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Nicolás Eyzaguirre
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En el 517 de la Avenida República se enseñaba economía marxista. Había ramos de planificación e historia de los movimientos obreros de América Latina. "El Capital" de Carlos Marx, era el libro de cabecera y, varios de sus alumnos eran además interventores de las empresas que habían pasado a manos del Estado o los trabajadores.
Entre octubre de 1972 y el 11 de septiembre de 1973, un total de 1.600 estudiantes y 140 académicos de la Universidad de Chile protagonizaron en esa vieja casona del centro de Santiago el experimento de la formación superior para una economía socialista. Experimennto que no sólo fue inédito en la historia de Chile, sino que funcionó paralelamente a la escuela de economía clásica.
Llamada coloquialmente "sede norte", la Facultad de Economía Política de la Universidad de Chile pareció siempre un destino feliz para los jóvenes revolucionarios de entonces. Pero el dramático fin del gobierno de Allende y todo lo que se le pareciera los marcó para siempre. Algunos murieron, otros salieron al exilio y varios no siguieron estudiando. Pero más de 1.000 volvieron a clases, empezando casi de cero y con un currículo diferente: economía clásica y capitalista. "Volvimos humillados", dice Máximo Pacheco, hoy vicepresidente de International Paper en Brasil.
Según otros ex alumnos de esa escuela, la creación de la sede norte fue un ejemplo más de la división que se vivía en el país. "Dado el proceso de profundas transformaciones socioeconómicas que vive el país, no es posible continuar con la formación del ingeniero comercial, al margen de la planificación", se lee en la malla de 1973. Planificación regional, planificación agraria, contabilidad social, análisis económico, historia del cooperativismo, eran algunos de los ramos.
De hecho, la entidad se llamaba Facultad de Economía Política y la teoría era tan importante como las matemáticas. Su decano era el actual asesor de la Cancillería Rodrigo Pizarro y entre sus profesores se contaban destacados teóricos latinoamericanos como Marta Harnecker (actual asesora de Hugo Chávez) y los brasileños Marco Aurelio García (hoy brazo derecho de Lula) y Theotonio dos Santos. Entre los chilenos, Jorge Fernández (profesor de Política Fiscal), Gerardo Aceituno (de Macroeconomía), Humberto Vega (de Política Monetaria y Política Fiscal); Pedro Vuskovic (de Cuentas Nacionales) y Jacobo Schatan (de Economía Agrícola).
Entre sus alumnos estaban Nicolás Eyzaguirre, Manuel Marfán, Osvaldo Rosales, Sebastián Edwards; Jorge Bande, Felipe Montt, Ernesto Edwards, Ricardo Solari, Jaime Pérez de Arce, Fernando Villagrán, Carlos Cruz, Carlos Ominami, Pilar Romaguera, Oscar Landerretche, Enrique Marshall, Mario Marcel, Gustavo Arriagada, Ingrid Antonijevic, Luis Eduardo Escobar, Diego Portales, Jaime Estévez, Víctor Barrueto, Jaime Gatica y Loreto Valenzuela, entre muchos otros.
Debido a su corta duración, varios proyectos quedaron truncos en la sede norte. Uno de ellos era la extensión hacia la comunidad: los alumnos harían prácticas gratuitas en empresas estatales o intervenidas para apoyar los cambios sociales.
Es que todo estaba marcado por la política. Había clases normalmente, pero algunos estudiantes tomaban sólo un ramo. "Yo no estaba 100% en la actividad universitaria, yo tenía una actividad política sindical y poblacional muy importante", cuenta el senador Carlos Ominami.
Las diversiones eran pocas. Principalmente música. En el salón de actos del segundo piso, donde había un piano, se hacían sesiones de jazz y guitarreo. Pero también asambleas. Y muchas. En una, hasta se llegó a debatir si se debía continuar o no con clases mientras el presidente de Estados Unidos Lyndon Johnson estuviera en suelo latinoamericano.
Capitalismo en la otra vereda
"Nada de lo que se hizo en la sede norte fue al azar. Se basó en la búsqueda de mayo del 68, cuando uno creía que la sociedad iba a cambiar y nos dedicamos a trabajar y a estudiar para este cambio", dice el economista de Fonasa, Rafael Urriola. Él entró en 1968 a la Facultad de Economía, votó por irse a la sede norte y participó en una de las comisiones en que se repartieron los bienes de la escuela: desde los edificios hasta los pupitres y los libros. Tras el golpe militar terminó precisamente en París estudiando con los revolucionarios de mayo.
Cuando se produjo la división de Economía en octubre de 1972, los opositores a la UP se quedaron en la denominada sede occidente, también en la Avenida República, pero en la casona del número 440, casi al frente de su rival ideológica.
Esta entidad se llamaba Facultad de Economía y Administración e impartía la disciplina desde el punto de vista más clásico. Allí estuvieron Guillermo Le Fort, Andrés Palma, César Gómez y Carlos Mladinic, entre otros 2.200 alumnos. El decano era José Elías y entre sus profesores estaban Teresa Jeanneret, el sacerdote jesuita Mario Zañartu, Andrés Sanfuentes, Juan Villarzú y Alvaro Bardón. Los ramos eran principalmente matemáticos.
