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Acá nadie habla de habitaciones. Lo que hay son "piezas". Y en vez de pasajeros, a los turistas se los llama "visitas". Porque llegar al Hotel Remota, es regresar a casa, asegura de entrada Alejandro, uno de los mozos. Y la verdad es que después de haber recorrido las tres largas horas que separan a Punta Arenas de Puerto Natales, con gran parte de la carretera escarchada y cruzando la inmensidad de la pampa, dicha propuesta no suena exagerada.
Remota tiene la firma del arquitecto Germán del Sol, el mismo que tuvo a su cargo el diseño de los hoteles Explora en Torres del Paine y San Pedro de Atacama, conocidos por su innovador concepto que integraba la arquitectura al entorno donde estaban emplazados. Justamente esa fama es la que ha provocado altas expectativas frente a la puesta en marcha de Remota, que abrió sus puertas en diciembre pasado. Por algo revistas extranjeras especializadas como Travel+Leisure y Conde Nast Traveler ya se han dado una vuelta por estos lados. Incluso, esta última lo incluyó dentro del ranking de los mejores hoteles nuevos del 2006.
Lo primero que salta a la vista es que el sello de Del Sol se mantiene. Así como el Explora de Torres del Paine -blanco y alargado- parecía mimetizarse con las cumbres nevadas de ese parque nacional, en Remota la apuesta es que el viajero se sienta como en una estancia magallánica. Muy acogedor y rústico, pero a la vez lleno de detalles sofisticados. Situado frente al seno de la Última Esperanza, el hotel con sus 6 mil m2 se distribuye en un bloque central -donde está el comedor y diversos halls-, a partir del cual se despliegan dos largas alas de dos pisos, en las que se distribuyen las 72 piezas.
Para su construcción, que duró un año, se tuvo especial cuidado en respetar las inclinaciones del terreno y se optó por revestir al hotel de un color oscuro. Sus techos, además, fueron tapizados con las mismas semillas de los pastizales que se encontraron allí. Si el tiempo se apiada y permite que la persistente neblina desaparezca, desde el comedor se tiene una espectacular vista del paisaje y, de paso, se aprecia el efecto buscado: el verde del pasto y las paredes oscuras permiten que la arquitectura del hotel se mimetice con los cerros situados al otro extremo del seno Última Esperanza.
Durmiendo en un bosque
Para los gustos más conservadores, llegar por primera vez a Remota puede resultar desconcertante. El hall de acceso es un amplio espacio rodeado de vitrinas que exhiben mantas mapuches y cerámicas diaguitas. Más que un hotel, parece un museo.
En las piezas, las sorpresas siguen. Hay láminas de lenga repartidas por toda la habitación, con la corteza y los nudos a la vista. Es como dormir en medio de un bosque. Así, poco importa que en vez del clásico televisor, cuelguen de la pared unas mantas mapuches. O que los típicos veladores hayan sido reemplazados por unos cubos de madera, también de lenga. La idea es que el concepto de estancia magallánica se note en diversos detalles. Incluso en el techo del baño, donde un enrejado de madera deja los cables eléctricos a la vista. Porque ése era el tipo de estructura que tenían los galpones donde se secaban los cueros en las estancias.
Al igual que el Explora de Torres del Paine, aquí también se quiso aprovechar hasta el baño para que el viajero no pierda detalle del privilegiado entorno. Si alguien se lo propone, una discreta ventana le permitirá lavarse los dientes con vista a Puerto Natales o el Macizo del Paine, dependiendo del sector del hotel en que esté alojado. Y en una opción que hasta puede parecer lúdica, no hay ninguna ventana del hotel que sea igual a otra, asimetría que se repite incluso en el trazado de la pared que conecta el baño con el dormitorio.
Trekking de película
Con habitaciones así y una sala de estar llamada La Playa, donde unas reposeras cubiertas con cueros de oveja invitan a practicar yoga o simplemente a tenderse junto a un pisco sour, la verdad es que aventurarse al frío patagónico -con temperaturas bajo cero en invierno- parece un sacrificio desmedido. Pero el equipo de excursiones de Remota está decidido a demostrar que tal idea no es tan descabellada.
