosa con Oliva, la que luego derivó en amistad.

El Jaguar negro

Verónica Espinoza retomó sus estudios en 1995, y egresó de Sicología con nota 6 en 1998. De acuerdo a una versión que circuló en los medios, a esas alturas ya había vuelto a encontrarse con Gerardo Rocha, quien había visitado las oficinas de Jaime Oliva para resolver un problema legal. En ese entonces, Oliva trabajaba oficiosamente como "gestor judicial" y entre sus empleados estaba la estudiante de Sicología.

El detective Dante Yutronic, contratado por Rocha para seguir a su mujer y a Oliva, señaló hace poco a La Segunda que él se había reunido con Oliva en un café, ocasión en la que el ex martillero le habría asegurado que él presentó a Rocha y Espinoza en una fiesta que realizó en su casa. Otra versión señala que, una vez que Espinoza egresó de Sicología y comenzó a trabajar en el Banco de Santiago, su madre le consiguió una entrevista con Rocha para ver si obtenía un trabajo más ligado a sus intereses, la sicología infantil.

Como haya sido, en 1998 Verónica Espinoza llegó a la Corporación Educacional Santo Tomás y comenzó a trabajar directamente con Rocha en un libro que el empresario quería publicar. Su labor consistía en conversar con el empresario sobre sus ideas y analizarlas desde una perspectiva sicológica y filosófica. En el entorno de Espinoza se dice que, debido a sus historias de vida parecidas (familias de clase media, intereses comunes), no tuvo que pasar mucho tiempo para que se enamoraran.

Al modesto barrio de Independencia, donde Espinoza vivía, comenzó a llegar un Jaguar negro del que bajaba un hombre vestido con elegancia. La chica tímida que no se involucraba con nadie y que siempre andaba bien vestida, volvía a sorprender a sus vecinos. Estaba saliendo con un hombre casado.

Los problemas con Rocha

"He estado al tanto de la relación de mi hermana Verónica con Gerardo Rocha. Ésta fue siempre conflictiva. Con muchos altos y bajos". Así comienza la declaración judicial de Claudia Millas Nawrath, hermana de la sicóloga. Ella fue testigo de la historia sentimental entre ambos desde sus inicios, en febrero de 1998.

Quienes conocieron este vínculo coinciden en que, desde un principio, estuvo marcado por fuertes contrastes. "Si bien para ella significó descubrir un mundo nuevo, muy pronto y en forma progresiva se enfrentó al infierno de los celos de Gerardo", recuerda una amiga de Verónica.

En su entorno señalan que la enfermedad del empresario se manifestó primero en controles a la ropa que usaba y a las llamadas telefónicas que recibía. Finalmente, se tradujo en que ella dejara de ver a sus amigos. "Las únicas distracciones que tiene Verónica desde entonces están ligadas exclusivamente al empresario", dice una amiga. Su vida pasó de ser la de una profesional de clase media a la de una mujer, dueña de casa, que acompaña  a un próspero hombre de negocios.

En el extranjero, ella era oficialmente su mujer. Verónica Espinoza lo acompañaba casi siempre en sus viajes de negocios, o pasaban juntos las vacaciones en algún lugar del mundo junto a sus tres hijos. Conservador desde el punto de vista moral, sin embargo, en Santiago Gerardo Rocha asistía a reuniones de carácter oficial con su primera mujer, Carla Haardt. Sobre cómo asumía la joven sicóloga este hecho, existen versiones encontradas. Algunos familiares del empresario aseguran que le molestaba mucho y que, incluso, en una oportunidad llegó a una ceremonia sin previo aviso y el grupo de colaboradores más estrechos de Rocha le pidió que se retirara. Sin embargo, la abogada Georgina Leiro, que ha estado ligada a la familia Espinoza Nawrath por varias décadas, asegura que a Verónica nunca le ha interesado tener figuración social como la mujer de Rocha, pues tiene "un carácter introvertido y es muy  reservada".

Con anterioridad, ella había optado por mantener en un bajo perfil las diferencias que tenía con el empresario. En 2000, cuando nació su primer hijo y se produjo la primera ruptura, ella recurrió a un abogado para resolver problemas de dinero, pero al final se reconciliaron y el acuerdo extrajudicial que estaban afinando quedó en nada.

Verónica busca ayuda

No sería la primera vez que la sicóloga se retractaría de una acción legal en contra del padre de sus tres hijos (de 2, 6 y 8 años). En 2004 acudió a Carabineros para denunciar el maltrato sicológico del cual era víctima, pero a última hora desistió de hacerlo, a pesar de los permanentes cuadros depresivos que le desencadenaba su relación con Rocha.