"Tengo grabada la imagen de la biblioteca al momento de la división ", afirma el actual gerente general de ANBER, Jaime Gatica: las bibliotecarias separando textos, varios de éstos apilados para ser llevados de una sede a otra, estantes semivacíos y muchas cajas por llenar.
El límite entre la facultad allendista y la opositora quedó fijado en la calle misma. Y pobre de aquel que osara cruzarlo. Hasta quienes tenían a sus parejas en una sede distinta pasaban complicaciones. Los amores entre un lado y otro llegaron a ser como el de Romeo y Julieta, cuenta una ex alumna. Verónica Silva, la esposa del director del BancoEstado, Enrique Marshall -entonces vicepresidente del centro de alumnos de la sede norte- estaba en la sede occidente. Según un cercano a ambos, por política pelearon varias veces con sus amigos.
Se trataba de una universidad en estado permanente de movilización. Crispada al 100%. Uno de los pocos puntos de encuentro era la micro del recorrido Siete y Medio, un desvencijado autobús que pasaba tarde, mal y nunca por República y subía por la Alameda hasta Vicuña Mackenna. Allí, las divisiones se postergaban y varios recuerdan cómo se solidarizaba para que nadie se quedara abajo.
Sin embargo, el ex ministro Carlos Mladinic, quien se quedó en la sede occidente, asegura que hubo mucha más comunicación de la que se cree entre ambas partes. Que jamás se llegó a la estupidez. Lo ejemplifica en que él mismo cruzaba a almorzar a la sede norte porque tenía mejor casino y se encontraba con varios de sus amigos. Todos, del amplio abanico de la izquierda setentera: MAPU, MIR, MR2, socialistas, comunistas, NBI (Núcleos de Base de Izquierda), la Organización Marxista Leninista, entre otros.
Por lo mismo también, varios ex sede norte hablan hoy con mucho cariño del "pingüino" como le decían a Mladinic, debido a su origen puntarenense. Él y varios otros alumnos dieron acogida a quienes venían de la sede clausurada, tras el golpe.
Pero hoy, a 34 años de la división de las dos facultades, varios de sus alumnos dicen que no les gustaría volver a repetirlo. Porque al partirse en dos, se rompió el "alma" de la universidad que es la universalidad. Y por el trágico final que tuvo todo. "Lo miro como una experiencia muy nostálgica en el sentido que fue un período importante, especial, de una experiencia muy fuerte, pero que no me gustaría que se volviera a repetir", dice el actual director de Codelo, Jorge Bande. Era Mapu y junto a Sebastián Edwards, Felipe Montt y Ernesto Edwards intentaron tras el golpe cambiarse a la Universidad Católica. Estuvo de oyente un par de meses y finalmente se fue a vivir a Estados Unidos. Edwards y Montt se titularon en la UC.
Reflexiones como la de Bande cruzan a la mayoría de los ex alumnos de la sede norte y también a los de la occidente. Allí había un fuerte grupo de democratacristianos y de la derecha democrática. Fue la dureza del régimen militar la que terminó por unirlos y por eso hoy en los círculos académicos se dice que, tras su reunificación, la Facultad de Economía de la Universidad de Chile se convirtió en la cuna de los economistas de la Concertación.
"Nos tomábamos muy a pecho este tema de cuál era la manera correcta de estudiar el desarrollo del país. Uno puede mirar para atrás y decir que a lo mejor se nos pasaron las revoluciones, pero era la manera en que se hacían las cosas en esa época: todo muy a concho como si te estuvieras jugando la vida en todo", rememora el actual gerente general de Enami, Oscar Landerretche.
Ese martes
El 11 de septiembre de 1973, mientras los estudiantes de la sede occidente participaban de un retiro en la casa de los jesuitas de Padre Hurtado, los de la norte mantenían cerrada -con un enorme candado- la facultad. Estaban en paro en apoyo a la UP y sólo seguían en sus oficinas los docentes extranjeros del Centro de Estudios Socio-Económicos (CESO), que entraban por una puerta trasera. La misma que les sirvió para salir a buscar refugio ese martes tras el bombardeo de La Moneda.
Unos días después y cuando los decanos de la Universidad de Chile fueron autorizados a volver a sus trabajos, el entonces decano de la sede occidente, José Elías, pidió la reincorporación de los jóvenes de la sede norte, y convenció al rector designado, el general de Aviación César Ruiz Danyau.
Ex alumno de la Chile y reconocido miembro de la Iglesia Ortodoxa local, el académico no tardó mucho en persuadir al aviador, pese a que no contó con el apoyo de tres académicos de entonces. Elías ofreció a Ruiz Danyau hacerse responsable de que los chicos no se metieran de nuevo en política y de que sólo se dedicaran a estudiar. "Cumplieron todos, se portaron muy bien", dice hoy el profesor, quien conocía al general, debido a que habían sido vecinos por muchos años en Las Condes.