Como el hotel ofrece programas de 3, 4 y hasta 7 noches, la "casa" manda probar distintas excursiones: desde visitar Puerto Natales hasta navegar por fiordos y visitar las populares Torres del Paine. Matías del Sol, jefe de excursiones y con un entusiasmo envidiable, propone hacer trekking en una nueva ruta que descubrió hace poco. "Son sólo cinco horas", promete.
El lugar elegido es cerro Benítez, al cual se llega tras sólo 20 minutos en auto desde el hotel. Con una primera hora y media de ascenso, y mientras los tendones de las rodillas comienzan a reclamar, el avistamiento de diversas especies de aves parece justificar el esfuerzo. "Pish, pish, pish", grita insistentemente Matías, mientras vemos cómo se acercan unos pájaros rayados. A lo lejos, unos pájaros carpinteros toquetean un árbol.
Lo mejor del viaje llega cuando nos encontramos casi a cinco metros de un cóndor, casi en la cima de cerro Benítez. La panorámica de la sierra Prat y de la laguna Sofía completan la imagen de postal, mientras el descenso depara encontrarse con restos de pinturas rupestres y bosques de ñirre, para culminar en la Cueva del Milodón, un imperdible para todo aquel que llega por estos lados.
La recompensa está esperando en el hotel. En la recepción ofrecen ir al jacuzzi, que está nada menos que al aire libre. Al lado del SPOT, que no es otra cosa que la Sala Para el Ocio Total, que incluye un sauna y una piscina temperada revestida de piedra pizarra, que fue traída de Brasil y cubre paredes de baños y pisos de todo el hotel. Son las cinco y media de la tarde y, como suele ocurrir en los inviernos en la Patagonia, ya oscureció en Puerto Natales. La verdad es que salir al aire libre, con todo el frío alrededor, y encaminarse por una pasarela de madera ya parece un riesgo en sí. Pero la tentación del jacuzzi es más fuerte. Recomendación: atreverse. ¿Y el frío? Ni hablar, con 40 grados en el cuerpo es sólo un mal recuerdo.
Al día siguiente, la excursión se llama Full Paine. Algo así como intentar recorrer el Parque Nacional Torres del Paine en un día. Recién entonces aparece Chechín, uno de los secretos mejor guardados de Remota. Chechín se llama en realidad Sergio Barría y tiene 40 años, 15 de los cuales vivió en el parque. Aunque ahora lleva un polar con el logo de Remota, la uña de puma que le cuelga del cuello lo delata. Chechín es un baqueano, algo así como un gaucho, un tipo de campo que ahora dejó los caballos para trabajar como guía.
Su fama dice que es uno de los que más sabe sobre Torres del Paine en la zona. Que se conoce hasta las piedras del parque. Y lo demuestra en apenas cinco minutos de conversación, disparando datos sobre las distintas alturas de las montañas o explicando cómo las Torres, el Macizo y los Cuernos del Paine son distintas formaciones geológicas. Salimos a las 8:30 am y la niebla cubre por completo a Natales. Cuando después de dos horas llegamos a la primera parada, en Laguna Amarga, el esquivo sol patagónico muestra todo su esplendor. "Me dicen que tengo comprado el parque", dice sonriendo Chechín. Y remata: "Nunca me toca malo cuando vengo con turistas".
Y ahí están las Torres, que son tres, y sólo se puede decir que son espectaculares y que parecen una locación de "El señor de los anillos". Pero a falta de un Frodo, está Chechín, que hasta sugiere el ángulo desde el cual tomar la foto en que las Torres se reflejan en la laguna como un perfecto espejo. En otra parada, en el Mirador Nordenskjold, unos zorros se acercan por unas migas de pan.