A principios de 2007, la pareja pasó por un período tan crítico que el propio Rocha estuvo de acuerdo con que ella recurriera a la ayuda del sicoanalista Ricardo Capponi. Con el paso de las semanas, la pareja vivió una etapa de calma. La sicóloga se inscribió en dos magísteres en la Universidad del Desarrollo, y ninguna de sus compañeras notó algo extraño. Una de ellas, Joanne Botther, la recuerda como "una alumna responsable y una persona amable". Cecilia Milevcic coincide con esa visión, pero agrega que Espinoza era "muy discreta" y que jamás participaba en actividades extraprogramáticas.

Por esa misma época, sin embargo, ella cometió un error: le contó a Rocha que, durante una de sus terapias sicológicas, había revelado detalles íntimos de su relación con él. Fue tal la indignación del empresario que, en una acción descontrolada, fue hasta la consulta de Capponi para agredirlo. Sobre este episodio, el sicoanalista dijo a Qué Pasa que no se pronunciaría debido a la confidencialidad que debe a sus pacientes.

Esa era la segunda vez que la sicóloga solicitaba ayuda externa. Agobiada por la relación con Rocha, el año pasado consultó también al tarotista Ricardo Gonçalves. De estas visitas, en todo caso, el empresario no estaba enterado. Según dicen en el entorno de Espinoza, ella prefirió ocultar el hecho pensando que molestaría mucho a su pareja, un hombre de rígidas convicciones religiosas. Pero no tuvo éxito, pues el fundador de la Universidad Santo Tomás encontró una boleta de este consejero secreto en un tacho de basura de su casa. Lo peor de todo, según alguien que conoció este episodio, es que la sicóloga negó haber consultado los servicios del tarotista.

Atrapada

"Verónica Espinoza tiritaba cada vez que Gerardo Rocha se acercaba a leer sus e-mails", revela una amiga de la sicóloga. En ese entonces, julio de 2007, el empresario ya había contratado los servicios del dueño de la Casa del Espía, Dante Yutronic, quien le informaba a través del correo electrónico las supuestas infidelidades de su actual pareja.

Los enfermizos celos del empresario provocaron una profunda depresión a su mujer. "Estaba aterrorizada por la información que diariamente le enviaba Yutronic", dice una amiga. Según la misma fuente, fue ese miedo el que llevó a Espinoza a contarle a Rocha el episodio ocurrido 15 años atrás con Oliva en un departamento del centro santiaguino. Ella temía que Yutronic le diera información distorsionada al fundador de la UST.

Esta confesión ocurrió los primeros días de septiembre. Paralelo a ello, Verónica Espinoza llegó hasta la comisaría de Los Dominicos para estampar una nueva denuncia en contra de Rocha por maltrato sicológico. Sin embargo, otra vez se retractaría de seguir adelante con esta acción legal.

Según la declaración judicial de su hermana, después de este episodio Verónica Espinoza atentó contra su vida. Además, de acuerdo al expediente, le habría comentado que Rocha grababa todas sus conversaciones telefónicas.

En el entorno de Verónica dicen que por momentos ella creyó que Rocha había olvidado el incidente que le había confesado. Incluso, viajó con él a China en noviembre pasado por negocios. Nunca más lo escuchó hablar de Oliva, según ha confidenciado a sus amigas. Nunca más hasta la mañana del 22 de febrero, cuando un policía le informó que el empresario estaba involucrado en la trágica muerte del ex martillero.

Enclaustrada

Hoy la sicóloga ha debido cerrar su consulta. Una amiga cuenta que prácticamente no sale de su departamento en San Damián. Ahí lee los salmos 23 y 91 durante gran parte del día, y sólo abandona el elegante condominio para visitar a Gerardo Rocha en la Clínica Indisa. Hasta el recinto asistencial la acompaña, a veces, la madre de Gerardo Rocha y uno de sus hermanos, Rodrigo, los únicos parientes del fundador de la UST con quienes ella mantiene una buena relación.

Quienes han conversado con la sicóloga, como el subcomisario de Investigaciones Miguel Domínguez, señalan que ella cree ser la culpable del fatal resultado que tuvo su confesión. Sin embargo, también ha dicho que jamás imaginó la violencia con que Rocha reaccionaría. Después de todo, el empresario también estaba con tratamiento siquiátrico y sicológico.

Pese a todo, Verónica Espinoza ha dicho a sus cercanos que sigue amando a Rocha y que está esperando que él despierte. Ella cree que entonces se aclarará todo.