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Para dar empleo hay que crecer
Chile cayó del puesto 19° al 24°en el ranking de competitividad 2006. Algunos dicen que no importa. Yo creo que sí. Este índice es un predictor de la capacidad de un país para crecer en forma sostenida en el mediano plazo.
Llevamos cerca de una década con cifras de desempleo del 7% al 9%, y altos índices de empleo inseguro y mal remunerado. Los países emergentes tienen un desempleo cercano al 4% y tasas de crecimiento del 7%-9%. Nosotros seguimos con un porfiadito 4%-5% de crecimiento "estructural", un eufemismo para decir que no tenemos capacidad institucional ni humana para superarlo. Un 4% de diferencia en desempleo es cerca de 300.000 personas bastante desesperadas. Luego, pregúntese si tratar de combatir la delincuencia únicamente aumentando las penas y agrandando las cárceles no equivale a vender el sofá de don Otto.
Este gobierno ha abordado con firmeza la protección social, única solución en el corto plazo. Aplaudimos con fuerza aumentar las pensiones mínimas, acceso a la salud a los mayores de 60, subsidio al prekinder, salas cunas. La pregunta es... hasta dónde va a alcanzar la plata, y si vamos a distribuir pobreza o riqueza. Mientras los niveles de desempleo se mantengan elevados, la inequidad continuará, por más programas públicos de empleo o acciones redistributivas que se generen, y por bienvenidas que éstas sean.
Soñando competitividad
¿Dónde quedó el sueño de un Chile que irrumpe en el mundo, no sólo como el país de la democracia y la protección social, sino también como el país que crece y que aumenta sistemáticamente su productividad? ¿Dónde quedó el país en que las empresas de alta tecnología hacen cola para venir a instalarse?
¿Por qué no aspirar a sobrepasar a Nueva Zelanda, que tiene 4 millones de habitantes, una base exportadora de recursos naturales similar, una lejanía geográfica similar, un ingreso per cápita de US$ 20.000, exportaciones per cápita 2,5 veces superiores, una distribución del ingreso que nos hace sonrojar, y 4% de desempleo?
Quiero el país convertido en una potencia alimentaria de clase mundial. ¿Cómo vamos a apoyar en serio a los exportadores de ostiones o lácteos procesados? ¿Qué haremos para que nos valoren no sólo por un par de deportistas y una presidenta mujer, sino porque la palabra Chile represente un sello de calidad?
Quiero que se revierta el proceso de erosión. La tierra arable per cápita de Chile en 1995 era 0.38 ha., y si seguimos así en el 2035 va a ser 0.26. Quiero un vergel de la III a la V regiones. Los israelíes pudieron, ¿por qué nosotros no? Quiero el secano costero reforestado.
Quiero un plan de infraestructura hidráulica y de transporte multimodal a 20 años plazo para cada cuenca hidrográfica, sustentable y armónico con su desarrollo económico. Quiero que la infraestructura exportadora y la cadena logística sean óptimas, para compensar nuestra lejanía geográfica. Fuimos potencia naviera a fines del XIX ¿por qué no podemos serlo a principios del XXI?
Si somos deficitarios en energía, ¿dónde está nuestra capacidad para enfrentarlo? Los holandeses viven bajo el nivel del mar y se convirtieron en los mejores ingenieros hidráulicos del mundo. Nosotros tenemos costa y archipiélagos para generar la energía eólica y maremotriz que se nos antoje. No sé cuánta plata y tiempo cuesta, pero quiero ver gente soñándolo.
Quiero un país trilingüe: que domine el español, el lenguaje de la aritmética y el inglés. Eso requiere que la población entienda lo que lee y sepa expresarse... en español primero y en inglés después.
Cómo lo hacen los otros países
Invirtiendo en capital humano, confiando en los empresarios chicos y grandes, y con cooperación público-privada.
Veamos:
Los neozelandeses no tienen indemnización por años de servicio, pero dan buen empleo. Entre las docenas de esquemas de fomento que promueven, le otorgan a grupos colaborativos de empresas, con ventas de hasta US$ 50 millones cada una, un Market Development Fund para ejecutar planes quinquenales de desarrollo de mercado, con 500 mil dólares para cada una. Entienden que no es sólo fomentar ciencia y tecnología, sino la competitividad. Los australianos tienen decenas de programas de fomento, aumentando en 25% anual los recursos destinados a éstos.
El gobierno de Ontario en Canadá tiene un Innovation Demonstration Fund para "la comercialización y demostración de iniciativas competitivas globalmente, tanto en tecnologías innovadoras como sus procesos y productos". Cuatro millones de dólares por proyecto.