Y las atracciones naturales siguen: el Salto Grande, el lago Pehoé, el cerro Paine Grande, hasta que después de cinco horas de recorrido en auto el paseo termina en el otro extremo del parque, en el lago Grey. Una hora y media de caminata nos deja cerca del Glaciar Grey, que está al final del Campo de Hielo Sur. Allí Chechín dispara más cifras, como que el glaciar retrocede 300 metros cada año. "Vi su retroceso y me da pena", dice, con la misma nostalgia de quien habla de un amigo muerto.
Tan lejos, tan cerca
De vuelta en el hotel, a las 6 de la tarde, después del jacuzzi sigue una sesión gastronómica. Porque la comida no es un agregado más en Remota. Para potenciar esta faceta, reclutaron a René Espinoza, que hasta noviembre era el chef del Ibis de Puerto Varas, en BordeRío. Se nota que el cambio lo tiene entusiasmado, mientras invita entrar a la cocina, que sigue los mismos principios del resto del hotel: espaciosa y con grandes ventanales. Aquí ha podido dar rienda suelta a su gusto por los pescados y mariscos.
Personalmente acude al muelle, muy cerca del hotel, a comprar congrio dorado, merluza austral u ostiones, "el mejor manjar en mariscos de este hotel". Y que nadie se sorprenda con las relucientes lechugas, espinacas o tomates cherry que ofrece el menú. El propio Espinoza las compra en Porvenir, donde la señora Rosalba Colivoro Tecay tiene un invernadero que abastece a toda la zona.
Y claro, también está el plato estrella de la región. El cordero al palo, el mismo que probó el ex presidente Lagos y sus ministros cuando se hospedaron en el hotel, en febrero pasado. O también se puede disfrutar una versión más ligera, como chuletas de cordero con salsa de romero. En ese escenario, refugiarse en el comedor parece una obligación. Al centro, un fogón invita a conversar y a olvidarse que afuera la temperatura hace rato bajó hasta los cero grados. Para disfrutar minuto a minuto las noches, que acá son más largas. Y para sentir que pese al nombre del hotel, en Remota la Patagonia nunca estuvo más cerca.
Guía de Viajes
Cómo llegar
Lan vuela de Santiago a Punta Arenas ($149.668, impuestos incluidos), en un viaje que dura cuatro horas.
Puerto Natales está 250 kilómetros al norte de Punta Arenas. En el aeropuerto de esta ciudad, un transfer de Remota recoge a los pasajeros para llevarlos al hotel. Son tres horas de carretera.
La mejor época
Chechín, el guía experto, asegura que todas las estaciones aquí tienen su encanto. Entre septiembre y marzo el fuerte viento es una desventaja, pero las temperaturas son más cálidas (promedio entre 5 y 17 grados en verano), mientras que en invierno (promedio entre 5 y -2 grados), pese a que los días son más cortos, corre poco viento y curiosamente hay más días de sol.
Excursiones
Existen al menos 14 propuestas de excursiones, para todo tipo de gustos… y estados físicos. Alrededor de Puerto Natales, por ejemplo, se puede conocer la ciudad y su gente, las estancias de Puerto Bories y Puerto Prat, hacer cabalgatas en la Sierra Dorotea y navegar por canales y fiordos cercanos. En el sector del Parque Torres del Paine, otras opciones son ir hasta la base de las Torres, visitar Sierra Baguales o realizar la ruta laguna Verde y puente Weber.
Tarifas
Remota ofrece programas de 3, 4 ó 7 noches.
3 noches (miércoles a sábado): US$ 990 doble; US$1.490 single.
4 noches (sábado a miércoles): US$ 1.335 doble; US$ 1.980 single.
7 noches (miércoles a miércoles, o sábado a sábado): US$ 2.340 doble; US$ 3.275 single
Los programas incluyen: hospedaje en Remota / traslado en transfer Punta Arenas-Puerto Natales-Punta Arenas / desayuno buffet, almuerzo y cena / una excursión diaria con un guía bilingüe / el uso de todas las instalaciones, como la Sala Para el Ocio Total (SPOT), con sauna, jacuzzi al aire libre, sala de masajes y una piscina temperada a 27 grados.
Más informaciones y reservas en www.remota.cl, en el 387 1200, (61) 41 4040 y en reservas@remota.cl
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