Después del golpe los ex alumnos de la sede norte que pudieron hacerlo volvieron a la universidad para saber qué sería de ellos. Ya estaba cerrada para siempre y casi ninguno se reconoció. Según recuerda uno de ellos, el temor llevó a que los hombres se cortaran el pelo y la barba. Las mujeres dejaron de usar pantalones y llevar el pelo suelto.
"Muchos eran chiquillos que poco tenían que ver con la política, que habían entrado a la sede norte porque también les habían ofrecido sacar el título en cuatro años", asegura Elías. Recuerda que junto a los encargados del centro de alumnos, el subgerente general de la Polla, César Gómez; y el ex FMI Guillermo Le Fort, comenzaron a trabajar en la reincorporación.
Claro que no pudieron evitar que un fiscal militar interrogara a algunos alumnos de la sede norte. Rodemil Morales se llamaba el funcionario que, según varios de los jóvenes que participaban activamente en política, definió quiénes podían o no seguir estudiando. A Bande y a Marshall les negó toda posibilidad.
La oferta de reincorporación consideraba sólo el reconocimiento de los ramos matemáticos y estadísticos. La actriz Loreto Valenzuela, que había entrado a la escuela el 71, rechazó la propuesta y prefirió irse a Teatro. Pero los otros casi 1.200 alumnos aceptaron. Comenzaron en marzo del 74, pero perdieron dos semestres en promedio.
El ex supermercadista Enrique Marmentini fue testigo de los reencuentros. Entró el 71, pero se cambió a Educación Física y el 74 volvió a Economía. Vio el retorno muchas veces triste de sus compañeros que vieron en el fin de la UP, su propio fracaso.
Según Pacheco, todos los que volvieron se dedicaron a estudiar, pero también en algunos casos a colaborar contra la dictadura. Famosos eran los partidos de fútbol del club Mezcaleros en la liga Vitacura. En las canchas de la caja bancaria al lado de la casona de Las Condes, varios ex sede norte se reencontraban en el deporte con sus amigos que estaban en la clandestinidad.
Por si fuera poco, la casona de Avenida República 517 terminó convertida en cuartel del DINE y la CNI, los aparatos de inteligencia y represión del régimen militar. A principios de los '90 varios de los ex alumnos se reunieron frente al inmueble. Para recordar y homenajear. Porque lo que vivieron entre octubre de 1972 y el 11 de septiembre de 1973 los marcó para siempre. Hace un par de años la casona fue comprada por la Universidad de Los Lagos.
El día en que Edwards volvió a República 517
En mayo de este año el economista y profesor de la UCLA Sebastián Edwards volvió a República 517. Habían pasado más de 32 años desde la última vez que estuvo allí. "Para mi sorpresa, todo dentro del edificio estaba prácticamente igual al 10 de septiembre de 1973. El viejo patio, la sala de profesores, la escalinata que llevaba a la gran sala donde se llevaban a cabo las asambleas intensísimas; y la crujiente escala que llevaba al segundo piso, el que siempre asociaré con el aburridísimo curso de "Contabilidad Social." Lo más impresionante era que no había nadie en el edificio. Era como estar en un sueño, donde uno regresa a un lugar que fue muy importante", cuenta hoy.
Al igual que varios de sus compañeros de generación, Edwards también es muy crítico de esos años. Dice que en lo personal, "fue traumático, y en muchos sentidos innecesario; más que eso, diría que fue antiuniversitario, ya que la facultad se dividió de acuerdo a posiciones ideológicas. En vez de tener una conversación intelectual, la decisión fue crear dos departamentos estancos. Para mí fue particularmente decepcionante, por dos razones. Primero, muchos de mis amigos se fueron a la sede occcidente. Además, el énfasis en análisis marxista que tenía la sede norte me parecía cada vez más limitado y trasnochado. Por eso me fui refugiando en las matemáticas y las estadísticas".
Pese a ello, Edwards mantuvo amistades con gente de ambas sedes. En su grupo de la norte estaban Pacheco, Bande y Montt, y en la otra escuela, Guillermo Le fort, Álvaro Vial, Sergio Álvarez y otros.
¿Qué profesores y ramos recuerda y por qué? Por ejemplo, las clases con Marta Harnecker.
Inicialmente a mí me atrajeron mucho las clases con contenido marxista. Pero poco a poco me fui decepcionando. Las discusiones eran eternas e inefectivas. Los textos originales eran impenetrables o poco relevantes, y los manuales eran de una vulgaridad asombrosa. El de Marta Harnecker era muy popular, pero verdaderamente era un librito muy básico y repleto de errores y simplificaciones. La verdad es que, con contadas excepciones, el nivel intelectual era malito. Un profesor muy querido era Teothonio Dos Santos. También recuerdo a Marco Aurelio García, hoy asesor principal del presidente Lula, y a André Gunder Frank, un pensador muy influyente en los círculos marxistas, que acuñó los términos "lumpen burguesía" y "lumpen proletariado".
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