El Small Business Innovation Research Program de Estados Unidos otorga subsidios a empresas individuales, de US$ 100.000 para la fase exploratoria de una innovación, para luego pasar a la fase de desarrollo por US$ 750.000. Consideran small business empresas de... 500 empleados. Los agregados comerciales norteamericanos (españoles o australianos también) hacen lobby sin complejos por sus empresas chicas y grandes, en todo el mundo.
Los irlandeses dan un 20% de crédito tributario a los gastos incrementales en investigación y desarrollo de las empresas, sin discriminación de tamaño. Hay que crear empleo y un ambiente atractivo para los inversionistas de alta tecnología.
Los países asiáticos tienen hoy 800.000 estudiantes formándose en Europa y Estados Unidos. Eso equivale, per cápita, a 10 veces más becarios que los enviados por nuestro país... ahogado en dólares. Podríamos dar veinte ejemplos más.
Mitos de izquierda y de derecha
¿Porqué no hacemos cosas parecidas? Por nuestros cepos mentales.
El mito neoliberal. Los ideólogos de derecha opinan que no es rol del Estado meterse a cooperar con las empresas ni financiarles la innovación, mucho menos a las grandes. Es "plata desperdiciada burocráticamente", es "intervenir el mercado". No creen en los análisis de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) que dicen que "el financiamiento público a la investigación privada no disminuye el financiamiento privado; por el contrario, recibir fondos públicos aumenta los aportes privados, particularmente en empresas grandes". En los países emergentes, el 70 % del gasto en innovación lo hacen las empresas, influidas por las "zanahorias" del Estado. Aquí la proporción es inversa. La paradoja de estos ideólogos es olvidarse que el gobierno de Pinochet hizo una enorme intervención de subsidio al bonificar totalmente las plantaciones forestales. No le fue mal.
El mito pymes. De izquierda y derecha. El término pyme es bueno para calmar conciencias. Pero ¿cuáles pymes? No vale disparar recursos "al voleo", porque suena políticamente correcto, o por el absurdo argumento de que son ellas las que generan empleo... cuando en muchos casos lo generan precisamente por su baja productividad y mala organización. A la inversa, un gran actor oculto son las medianas empresas, un segmento pujante, con ventas entre 3 millones y 50 millones de dólares anuales, que no están representadas políticamente por nadie, que no aparecen en la prensa y en las cuales está el germen del redespegue de la economía.
¿Por qué es mejor un grupo de diez pymes precarias de 20 empleados cada una que una "medianita" de 200 empleados, que podría crecer más rápido y generar con más facilidad otros 500 empleos bien remunerados? Nada contra las pymes; más bien hay que apoyar a las pymes o no tan pymes capaces de generar innovación y empleo.
La desconfianza de algunos concertacionistas hacia la empresa. No vaya a ser que te pillen conversando con un empresario, es como feo. Al asumir la falsa ecuación "empresario = derecha decimonónica y oposición", la Concertación pierde una valiosa clave política. Si la creación de riqueza no forma parte de su ideario, si le entrega en bandeja esos conceptos a la oposición, esta coalición tiene pocas posibilidades en el mediano plazo. A esos funcionarios les cuesta entender que no se trata de hacer que los ricos se hagan más ricos, sino que la única manera de mejorar las remuneraciones es logrando que la fuerza de trabajo se vuelva escasa, y es la inversión privada la que lo logra.
El mito universidad-empresa. De izquierda y derecha. Un chiste es escuchar que la solución principal está en vincular más a las universidades chilenas con la industria. Chile es el 1 por 10.000 de los conocimientos tecnológicos del mundo. Es absurdo pretender que la mayoría los chilenos sigan estudios de posgrado acá. La innovación dejó de ser endógena hace décadas, se detona en red mundial. La clave es otra: multiplicar por 10 el número de empresas que consideran la innovación como componente intrínseca de su estrategia de negocios. Luego, estas empresas se vinculan solitas con las universidades chilenas, con las alemanas, y con socios, proveedores y compradores en Japón. Necesitamos también muchos inmigrantes calificados: profesores, ingenieros, emprendedores. Esto no significa que no requiramos excelentes universidades, enseñando e investigando, pero por favor no pongamos la carreta delante de los bueyes.
Pareciera que la izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas... y el desempleo tampoco. Trabajémosle a los mitos y sueños primero, las soluciones vendrán después.
Para leer más: Impact of Public R&D Financing on Private R&D: Does Financial Constraint Matter? J. Ali-Yrkkö (Research Institute of the Finnish Economy) La Innovación en Australia y Nueva Zelandia, G. Moguillansky, en www.mariowaissbluth.com
OECD, Main Science and Technology Indicators, 2005. New Zealand Trade and Enterprise, www.nzte.govt.nz. Innovation Demonstration Fund, www.mri.gov.on.ca
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